Palabra de McNulty
The Wire (2002-2008)
Creador: David Simon
Intérpretes: Dominic West (McNulty), Clarke Peters (Freamos), Sonja Sohn (Kima), Wendell Pierce (Bunk), Seth Guilliam (Carver), Andre Royo (Bubbles), Michael K. Williams (Omar), Lance Reddick (Daniel).
Es en la segunda temporada. No recuerdo el capítulo. McNulty, retirado del departamento de Homicidios, consciente de que nunca conseguirá volver con su mujer, conduce completamente borracho. Sí, la vida le va mal, pero eso no justifica su estado. Aunque todo estuviese en orden, el estaría conduciendo ese coche con la misma cantidad de alcochol en el cuerpo. Al tomar una curva pierde un poco el control del vehículo y se estampa contra una columna. Baja del vehículo y comprueba los daños. Se acerca a la curva. Rasca incrédulo su coronilla. Calcula la trayectoria que debería haber seguido para no estrellarse, la dibuja con el brazo. Vuelve al coche. Da marcha atrás. Deshace la curva. Mete primera. Arranca. Toma la curva. Segundo ostiazo contra la misma columna. Minutos después está en un bar, pidiendo unos huevos revueltos con mucha carne. La camarera, sensualmente rolliza y real, le sonríe. Únicamente el lance sexual con el que termina la escena le aleja de la sucia e irónica realidad que presenta cada uno de los capítulos de The Wire.
Las series de televisión deberían concebirse siempre como una película, tener un principio y un final preestablecido. Las buenas series son conscientes de su propia mortalidad. Las malas se alargan y alargan, realizando un completísimo juego de personajes que aparecen y desaparecen, de camas que terminan desconociendo la personalidad de sus ocupantes y de conflictos sin sentido. The Wire tiene cinco temporadas. Sin seguir un camino fijo y estable hasta su propia muerte, sí es consciente de cuidar su propia lógica, su argumento y sus personajes. La idea es mostrar un mundo de policías, ladrones, narcotraficantes y camellos sucio, injusto, asquerosamente real.
La mente de un veterano periodista de sucesos se esconde detrás de The Wire. David Simona ya se había acercado al mundo que quería retratar con Homicide: Life on the street, otra desmitificadora serie sobre detectives de homicidios. Sin embargo, las hazañas del visceral McNulty y el metódico Lester Freamon, los dos auténticos héroes de la serie, son todo un recital del sarcasmo en el que vivimos. The Wire habla de una sociedad, la estadounidense, que puede llegar a parecernos lejana, pero el grado de hijoputez que alcanzan sus personajes es perfectamente extrapolable a cualquier parte del mundo. Sobre todo, porque se guían por un cinismo del que todas las sociedades y sus dirigentes van sobrados.
Los protagonistas de The Wire crecen a partir de su propia simplicidad. Son un cliché enfrentado a diferentes situaciones, lo que termina por aportarles volumen, por darles un carácter, por hacerles humanos, incluso a los más crueles de ellos. Cada una de las cinco temporadas de la serie se centra en un aspecto de la vida social, el sistema educativo, la vida política, la vida en las calles… Dimensiones de un mismo mundo que durante los diez capítulos de su última temporada terminan conformando una completa visión de una ciudad y sus habitantes. No de los que tienen una vida cotidiana, si no de los que hacen frente a un día a día en el que a la moralidad le llega la mierda hasta el cuello.
Y al final del trayecto, McNulty, borracho, mujeriego, egoísta, tocapelotas, renegado, perro de presa sin correa, víctima de su propia ira en perpetuo proceso de autodestrucción, toma una decisión. Es su gran acto de rebeldía, su órdago al cinismo, su redención. Lester, la parte más imprescindible de la ecuación, se rebela porque considera que el sistema ha dejado de tener cualquier legitimidad moral para decirle qué debe hacer. McNulty lo hace por sus cojones, porque le dijeron que esta vez lo harían bien y ya no van a tomarle más el pelo.
Cinco temporadas, 60 episodios. Una película muy larga, pero bien aprovechada. Realización alejada de los grandes espectáculos, clásica, con cierta preferencia por los silencios y respeto por los actores. Un grupo de luchadores, algunos, condenados a la derrota. Un bandolero de leyenda, Omar. Un político atrapado por la política. Policías demasiados ambiciosos. Profesores frustrados. Trabajadores sin trabajo. Niños sin infancia. Malos policías que son malas personas, pero buenos amigos. Malos policías que son buenas personas. Buenos policías demasiado preocupados por las reglas como para ver a las personas. Y McNulty, sentado delante de un ordenador, haciendo un informe oficial, tratando de explicar cómo una redada en un burdel terminó con él y un par de putas, mamada mediante, metidos en la misma cama. “No pude resistirme. Me doblaban en número”.
¿Está mal que de mayor quiera ser como él?
febrero 25, 2010 a 16:35
Quería tener el primer comentario en este post porque para mí es especial, ya que The Wire es sin duda una de las mejores series que he visto y ya soy un McNultizado más. En algún lugar leí que, aunque te la puedan vender como una serie más de policías, es todo lo contrario ya que como se ha comentado rompe con todos los estereotipos, tópicos y es cruda y realista como la vida misma y eso es para mí lo que la hace grande, que te crees a los personajes. Personajes que, aunque sólo se disfrutan durante 60 capítulos, al final de la serie son como de tu familia, empatizas con ellos, incluso con los más secundarios y alguno, como Omar, han servido de inspiración a personajes como Barack Obama.
Otro punto importante es la banda sonora, muy cuidada y elegante, es sólo oir el silbido del primer video de youtube que has colgado y ya se vienen recuerdos a la cabeza jejeje.
¡¡Larga vida a McNulty y su “al dedillo”!!
febrero 25, 2010 a 16:40
Seamos sinceros George, este post va por tí, porque lo prometido es deuda y porque McNulty se lo merecía, joder. Dudo que ha nadie más le importe una mierda, pero el domingo, a eso de las once y veinticinco de la mañana, cuando entremos en el polideportivo de Villanueva, ya sabes que canción tenemos que ir silbando. La única diferencia será que en vez de chalecos antibalas, llevaremos camisetas del club baloncesto amigos, que son mejores.