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	<title>Mientras el viento sople</title>
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		<title>Mientras el viento sople</title>
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		<title>Eres genial (Amor a quemarropa)</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Nov 2009 14:15:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>silvio11</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuando el séptimo arte sólo es cine]]></category>
		<category><![CDATA[cine de allí]]></category>

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		<description><![CDATA[True Romance (1993).
Director: Tony Scott.
Guión: Quentin Tarantino y Roger Avary (no acreditado).
Intérpretes: Christian Slater; Patricia Arquette, Dennis Hopper, Val Kilmer, Christopher Walken, Gary Oldman, Samuel L. Jackson, Michael Rappaport, Brad Pitt, Bronson Pinchot, James Gandolfini, Chris Penn  y Tom Sizemore.
Clarence empieza su vida en un bar de mala muerte, intentando ligar gracias a Elvis. Pero [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=elvientosopla.wordpress.com&blog=8361003&post=265&subd=elvientosopla&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>True Romance (1993).</p>
<p>Director: Tony Scott.</p>
<p>Guión: Quentin Tarantino y Roger Avary (no acreditado).</p>
<p>Intérpretes: Christian Slater; Patricia Arquette, Dennis Hopper, Val Kilmer, Christopher Walken, Gary Oldman, Samuel L. Jackson, Michael Rappaport, Brad Pitt, Bronson Pinchot, James Gandolfini, Chris Penn  y Tom Sizemore.</p>
<p>Clarence empieza su vida en un bar de mala muerte, intentando ligar gracias a Elvis. Pero que friki eres Clarence. Ella, una veterana de los tugurios, es incapaz de captar su pasión por El Rey. ¿Cuánto años tendrá Clarecence? Demasiados para ser dependiente de una tienda de cómics. Demasiados para seguir viendo un ciclo de películas de Kung-Fu el día de su cumpleaños. Solos él y Sonny Chiba. Al margen del mundo… Pero que friki eres Clarence.</p>
<p>Alabama se cruza en su vida como por accidente. Le tira encima un paquete de palomitas. Le da conversación. Ve con él sus películas. Es guapa. Hablan de las estupideces de las que es divertido hablar. Comen pastel en una cafetería de madrugada. Le acompaña a ver la tienda de tebeos en la que trabaja. Escucha fascinada las historias que le cuenta. Hacen el amor y ella se escapa de la cama. Sentada en el quicio de la ventana le confiesa que es puta, un regalo de cumpleaños de su jefe. Resulta que se ha enamorado de él en sólo una noche y le jura que en una relación siempre es “cien por cien monógama”. Él sonríe. Es el mejor regalo de cumpleaños que le han hecho en su vida. Todavía se me pone la carne de gallina cuando pienso en esos 10 minutos.</p>
<p>Que me perdonen sus fieles. Tarantino jamás ha vuelto a escribir nada con tanta magia como ese comienzo. Y dudo que él mismo hubiese sido capaz de rodarlo mejor. Un bar fluorescente. Un cine oscuro, con humo de tabaco, de barrio. Una cafetería tirando a azul, como toda la noche, azul ciudad. Una tienda de cómic de neón. Una ventana, un gigantesco cartel de tabaco. Dos mantas y un vestido rojo. El hermano pobre de los Scott, Tony, sabe crear el clima. Christian Slater jamás encontró un papel que se ajustase tan suavemente a su eterno despiste vital, a su chulería pasada de moda. Patricia Arquette representa a la perfección el mito de la prostituta de buen corazón. Estaba  destinada a que el mundo le diese de ostias, pero ahora le ha salido un protector. Ella le da el amor que él nunca debería haber encontrado. Él será el escudo que la defienda de toda la mierda del mundo. No es un pacto. Es mucho más natural. Es una simbiosis.</p>
<p>Clarence y Alabama sólo pueden vivir de una forma: con los ojos cerrados, sin pararse a pensar. Todo es demasiado raro como para que pueda salir bien. Pisan el acelerador a fondo y Clarence, héroe de cómic trasplantado a la vida real, decide recuperar las pertenencias de su amada, retenidas en la casa de su antiguo chulo. Drexl, menudo cabrón. Las cosas se complican. “Es mejor tener una pistola y no necesitarla que necesitarla y no tenerla”. Hay muertos y un error con la maleta. No está la ropa de ella, pero sí un montón de droga. De esa que se puede vender de una sola tacada para comprar la paz, que no la felicidad. Pisan más a fondo el acelerador, cierran aun más fuerte los ojos. Hacen el amor en una cabina de teléfonos y Scott sigue grabando todo su romance con frenesí, con música rock, con la alargada sombra de Elvis guiando al friki de Clarence.</p>
<p>A Tarantino le cuesta escribir guiones en los que las partes no se acaben imponiendo al conjunto. Le pasó en Pulp Fiction; volvió a pecar en Kill Bill y Death Prof; y la costumbre es mucho más evidente en Malditos Bastardos. Aquí, esas estrellas fugaces tienen nombres propios. Dennis Hopper, Christopher Walken y James Galdonfini. Tres secundarios que podrían justificar por sí mismos la existencia de una película. Dos momentos únicos que convierten en una obligación el visionado de Amor a quemarropa. Frente a la desesperación de la maltratada Alabama, frente a justa ira de su venganza, visceral y cruel, una imagen, la del bueno de Dennis limpiándose la sangre del labio; dejando de sonreír sólo un segundo, cuando sabe que ya ha ganado, que tiene su pasaporte a la muerte.</p>
<p>No le gustó nada a Tarantino que le cambiasen el final de la historia. Clarence es un friki y los frikis no ganan ni son los más listos de la función. Sin embargo, quizás el productor o el mismo director decidieron hacer que le sonriera la suerte al bueno de Clarence. Le sacaron vivo del Apocalipsis desatado en una lujosa habitación de hotel. La sangría le gustó tanto a Tony que decidió recuperar la idea años después en Enemigo Público, pero no fue igual, le faltaba la visceralidad de esta propuesta, la sangre, las ganas de vivir de estos personajes y su miedo a la muerte. El nervio en el montaje y la agilidad de la cámara son lo único que emparenta ambos desenlaces.</p>
<p>Y Clarence. Y Alabama. En la playa. Si él llega a morir, ella habría querido irse detrás, pero el niño se lo habría impedido. Porque no hay historia de amor si no hay un niño. Y la playas siempre son más bonitas al atardecer. Y por cierto, &#8220;eres genial&#8221;.</p>
<p><span style="text-align:center; display: block;"><a href="http://elvientosopla.wordpress.com/2009/11/25/eres-genial-amor-a-quemarropa/"><img src="http://img.youtube.com/vi/6ab1l2TwFp8/2.jpg" alt="" /></a></span></p>
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		<title>Sin pecado concebido</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Nov 2009 11:00:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>silvio11</dc:creator>
				<category><![CDATA[extensos microrrelatos]]></category>
		<category><![CDATA[Otras formas de rebelarse]]></category>

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		<description><![CDATA[Los feligreses del padre Damián apenas podían creerlo cuando le vieron salir del confesionario hecho una mala bestia. Un hombre tan reflexivo como él… Se salía de toda lógica.
- Don José, salga ahora mismo de ahí.- Gritó completamente rojo por la ira.- Que salga le he dicho.
A don José le costaba un poco arrancarse y [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=elvientosopla.wordpress.com&blog=8361003&post=259&subd=elvientosopla&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Los feligreses del padre Damián apenas podían creerlo cuando le vieron salir del confesionario hecho una mala bestia. Un hombre tan reflexivo como él… Se salía de toda lógica.</p>
<p>- Don José, salga ahora mismo de ahí.- Gritó completamente rojo por la ira.- Que salga le he dicho.</p>
<p>A don José le costaba un poco arrancarse y seguía encerrado en el pequeño confesionario, mudo.</p>
<p>- No me haga entrar a buscarle don José.- Amenazó el padre Damián entre dientes.- Mire que no se lo repito más.</p>
<p>Del cubículo brotó una tímida voz: Noooo.</p>
<p>- Como no salga de inmediato le excomulgo, le juro que le excomulgo.</p>
<p>Los feligreses no estaban muy seguros de cómo debían reaccionar ante todo aquello. La mayor parte de ellos esperaba para confesarse, pero claro, con aquel panorama&#8230; Los menos habituales comenzaron a retirarse sigilosamente. Los de toda la vida, por curiosidad más que por cualquier otra cosa, se resistían a abandonar el lugar.</p>
<p>- Pero padre, no se ponga así.- Pidió don José desde el interior del confesionario.</p>
<p>Los ojos del padre Damián se abrieron como plato.</p>
<p>- ¿Que no me ponga así? –Preguntó apunto de comenzar a gritar- ¿Que no me ponga así? Pero si será&#8230; – Realizó una profunda inspiración de aire que le infló el pecho hasta límites insospechados. – Vamos a ver, cuántas veces le he perdonado por llamar gorda a su mujer. ¿Cuántas?</p>
<p>Silencio.</p>
<p>- ¿Cuántas?</p>
<p>Más silencio.</p>
<p>- Muchas, han sido muchas. Y usted sigue erre que erre&#8230; Es que no se me arrepiente de corazón don José, no se me arrepiente de corazón. –Le regañaba el padre Damián indignado.</p>
<p>Alguien no lo pudo evitar y, ante el ridículo de la situación, soltó una pequeña risita. Fue en uno de esos momentos en los que, por algún extraño motivo, el habitual ruido de fondo que acompaña al mundo decide guardar unos segundos de silencio. La ‘risita’ resonó por todo la iglesia. El labio superior del padre Damián, su lado izquierdo concretamente, empezó a temblar visiblemente. Era como si estuviese a punto de darle un ataque. Se giró lentamente hasta encarar a todos los fieles que se mantenían firmes al pie del cañón&#8230; Bueno, quien dice fieles dice feligresas. Casi todas eran mujeres de uno 50 años y tres cuartas partes llevaban el rosario preparado para empezar a deshojar cuentas.</p>
<p>- ¿Nos hace gracia? – Preguntó con voz hueca, grave, a punto de estallar. &#8211; ¿Es que pensáis que sois mejores..? – Nadie se atrevió a contestar. – Claaaaro&#8230; – Más silencio culpable. <em>Como pille a la humorista lo desmigajo</em>, pensó doña Rosita, una beata de 100 kilos, 55 años, buen corazón y propensa a dar pescozones a su hijo de 30.- Porque no lo sois. Resulta que todos somos igual de cínicos señoras mías.- Tuvo que aflojarse el alzacuellos porque sentía que se le estaba hinchando demasiado el gaznate y le faltaba el aire.- Estamos tan acostumbrados a que nos perdonen&#8230;- Intentaba decir mientras seguía dándole tirones a la dichosa cinta blanca-&#8230; que ha dejado de preocuparnos ser unos pecadores. –Por fin consiguió soltárselo.- La madre que les parió.- Explotó en un auténtico grito de liberación.- Estoy cansado de oír siempre las mismas disculpas por los mismo errores.- Volvió a inspirar aire con todas sus fuerzas, como si quisiese robarles el aire a todas las personas que le rodeaban. Por fin pareció calmarse un poco y les miró a todos a los ojos, uno a uno.- Díganme la verdad, ¿alguna vez hacen propósito de enmienda?</p>
<p>Seguían allí callados, mirándole fijamente. Los segundos pasaban tranquilamente, echándose un pitillo algunos de ellos y balanceando ligeramente los pies al andar otros.</p>
<p>- Yo sí que me arrepiento e intento hacer propósito de mejora y enmienda padre.- Aventuró doña Encarnación. <em>Si es que estamos abocados al cinismo desde que nos bautizan</em>, se lamentó el padre Damián en un fugaz momento de iluminación nominal&#8230; Y no le faltaba razón, su mismo progenitor pensó en lo bien que sonaba “padre Damián” en el mismo momento de poner nombre a su vástago. Claro, que entonces no se dio cuenta de dónde la venía la inspiración: El Exorcista, la película. Menudas risas se habían corrido en el Seminario a la salud del pobre Damián.</p>
<p>- Sí, doña Encarnación, sí, me consta que usted hace propósito de enmienda.</p>
<p>El padre miró hacia la puerta de la iglesia y su mirada se atrevió a escapar del recinto, a recorrer las calles de la ciudad, a mezclarse con otros seres humanos. Se preguntó dónde estaban las buenas personas ¿En la maldad calculada de quienes dirigen el mundo? ¿En la inocente y peligrosa devoción de sus parroquianos? Dispuestos a seguirle siempre y cuando les pidiera una compasión fácil de demostrar, de tres monedas en el cestillo de la colecta. ¿O en las buenas intenciones de una legión de hippies egoístas que lavan sus conciencias luchando por conceptos etéreos e ideales inalcanzables mientras temen dar un cambio radical y real a sus vidas? Una pandilla de hedonistas con mil argumentos válidos para justificar su propio libertinaje, para vaciarse de valores complejos y apostar por la simplicidad de la belleza. <em>Soy yo, o la espiritualidad del ser humano se va por el retrete</em>. Bajó la mirada de la calle al suelo, de donde nunca debió levantarla.<em> ¿Y qué hay de las personas?</em></p>
<p>- Si en el fondo la culpa es mía, que no sé quién carajo me creo que soy&#8230; – Su boca, la misma que antes temblaba de ira, ahora hizo una mueca de fastidio.- Doña Encarnación, la absuelvo de todos sus pecados por ayudarme a ver la luz, pero hágame un favor querida -le pidió mientras volvía al interior del confesionario-. ¿Le importa ir a la sacristía y traerme el vino de consagrar? </p>
<p>Como doña Encarnación se quedase francamente asombrada ante la petición del pater, fue doña Rosita la que finalmente se arrancó a cumplir con su encargo, quizás porque era la única realmente consciente de lo mucho que necesitaba aquel buen hombre el trago que le iba a pegar a la botella en cuanto la tuviese en sus manos. <em>Hay que tener coraje para soportar día tras día a un puñado de personas empeñadas en ganarse la salvación eterna con palabras en vez de actos… y encima con mentiras.</em></p>
<p>El padre Damián se acomodó en el interior del confesionario. Apenas veía la cara de don José, que no se había movido del interior durante toda la pataleta. Mientras volvía a ponerse el alzacuellos, empezó a hablarle de tú a tú.</p>
<p>- ¿Sabes José? Este sitio, todo este ceremonial, debería ayudarnos a ser mejores personas, no hacernos perder el tiempo. – Dos golpecitos en la puerta llamaron la atención del sacerdote, que la abrió levemente y cogió la botella que se le ofrecía sin apenas darle importancia al hecho en sí mismo.- Gracias Rosita, eres una santa. – Quitó el tapón y le pegó una trago de unos siete segundos, de esos en los que uno tiene que tragar mientras bebe para poder ir haciendo sitio al líquido.- Y tu mujer está como una puta vaca, pero claro, eso tú ya lo sabes ¿no?- Le comentó sonriendo.</p>
<p><span style="text-align:center; display: block;"><a href="http://elvientosopla.wordpress.com/2009/11/24/sin-pecado-concebido/"><img src="http://img.youtube.com/vi/T0kTiKCC3UI/2.jpg" alt="" /></a></span></p>
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	</item>
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		<title>Sin rumbo</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Nov 2009 13:33:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>silvio11</dc:creator>
				<category><![CDATA[cosas que podrían haber rimado]]></category>
		<category><![CDATA[ideales]]></category>

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		<description><![CDATA[Existe algo peor que no tener voz cuando se desea gritar,
poder hacerlo y no saber qué decir.
Sentir que las palabras vienen, van
y confunden su propia identidad
incapaces de saber si están furiosas,
tristes, nostálgicas o enamoradas.
-
No ser capaz de distinguir la dirección
que necesitan seguir los propios pasos,
aunque las piernas estén deseando echar a andar.
-
Tener las fuerzas necesarias [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=elvientosopla.wordpress.com&blog=8361003&post=252&subd=elvientosopla&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Existe algo peor que no tener voz cuando se desea gritar,</p>
<p>poder hacerlo y no saber qué decir.</p>
<p>Sentir que las palabras vienen, van</p>
<p>y confunden su propia identidad</p>
<p>incapaces de saber si están furiosas,</p>
<p>tristes, nostálgicas o enamoradas.</p>
<p>-</p>
<p>No ser capaz de distinguir la dirección</p>
<p>que necesitan seguir los propios pasos,</p>
<p>aunque las piernas estén deseando echar a andar.</p>
<p>-</p>
<p>Tener las fuerzas necesarias para derribar todas las barreras</p>
<p>y no saber diferenciar las paredes de las barricadas…</p>
<p>quizás porque no existe diferencia alguna entre ellas.</p>
<p>-</p>
<p>Querer mirar más allá de las nubes,</p>
<p>del bosque, de la niebla</p>
<p>y no saber por dónde sale el sol.</p>
<p>-</p>
<p>Desear escuchar la voz de quien está a tu lado</p>
<p>y oír únicamente la confusión heredada</p>
<p>de un millar de voces que luchan por imponerse al resto del mundo.</p>
<p>-</p>
<p>Existe algo peor que saberse derrotado,</p>
<p>notar la violenta calma que te inunda</p>
<p>cuando aceptas la incetidumbre como única certeza.</p>
<p><span style="text-align:center; display: block;"><a href="http://elvientosopla.wordpress.com/2009/11/23/sin-rumbo/"><img src="http://img.youtube.com/vi/Ep5Ly6nfl9c/2.jpg" alt="" /></a></span></p>
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	</item>
		<item>
		<title>Canciones (Siete días: viernes)</title>
		<link>http://elvientosopla.wordpress.com/2009/11/17/canciones-siete-dias-viernes/</link>
		<comments>http://elvientosopla.wordpress.com/2009/11/17/canciones-siete-dias-viernes/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 17 Nov 2009 13:29:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>silvio11</dc:creator>
				<category><![CDATA[cosas que podrían haber rimado]]></category>
		<category><![CDATA[siete días]]></category>

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		<description><![CDATA[
Canciones que me recuerdan a ti, que me calientan el alma con una alegre tristeza, como los besos que te endulzan el amanecer mientras te amargan el corazón.
Canciones que te dejan clavado en una silla, mirando hacia la nada, mientras llevas el ritmo con un leve movimiento de la pierna derecha, tan leve como el [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=elvientosopla.wordpress.com&blog=8361003&post=249&subd=elvientosopla&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p><span style="text-align:center; display: block;"><a href="http://elvientosopla.wordpress.com/2009/11/17/canciones-siete-dias-viernes/"><img src="http://img.youtube.com/vi/odgRz6mvTCs/2.jpg" alt="" /></a></span></p>
<p>Canciones que me recuerdan a ti, que me calientan el alma con una alegre tristeza, como los besos que te endulzan el amanecer mientras te amargan el corazón.</p>
<p>Canciones que te dejan clavado en una silla, mirando hacia la nada, mientras llevas el ritmo con un leve movimiento de la pierna derecha, tan leve como el dulce sonido que produce cada una de las exhalaciones nasales que acompañan a tu sonrisa, la misma que me deja clavado a la silla, mientras estudio cómo se curva la comisura de tus labios.</p>
<p>Canciones que empiezan, que acaban, que mezclan, que enredan y desenredan, como nuestros brazos y abrazos, que siempre mueren maldiciendo el mismo instante de su nacimiento y soñando con renacer convertidos en un beso.</p>
<p>Canciones de las que nunca consigo aprenderme la letra porque prefiero sentirlas antes que memorizarlas, como cada uno de los rincones de tu cuerpo.</p>
<p>Canciones que despiertan la melancolía y dan ganas de vivir, como las noches de luna llena que vigilo solo desde mi tejado mientras imagino que nos cruzamos un día cualquiera por la calle… y me sonríes.</p>
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		<title>Ada y Miguel contra la ardiente oscuridad (parte II de II)</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Nov 2009 14:03:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>silvio11</dc:creator>
				<category><![CDATA[extensos microrrelatos]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel y Ada]]></category>

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		<description><![CDATA[Mientras avanzaba, Miguel no sabía dónde mirar. Allí donde se le ocurría plantar los ojos había alguna sombra esperándole, sonriendo amenazante con sus largos dientes negros. El oso verde se acercó un poco más a ellos y  rezó porque ese ruido que escuchaba no fuera el castañeo de sus dientes. Buen socio se había buscado, pero claro, [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=elvientosopla.wordpress.com&blog=8361003&post=247&subd=elvientosopla&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Mientras avanzaba, Miguel no sabía dónde mirar. Allí donde se le ocurría plantar los ojos había alguna sombra esperándole, sonriendo amenazante con sus largos dientes negros. El oso verde se acercó un poco más a ellos y  rezó porque ese ruido que escuchaba no fuera el castañeo de sus dientes. Buen socio se había buscado, pero claro, qué otra cosa se podía esperar de un oso verde que se pasaba la mayor parte del tiempo dando vueltas sobre sí mismo. Ada seguía callada. Para ella todo era mucho más fácil porque sólo tenía dos opciones. O abría los ojos y miraba hacia el techo o los cerraba. Hiciese lo que hiciese, todo estaba negro. Decidió seguir mirando con cara de sorpresa las sombras que desfilaban sobre ella. Como el oso era un amigo imaginario de Miguel, no podía escuchar sus dientes. Únicamente oía el ruido que producía la manta sobre la que viajaba al arrastrarse por el suelo… Salía perdiendo con el cambio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Miguel esperaba que el pomo de la puerta situada al final del pasillo fuese los largos y estrechos, no de los redondos, que eran mucho más difíciles de abrir. Además, estaba seguro de que no hacían falta muchos obstáculos más para hacerle desistir de la operación… claro, que eso también implicaría una segunda derrota, algo totalmente inaceptable para un niño que todavía no tenía dos años y contaba con una imaginación con la fuerza necesaria para plegar la realidad a su gusto. Estiró la mano despacito, aliviado al ver que el pomo era de los fáciles, con miedo de despertar a alguien si hacía mucho ruido, y abrió la puerta. Casi no tuvo que empujar para que se deslizara suavemente. Era como sí la misma oscuridad les estuviese franqueando el paso. Si antes aún podían distinguirse formas, aquí se acababa la tregua. Miguel se giró sólo para comprobar lo lejos que quedaba la escasa luz que todavía iluminaba el mundo al final del pasillo. Después miro a Ada y ella le señaló el bolsillo del pantalón. Había llegado el momento de recurrir a su socio el motorista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mientras Miguel le arrastraba por el suelo para que pudiese coger carrerilla, el motorista le fue regalando palabras de aliento. “No te preocupes”, le comentaba, “será algo rápido. Entrar y salir. Antes de que te des cuenta ya estaré de vuelta”. A Miguel le costaba creerle. Sabía por experiencia que el motorista, en eso, se parecía a muchos de los adultos que conocía. Después de coger carrerilla para intentar llegar lejos, le costaba muchísimo dar la vuelta y regresar al punto de partido. Cuando el motorista ya hubo cogido toda la fuerza posible, Miguel dudó un instante antes de abrir la mano y dejarle marchar… ¿Y si no volvía? “Venga Miguelón, dame vía libre, tengo una misión que cumplir”. Miguel abrió los dedos y le dejo marchar. “Ta huego”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La moto salió disparada hacia la oscuridad de la habitación. Todavía no había recorrido un metro cuando su figura se perdió entre las sombras. Tres segundos más tardes ni siquiera se escuchaba el sonido de los engranajes de su moto. Ada y Miguel permanecieron en silencio, mirando al quicio de la puerta que, ahora sí, ninguno de los dos se atrevía a cruzar. “¿Torista?” Preguntó Miguel asustado a la nada… No hubo respuesta. “¿Torista?”, volvió a inquirir con un hilillo de voz… Nada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Algo le había pasado al motorista. Miguel notó la presión del miedo en su pecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La oscuridad permanecía erguida ante él.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Algo había atrapado al motorista. Miguel se giró para mirar a Ada, para saber si ella también sentía algo más fuerte que el miedo en su interior.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ada devolvió la mirada a Miguel y estuvo seguro de que los dos estaban en la misma onda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="text-align:center; display: block;"><a href="http://elvientosopla.wordpress.com/2009/11/16/ada-y-miguel-contra-la-ardiente-oscuridad-parte-ii-de-ii/"><img src="http://img.youtube.com/vi/JjoeLpVCNr0/2.jpg" alt="" /></a></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Algo tenía al motorista… y eso era completamente inaceptable. Hasta el oso verde puso cara de poco amigos. Aquello había dejado de ser un juego.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Miguel agarró los extremos de la manta de Ada. El oso verde dio un paso adelante mientras se multiplicaba el número de mariposas que surgía de sus orejas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al entrar en la habitación, la oscuridad se abalanzó sobre Miguel. Sin embargo, pudo esquivarla con una finta de cabeza. Las sombras saltaban de la pared. Tenían la forma de manos con largos dedos y afiladas uñas. Ada era incapaz de ver un palmo más allá de su propia nariz. Miguel seguía avanzando, como iluminado por una extraña luz. El oso verde aguantó la respiración y mandó todo el aire de su cuerpo hacia la orejas. Las mariposas salían cada vez más rápido y se lanzaban contra las garras de la oscuridad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Torista? –Preguntó Miguel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una de las garras le cogió del tobillo, haciéndole perder el equilibrio. Al caer no pudo evitar soltar los extremos de la manta. Cuando consiguió recuperar el equilibrio y girar la cabeza descubrió que un muro de color negro se interponía entre él y Ada. Era incapaz de verla. Decenas de manos oscuras empezaron a rodearle. Ya no podía ver sus propias rodillas y la oscuridad iba subiéndolo por los muslos. Si no podía ver sus piernas, tampoco podía moverlas. Las garras afiladas también se hicieron con sus brazos. Y con el pecho. La tristeza comenzó a invadirle. Todo estaba perdido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>O no.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Lalalarííííííííííííííííííííí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un ejército de mariposas azules, rojas y amarillas comenzó a revolotear alrededor de Miguel combatiendo la oscuridad con sus propias alas de colores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Lalalarííííííííííííííííííííí</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El oso verde no sabía rugir. Por eso empleaba sonidos ridículos como gritos de guerra. Y cuanto más los pronunciaba, más fosforescente se volvía su color verde. Miguel consiguió ponerse en pie. Tenían que encontrar a Ada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al quedarse sola en la en medio de la oscuridad Ada supo que estaba en franca inferioridad. Maldición, pensó, un par de meses más y sabría gatear con soltura, pero ahora… la huida física estaba muy complicada. Vista la situación decidió apostar por el recogimiento interior. Ada cerró fuerte los ojos e interpuso su tranquila oscuridad personal entre ella y la violenta oscuridad exterior que la rodeaba. Sentía como las garras la aferraban, como se colaban por debajo de su ropa, pero no podían pasar de ahí. Ada apretó más fuerte los ojos. Pensó en cosas luminosas, en cosas coloridas, hasta que consiguió que del negro oscuro de su propia mente brotasen todo tipo de seres imaginarios y divertidos. Antes de darse cuenta, dos pequeñas manitas volvían a aferrar los extremos de su manta. Al abrir los ojos incluso ella era capaz de ver el verde fosforescente del oso de Miguel. Entonces fue cuando encontró el arma secreta que les iba a permitir ganar aquella batalla: un interruptor de la luz. Un grito sirvió para llamar la atención de Miguel y un simple gesto fue suficiente para que supiese lo que debía hacer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Click.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando luz inundó la habitación escucharon una especie de rugido cavernario, un grito lastimoso y lastimero. Era el tío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Miguel frunció el ceño un poco enfadado. Debía haberlo imaginado antes. Otra vez los malos pensamientos de su tío habían vuelto a hacer de las suyas. No era la primera vez que ocurría, pero ahora casi les había costado un disgusto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Miguelón, Ada, ¿qué hacéis aquí?- Les preguntó con la voz rota, ronca, como si se hubiese pasado toda la noche gritando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Miguel negó reprobadoramente con la cabeza. También Ada parecía molesta ahora que habían desvelado el misterio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- ¿Qué hora es?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No hubo tiempo para mucho más. Localizaron al motorista bajo la cama de su tío y se marcharon convencidos de que los únicos demonios que existen son los que habitan dentro de los seres humanos, en esos rincones oscuros en los que no hay nada más que noche. Por fortuna, allí estaban ellos para plantarles cara. “Te juro que no sé lo que me ha pasado Miguelón. Yo quería dar la vuelta, pero es que la moto no giraba”, se iba disculpando el motorista durante el camino de vuelta  al salón.</p>
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		<title>Cuento de la paloma y el anillo</title>
		<link>http://elvientosopla.wordpress.com/2009/11/13/cuento-de-la-paloma-y-el-anillo/</link>
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		<pubDate>Fri, 13 Nov 2009 19:56:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>silvio11</dc:creator>
				<category><![CDATA[fragmentos de historias jamás escritas]]></category>
		<category><![CDATA[Hipocroesía]]></category>

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		<description><![CDATA[
Volaba, porque volar era lo único que sabía hacer. Ella nunca llegó a conocer a Fernando, ni a María. Sólo recogió un pedazo de su amor. Un trocito de amor convertido en oro; en un simple anillo que pocas novias habrían envidiado. Volaba, porque volar era la única forma de sentir que estaba haciendo lo [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=elvientosopla.wordpress.com&blog=8361003&post=242&subd=elvientosopla&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p><span style="text-align:center; display: block;"><a href="http://elvientosopla.wordpress.com/2009/11/13/cuento-de-la-paloma-y-el-anillo/"><img src="http://img.youtube.com/vi/mFYNfgrjUVI/2.jpg" alt="" /></a></span></p>
<p>Volaba, porque volar era lo único que sabía hacer. Ella nunca llegó a conocer a Fernando, ni a María. Sólo recogió un pedazo de su amor. Un trocito de amor convertido en oro; en un simple anillo que pocas novias habrían envidiado. Volaba, porque volar era la única forma de sentir que estaba haciendo lo que debía hacer. Era algo muy parecido a lo que Fernando había sentido el día que le compró aquel anillo a Maria. Se dejó llevar por la imaginación, por los sueños, por la felicidad que inundaba su pecho mientras lo hacía. Porque el también sentía que eran las corrientes de aire las que le arrastraban hacia su destino. Volaba, porque volar era la única forma que tenía de sentirse libre. Igual que María pensó que la única forma de volver a sentirse dueña de su propia vida era abandonar a Fernando. Volaba, porque volar es una buena forma de alejarse de los gritos y silencios que se dedican los amantes que han decidido dejar de amarse.</p>
<p>Una paloma no es una urraca. Son las ratas del aire, pero no les atraen los objetos brillantes. Al menos, no les atraen tanto como a las urracas. El día que un reflejo deslumbró a la paloma fue casi un milagro que se decidiese a bajar para inspeccionar de cerca aquel objeto. Poco tuvo que ver el color dorado con la fascinación que sintió la paloma por aquel pequeño y vulgar anillo. Fernando lo había colocado sobre la palma de su mano. Primero lo miró con tristeza. Después recordó las palabras de María, su dolorosa necesidad de alejarse de él, y fue entonces cuando cerró el puño con fuerza. La paloma sabía que aquel anillo tenía algo extraño. Del ojo izquierdo de Fernando brotó una lágrima. Una única y solitaria lágrima. La lágrima de quienes se juran que ya no volverán a llorar más porque ni siquiera tienen previsto empezar a hacerlo. La sangre que bombeaba su corazón corría veloz hacia los nudillos de la mano que apresaba el anillo, como intentando reducirlo a cenizas. La paloma acercó su pico al dorado metal y se atrevió a tanteralo con él. La sangre llegada desde el corazón de Fernando rodeó el anillo, lo inundó a través de la piel de su propio cuerpo y la magia muda del rencor obró el resto del hechizo. Cuando la paloma aferró el anillo con su tímido pico, descubrió que un corazón latía dentro de él. Cuando la paloma apresó el anillo corazón con su pico, Fernando sintió un pequeño escozor en una parte indeterminada de su pecho. No se preocupó. Llevaba años sin preocuparse por nada. Ni siquiera por María. Y ella vivía relativamente feliz en un mundo que controlaba, que era suyo. Había pasado casi una vida desde que Fernando arrojase el anillo lo más lejos posible de sí mismo.</p>
<p>La paloma seguía volando por el cielo, dejándose arrastrar por las corrientes de aire que la meneaban a un lado y a otro. El corazón latía en su pico y cada latido era un recuerdo, un pedazo de amor perdido que nadie excepto una pequeña paloma, una rata del cielo, podía escuchar. Con cada latido aumentaba la intensidad del recuerdo que sentía, así que mordía con más fuerza el corazón esperando que cada descarga fuera mejor que la anterior, temiendo que le hiciera perder el equilibrio en medio del aire que la transportaba. Con cada latido Fernando sentía menos. Con cada latido María era más dueña de su vida. Con cada latido los dos eran más felices o estaban más en paz, porque habían desterrado de su vida todo aquello que les hacía sentirse mal.</p>
<p>Un día la paloma, guiada por los recuerdos y por el mismo viento, llego al mar, a la playa en la que Fernando sacó aquella foto de María que tanto le gustaba a todo el mundo. Ese primer plano, casi a contraluz, con el pelo de ella tapándole la cara y esa sonrisa tan suya, tan poco preparada. Fernando hacía años que había olvidado la foto. Y a María ya nadie le decía dónde ir de vacaciones, o cómo posar, o qué playas eran bonitas.</p>
<p>Otro día la paloma llegó a la montaña, a la misma montaña en la que los dos pasaron todo un fin de semana encerrados en una pequeña tienda de campaña. Era tan poco el espacio que tenían que el calor de su sudor casi podía darles de beber. Fernando no habría llorado al recordar la pasión de los ojos de María. Ella nunca dejó que nadie se acercase lo suficiente como para volver a sentir con la misma intensidad. La paloma lloró por ambos, porque había terminado perdiendo la cabeza y lo único que tenía sentido para ella eran los latidos. Y Fernando siguió viviendo sin añorar el pasado. Y María siguió viviendo sin más futuro que el que ella misma se imponía. Y la paloma aprendió a vagar perdida por un bosque de latidos y emociones que poco sabían del olvido o la razón, que sólo entendían de bosques y playas.</p>
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		<title>Pequeña reflexión mañanera</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Nov 2009 11:19:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>silvio11</dc:creator>
				<category><![CDATA[fragmentos de historias jamás escritas]]></category>
		<category><![CDATA[Hipocroesía]]></category>

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		<description><![CDATA[ 
El mundo sigue girando, siempre. El viento sigue soplando. La esperanza y el temor que produce el cambio son dos constantes contrapuestas, pero no escluyentes. Es lo único que nos puede animar a seguir cuando todo parece perdido. La esperanza de dar un vuelco a nuestra situación. El miedo a perder aquello que ni siquiera sabíamos que era nuestro
  [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=elvientosopla.wordpress.com&blog=8361003&post=241&subd=elvientosopla&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><div> </div>
<div>El mundo sigue girando, siempre. El viento sigue soplando. La esperanza y el temor que produce el cambio son dos constantes contrapuestas, pero no escluyentes. Es lo único que nos puede animar a seguir cuando todo parece perdido. La esperanza de dar un vuelco a nuestra situación. El miedo a perder aquello que ni siquiera sabíamos que era nuestro</div>
  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/elvientosopla.wordpress.com/241/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/elvientosopla.wordpress.com/241/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/elvientosopla.wordpress.com/241/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/elvientosopla.wordpress.com/241/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/elvientosopla.wordpress.com/241/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/elvientosopla.wordpress.com/241/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/elvientosopla.wordpress.com/241/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/elvientosopla.wordpress.com/241/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/elvientosopla.wordpress.com/241/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/elvientosopla.wordpress.com/241/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=elvientosopla.wordpress.com&blog=8361003&post=241&subd=elvientosopla&ref=&feed=1" /></div>]]></content:encoded>
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		<title>Ada y Miguel contra la ardiente oscuridad (parte I de II)</title>
		<link>http://elvientosopla.wordpress.com/2009/11/07/ada-y-miguel-contra-la-ardiente-oscuridad-parte-i-de-ii/</link>
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		<pubDate>Sat, 07 Nov 2009 21:51:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>silvio11</dc:creator>
				<category><![CDATA[extensos microrrelatos]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel y Ada]]></category>

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Miguel caminaba por los pasillos de su casa con la sensación de que todo le quedaba grande&#8230; y tenía razón. Lo bueno de ser un niño, pensaba a menudo, es que el mundo todavía es demasiado grande. Cada paso le parecía emocionante y el mero hecho de caminar solo por la calle, con papa a [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=elvientosopla.wordpress.com&blog=8361003&post=235&subd=elvientosopla&ref=&feed=1" />]]></description>
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<p class="MsoNormal">Miguel caminaba por los pasillos de su casa con la sensación de que todo le quedaba grande&#8230; y tenía razón. Lo bueno de ser un niño, pensaba a menudo, es que el mundo todavía es demasiado grande. Cada paso le parecía emocionante y el mero hecho de caminar solo por la calle, con papa a un par de metros de él, semiencogido, con los brazos completamente estirados y listo para esprintar en caso de que fuera necesario hacerlo, le hacía sentir como un explorador. Le entristecía pensar que algún día el mundo se le podía quedar pequeño o, peor aún, que el mismo podía llegar a creer que sabía el lugar exacto al que conducían todos los caminos.</p>
<p class="MsoNormal">
<p class="MsoNormal">Aquella tarde había aprovechado un descuido paterno para salir a recorrer los gigantescos pasillos del palacio en el que vivía toda su familia, tíos, abuelos y prima incluida. Durante los últimos días había notado que las sombras se extendían cada vez más por las paredes. Era como si le estuviesen ganando una partida de damas a la luz; y quería saber dónde se estaba jugando esa partida.</p>
<p class="MsoNormal">
<p class="MsoNormal">Era fácil seguir el rastro de la oscuridad. Cuanto más se acercaba a la fuente, más densa se volvía, más pared acaparaba y, seamos sinceros, más miedito daba. Para colmo de males, Miguel notaba como con cada paso que daba se le metía un poco más dentro del cuerpo. Sentía como la tristeza y otras cosas malas se volvían más fuertes. Al final, antes de llegar al punto de no retorno que, imaginó, representaba una puerta cerrada al final de un largo pasillo, justo como en las películas, decidió ir a buscar refuerzos.</p>
<p class="MsoNormal">
<p class="MsoNormal">El regreso al salón estuvo teñido de un poquito de amargura, pero los ronquidos acompasados de mama, papa y los abuelos consiguieron tranquilizarle. Miguel diseñó mentalmente la composición de su fuerza de asalto. En primer lugar necesitaría velocidad, eso estaba claro, así que reclutó al motorista, que era una de esas figuras pequeñas, de apenas 20 centímetros, a las que se les da cuerda arrastrándolas hacia atrás. Era cierto que necesitaría espacio para retroceder antes de avanzar y de que cabía la posibilidad que no pudiese llevarles a todos, porque la moto era pequeña, pero también podía funcionar como explorador. Era un tipo duro y, si caía prisionero, seguro que sería capaz de aguantar hasta que le rescatasen.</p>
<p class="MsoNormal">
<p class="MsoNormal">En cuanto al músculo, lo pondría su amigo imaginario, un oso verde de dos metros al que le salían mariposas de las orejas. No era muy espabilado, todo hay que decirlo, porque lo que más le gustaba era dar vueltas al rededor de la habitación y que le rascasen detrás de las orejas, pero si se enfadaba, si es que existía la posibilidad de que llegase a enfadarse, seguro que podía hacer algo temible, como gruñir&#8230; un poquito y en voz no demasiado alta, que tampoco era cuestión de que el propio Miguel empezara a cogerle miedo.</p>
<p class="MsoNormal">
<p class="MsoNormal">Por último, necesitaría a alguien capaz de ver el problema desde todos los ángulos posibles y encontrar soluciones rápidas y efectivas: la prima Ada. Sin duda, la necesitaba. No sabía hablar y todavía chupaba directamente del pezón de su mama, pero tenía un vivo ingenio militar que expresaba con fluidez a través de pucheros y ruiditos tiernos y muy graciosos. Lo malo era que tampoco sabía andar, así que sería necesario construirle algún tipo de transporte.</p>
<p class="MsoNormal">
<p class="MsoNormal">Cuando fue a buscar a Ada, su prima estaba en la cuna, con la misma cara de sorpresa de siempre, los ojos muy abiertos y la boca en forma de “O”, aunque estaba mirando el gotelé del techo. Aquella era la última prueba que Miguel necesitaba para saber que había acertado al recurrir a ella. Hay que ser muy listo para conseguir que hasta las cosas más insignificantes de este mundo te parezcan sorprendentes. Aprovechando que tampoco estaba cerca ninguno de sus padres, Miguel le explicó detenidamente la situación a su prima y cuáles eran los planes que tenía para solucionarla. Básicamente pasaban por entrar en la habitación de la que salía la no luz y apagar la no lámpara que estaba generando tanta oscuridad. Como su prima no se puso a llorar de inmediato, si no que se quedó mirándole con cara de sorpresa y emitió un pequeño gorjeo, Miguel supuso que se estaba inscribiendo voluntariamente en el equipo antes incluso de que él se lo pidiese.</p>
<p class="MsoNormal">
<p class="MsoNormal">Miguel colocó una manta en el suelo y puso sobre ella a su prima que, al estar siempre tumbada, tenía el centro de gravedad muy bajo, así que era fácilmente arrastrable. Después le pidió a su amigo imaginario que le echase una mano a la hora de tirar de la manta, pero él le recordó que era incorpóreo y, por lo tanto, no podía agarrar cosas reales&#8230; La verdad es que era una excusa bastante buena para no ayudar. Pese a ello, le miró con reprobación y empezó a tirar él mismo de la manta para ir arrastrándola lentamente por el suelo. Con el primer tirón, Ada emitió una risita de placer.</p>
<p class="MsoNormal">
<p class="MsoNormal">Los dos niños comenzaron a avanzar lentamente por los pasillos del gigantesco edificio en dirección a las sombras. Miguel abría la expedición, con el motorista metido en una de los bolsillos de su pantalón. Con sus manos tiraba de la manta en la que llevaba a Ada. En último lugar, un oso verde de dos metros con mariposas en la orejas cerraba la marcha. Conforme iban avanzando, aumentaba la densidad de sombras que se extendían por el suelo y las paredes. Miguel apenas escuchaba ya los ronquidos de sus padres y abuelos. La oscuridad comenzaba a ser demasiado envolvente. Al final, tras girar una esquina, encaró el pasillo de seis metros que conducía directamente a la puerta tras la que se escondía el origen de la tristeza que estaba invadiendo la casa. Miguel tragó saliva antes de que, con un nuevo gorjeo, Ada le ordenase seguir adelante.</p>
<p class="MsoNormal">
<p class="MsoNormal"><em>Continuará.</em></p>
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		<title>Despedida y cierre (Trilogía pirata: III de III)</title>
		<link>http://elvientosopla.wordpress.com/2009/11/04/despedida-y-cierre-trilogia-pirata-iii-de-iii/</link>
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		<pubDate>Wed, 04 Nov 2009 01:25:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>silvio11</dc:creator>
				<category><![CDATA[fragmentos de historias jamás escritas]]></category>
		<category><![CDATA[Piratas]]></category>

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Piensa que algunas cosas son inmejorables. No hay nada más que decir. Algunas canciones representan la perfección en medio de un cúmulo de palabras y oraciones imperfectas. Lo siente dentro de su corazón. Con el dolor, con la desesperación, vuelve a sentirse completo. “Prometo no mandar más cartas y no pasar por aquí”. Con la [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=elvientosopla.wordpress.com&blog=8361003&post=228&subd=elvientosopla&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p class="MsoNormal"><span style="text-align:center; display: block;"><a href="http://elvientosopla.wordpress.com/2009/11/04/despedida-y-cierre-trilogia-pirata-iii-de-iii/"><img src="http://img.youtube.com/vi/8kdJzE-DOyc/2.jpg" alt="" /></a></span></p>
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<p class="MsoNormal">Piensa que algunas cosas son inmejorables. No hay nada más que decir. Algunas canciones representan la perfección en medio de un cúmulo de palabras y oraciones imperfectas. Lo siente dentro de su corazón. Con el dolor, con la desesperación, vuelve a sentirse completo. “Prometo no mandar más cartas y no pasar por aquí”. Con la desaparición de la felicidad el círculo vuelve a cerrarse. “Prometo no llamarte más y no inventar ni mentir”. En medio de la desesperación sólo existe la necesidad de sobreponerse a todo. “Prometo no seguir viviendo así, prometo no pensar en tí”. La necesidad de gritar al mundo que ha llegado el momento de lamerse las propias heridas. “Prometo dedicarme solamente a mí”.</p>
<p>Grita a pleno pulmón. Deseoso de que cada una de las estrofas se convierta en una realidad. “Prometo que a partir de ahora lucharé por cambiar”. Deseoso de poder cumplir cada uno de sus deseos. “Prometo que no me verás, que no voy a molestar”. Quiere ser tan duro como la roca. “Sabes que lo digo de verdad, que no voy a fallarte en nada”. Quiere ser tan duro como el mismo acero. “Que tengo mucha fuerza de voluntad, que no te fallaré en nada”. Exige a cualquier divinidad que le esté escuchando en ese preciso momento que le permita ser capaz de sobreponerse al propio dolor. “Prometo no seguir así, prometo que no voy a pensar en ti”. Que le permita ser capaz de sobrevivir. “Prometo dedicarme solamente a mí”.</p>
<p>Está callado. Está sólo en su habitación. Y sin embargo sigue gritando. “Y el aire que me sobre alrededor”. Grita.  “Y el tiempo que se quede en nada”. Grita. “Nunca más escucharé tu voz”. Grita hasta perder la voz. “Energía nunca liberada”. Grita, aunque nadie le escuche. “Promesas que se perderán en estas cuatro paredes”. Grita, aunque sus gritos no sirvan para nada. “Como lágrimas en la lluvia se irán”.</p>
<p>Es consciente de que sus buenos deseos no son nada más que intenciones vacías. “Siento que no tengo sueño y no puedo descansar”. Porque sabe que el dolor volverá a acosarle en cuanto baje la guardia. “Invento más de mil palabras y busco una verdad”. Y entonces llegará el momento de volver a contarse mentiras bajo las que sepultar la única realidad que existe. “Intento que suenen de forma genial”. De volver a autoconvencerse de que no ha pasado nada demasiado grave. “Intento que no digan nada”. De volver a negar los sentimientos que le van comiendo el corazón. “Nada siempre es toda la verdad”. Porque esa la única forma de superar el dolor. “Nada significa nada”. Pensar que no hubo nada más real que las propias mentiras.</p>
<p class="MsoNormal">
<p class="MsoNormal">Por desgracia, nadie puede detener a la verdad cuando decide imponerse al autoengaño. “Rompo las promesas que me hice a mí”. Y es entonces, cuando la propia vida le ahoga con sus manos, cuando  hace sus  auténticos juramentos. “Prometo pensar en ti”. El momento en el que brotan lágrimas de amargura provocadas por su propia debilidad. “Ahora prometo sólo pensar en ti”.</p>
<p>Con la realidad vuelven  las mentiras. “Y hago que suenen de forma genial”. Mentiras sobre lo que pudo ser. “Prometo que no dicen nada”. Mentiras sobre lo que nunca será. “Nada siempre es toda la verdad”. Mentiras sobre un mundo muerto y enterrado. “Nada significa nada”.</p>
<p class="MsoNormal">
<p class="MsoNormal">Y entonces grita. “Palabras que no dicen nada en estas cuatro paredes”. Solo. En la oscuridad de su cuarto. Sin abrir la boca. Sin nadie cerca que le escuche. Grita. “Promesas que no valen nada, nada, nada, nada”. Grita. “Y el aire que me sobre alrededor”. Hasta que el mismo destino baje a pedirle perdón. Grita. “Y el tiempo que se quede en nada”. Hasta que a la luna le de vergüenza iluminar a cualquier otra pareja de amantes. Grita. “Nunca más escucharé tu voz”. Hasta que se sienta completamente derrotado de tanto gritar. Grita. “Energía nunca liberada”. Porque es consciente de que no hay nada más triste que aquello que nunca llego a ser. “Promesas que se perderán en estas cuatro paredes”. No hay nada más triste que los sueños perdidos en medio de una tormenta de realidad. “Como lágrimas en la lluvia se irán”.</p>
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		<title>Caos (Trilogía pirata: II de III)</title>
		<link>http://elvientosopla.wordpress.com/2009/11/02/caos-trilogia-pirata-ii-de-iii/</link>
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		<pubDate>Mon, 02 Nov 2009 14:09:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>silvio11</dc:creator>
				<category><![CDATA[extensos microrrelatos]]></category>
		<category><![CDATA[Piratas]]></category>

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		<description><![CDATA[Quería correr hacia ninguna parte. Correr. Correr mucho. Dejarlo todo atrás. Quería correr tanto que nunca le importó qué o quién dejaba a su paso. Sin cadenas. Correr. Libre. Siempre libre. Sin depender de nadie. Sólo. Todo el mundo cree que los solitarios eligen su condición. Es mentira. La soledad es una consecuencia. Correr. Es [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=elvientosopla.wordpress.com&blog=8361003&post=224&subd=elvientosopla&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Quería correr hacia ninguna parte. Correr. Correr mucho. Dejarlo todo atrás. Quería correr tanto que nunca le importó qué o quién dejaba a su paso. Sin cadenas. Correr. Libre. Siempre libre. Sin depender de nadie. Sólo. Todo el mundo cree que los solitarios eligen su condición. Es mentira. La soledad es una consecuencia. Correr. Es la demostración empírica de que el ser humano no está hecho para correr, no en libertad. Para la mayoría la carrera es sinónimo de confusión, de caos. El respiraba el orden en cada una de sus profunda aspiraciones. Correr no era una forma temporal de vivir la vida, era la única forma de no permitir que la muerte le atrapara. El caos era su refugio y su condena.</p>
<p>Sabe que el caos quema. Quema cada uno de sus pensamientos, de sus emociones. No quiere morir abrasado por el caos. Por eso necesita rutinas a las que aferrarse, reglas, clavos ardiendo que le impidan perderse entre tanto caos, aunque sus marcas queden grabadas a fuego en la piel. Sabe que el caos es estar demasiado ligado al mundo como para poder prescindir de él, como para no sentirlo… Está cansado de disimular que nada puede tocarle, pero es lo única forma que tiene de seguir viviendo. La oscuridad le sigue los pasos.</p>
<p>Es como los niños que ponen la mano encima de la llama hasta que el calor les abrasa. Pero en su caso no es un juego, sólo pretende darle esquinazo a la oscuridad. Dejarse llevar por las corrientes del caos es flotar en medio de la contradicción, dejarse arrastrar. Agarrarse al clavo ardiendo es luchar contra la corriente. Sólo quiere respirar, en paz, detenerse un momento, conseguir que todo deje dar vueltas, tanto dentro como fuera de su cabeza. Intenta hacer pie en medio de la nada, en medio de la corriente de caos. No hay nada en lo que apoyarse, sólo el maldito clavo que a veces le coge la mano y otras arde con más fuerza que nunca, deseando que le suelte y se aleje flotando.</p>
<p>La confusión es todo lo que queda allí donde no hay equilibrio. El miedo, el maldito miedo. Estar en medio del caos ofrece orden, equilibrio. Intentar ponerse en pie es caer. Intentar recuperar la estabilidad que ofrece la corriente de caos mientras se aferra al clavo es peor aún. Patalea, se deja llevar, vuelve con brusquedad, gesticula obscenamente. Es ridículo, patético. Mira el clavo desesperado y desea que arda un poco menos, que le dé un respiro. No hay respiro allí donde no hay equilibrio. Sólo hay confusión y miedo.</p>
<p>El caos le pide que vuelva con él y quema casi tanto como el clavo. Son demasiadas llamas, pero no hay lágrimas allí donde sólo hay calor. El calor es ira. El calor es venganza. El calor es pasión. El calor es necesidad. El calor es desesperación. El calor una mirada completamente helada que mantiene bajo control el fuego dentro de un recipiente humano. Todo arde tanto como el mismo odio. Soltar el clavo es la única forma de no acabar odiándolo. Olvidar el clavo es la única forma de no volver su ira contra él. Quizás deberías odiar su incapacidad para encontrar la paz en su propio interior, pero eso es imposible. Él vive en medio del caos, en una perpetua carrera. Nunca llegará orden del caos, sólo más caos. Tiene lágrimas en los ojos, o las tendría si no hiciera tanto calor, si no estuviera tan centrado en odiarlo todo, pero es la única forma que conoce de seguir corriendo, de seguir disimulando que nada puede tocarle. Es la única forma que conoce de vivir.</p>
<p>Cuando suelta el clavo comienza a girar con violencia. Da tumbos de un lado a otro. Se golpea contra paredes y piedras invisibles, imaginarias. Apenas tiene tiempo de echarle una última mirada melancólica a su adorado clavo. ¿Sabrá alguna vez cuánto dolor ha sido capaz de soportar por él? ¿Cuánto se ha opuesto a sí mismo antes de que su propia naturaleza se impusiera sobre todo? La corriente gira su cuerpo tan rápido que no hay tiempo. El caos le abraza como un antiguo amante. La soledad le baja los pantalones. El odio le besa dulcemente los labios. Se deja llevar por el caos. Tarde o temprano volverá a encontrar el equilibrio dentro del caos. Hasta que eso ocurra es caos dentro del caos. Las contradicciones se regocijan en sí mismas y ya que no es capaz de derramar ningún tipo de líquido por sus ojos, se dedica a ingerirlo salvajemente. El caos ríe a su alrededor. Claro, que a lo mejor no es una risa. A lo mejor es el soplido desatado de un huracán. A lo mejor es la estridencia incontenida de una riada. Se siente en casa. Por desgracia, vuelve a estar libre y sólo, soñando con el equilibrio.</p>
<p>Ella quería compartir parte de una falsa libertad. La libertad nunca es real. Allí donde no hay reglas es la propia conciencia quien debe separar lo correcto de lo incorrecto. Dogmas de fe que están en permanente conflicto, luchando entre sí, buscando el lugar perfecto en el que mantener el equilibrio. Son muchos los que piensan que vivir en el caos, en ese estado de conflicto constante, implica libertad, indiferencia, capacidad para desligarse del mundo. Son muchos los que piensan que vivir libre es poder prescindir del resto del mundo.</p>
<p>Habrá un día en el que él consiga llorar. Será cuando comprenda y acepte que todos esos clavos a los que fue incapaz de aferrarse eran otros seres humanos sumidos en su propio caos. Lo único que le diferencia de ellos es la incapacidad que tiene para amar, para comprender, para perdonar. La corriente le da un nuevo empujan y golpea su cabeza contra una piedra imaginaria que le deja sin sentido. Sigue corriendo, flotando, pero ya no tiene conciencia de sí mismo. La oscuridad aprieta el paso y recorta la distancia que le separa de su presa.</p>
<p><span style="text-align:center; display: block;"><a href="http://elvientosopla.wordpress.com/2009/11/02/caos-trilogia-pirata-ii-de-iii/"><img src="http://img.youtube.com/vi/Rv-MFKstFis/2.jpg" alt="" /></a></span></p>
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