Archivos para cine de allí

Una imperfecta obra imprescindible

Publicado en Cuando el séptimo arte sólo es cine con etiquetas el Diciembre 21, 2009 por silvio11

Avatar (2009)

Director y guionista: James Cameron.

Intérpretes: Sam Worthington (Jacke Sully); Zoe Saldana (Neytiri); Sigourney Weaver (Dr. Grace Augustine); Setphen Lang (coronel Miles); Michelle Rodríguez (Trudy Chacón) y Giovanni Ribisi (Parker Selfridge)

¿Está el cine en crisis? La industria lleva años protestando contra la piratería y los criminales efectos que está teniendo sobre las recaudaciones. Algunos creen que lo mejor que se puede hacer para evitar el batacazo es quemar Internet. Otros, más visionarios, apuestan por fórmulas distintas. Una de ellas pasa por ofrecer experiencias únicas que puedan ser reproducidas en el salón de casa. Por ejemplo: el cine en 3D. Todavía es pronto para asegurarlo, pero es muy posible que Avatar demuestre que a la gente no le importa pagar más si con ello consigue pasarlo mejor. Es más, hay más de uno que incluso está dispuesta a repetir la experiencia. Por ejemplo, un servidor.

Ya con Polar Express, una de las primeras películas pensadas para ser reproducidas en 3D, quedó patente que, una vez perfeccionados los sistemas de proyección y visionado, lo único que le faltaba a este formato cinematográfico eran buenas historias. Durante años se potenciaron las películas de terror y las posibilidades que ofrecía la tecnología 3D se aprovecharon, casi exclusivamente, para tirar cosas a la cara de la gente, para asustarla. Por fortuna, gente como Robert Zemeckis y ahora James Cameron demuestran que el cine, se proyecte como se proyecte, tiene que sustentarse siempre sobre buenas historias, que no perfectas.

Lo mejor que se puede decir de Avatar es que tiene fallos. La mayor parte de los personajes no están bien desarrollados, algo especialmente notable en el caso del piloto interpretado por Michelle Rodríguez. La historia cae en los tópicos de siempre, desde la aparición de un “elegido” hasta esa idea, tan machista que diríamos en otros casos, de que la mejor forma de impresionar a una chica es tener un coche chulo que te cagas. De hecho, a Cameron ni siquiera le importa convertir los clichés en iconos casi caricaturescos, como ocurre con el delirante y carismático coronel Miles interpretado por Setphen Lang (la cosa debe ir de coroneles, porque éste y el Han Landa de Malditos Bastardos son de lo mejorcito que ha dejado el 2009). Poco más se puede destacar de la película. El personaje de Sigourney Weaver recuerda al que ya interpretó en Gorilas en la niebla. Michelle Rodríguez y Giovanni Ribisi hacen lo de siempre. La primera, de potencial lesbiana. El segundo, de tonto de los cojones ampliamente superado por las circunstancias. En cuanto a Sam Worthington y Zoe Saldana… Pues él está correcto, aunque tampoco es que su papel le exija mucho, y ella es difícil de separar del personaje digital en el que ha sido convertida.

En cuanto a la historia, aunque comenzase a gestarse hace diez años, está muy unida a la moda de cine ecologista que tanto se deja ver últimamente. Eso sí, se aprecia un giro en la mirada que el cine hecha sobre el ser humano. Desde El día después hemos pasado de la amenaza global al castigo sobre la humanidad. En 2012 se acaba el mundo y nos dan por culo a todos. En El día después, incluso nos los merecíamos. Y en Avatar, como en District 9, somos directamente los malos. Eso sí, nosotros también respetaríamos nuestro mundo si fuese un Apple que te cagas con cuatro o cinco puertos USB a los que conectarnos directamente para fliparlo en colores.

Y hasta aquí llegan las críticas, porque todo lo demás son alabanzas. Es lo que tiene el cine de género, la historia y los personajes pueden ser flojos porque lo importante es que sea divertido. Muy divertido. Y Avatar lo es. Cameron aprovecha la tecnología 3D para deslumbrar, no para dar sustos. La belleza de sus encuadres, con ecos de Aliens 2 y Abyss, y las composiciones de plano son impresionantes (¿lo seguirán siendo cuando estemos acostumbrados al 3D?). Como él mismo dijo, es un arma más que utiliza la película, no la gran protagonista. De hecho, los 160 minutos de metraje pasan volando gracias al ritmo de la historia, cuya fluidez, por paradójico que resulte,  es consecuencia directa de la mutilación de la historia. Las escenas dignas de recordar son muchas, aunque es mejor descubrirlas a que te las cuente un mentecato en su blog, y los momentos épicos, no por recurrentes, son menos efectivos.

Cameron a hecho un tremendo favor al 3D universalizándolo, haciendo que llegue a las salas de exhibición de barrio y que salga de los grandes cines especializados. Ha puesto un puntal importantísimo al facturar una producción que sabe deslumbrar, convencer y atrapar al espectador. Y lo mejor de todo es que no lo ha hecho con una película perfecta, sino con un buen largometraje de ciencia ficción. Es como si les hubiese dicho al resto de creadores cuál es el camino a seguir, la forma correcta de utilizar el medio, ahora les toca a otros, y esperemos que a él mismo, seguir perfeccionando el formato.

Eres genial (Amor a quemarropa)

Publicado en Cuando el séptimo arte sólo es cine con etiquetas el Noviembre 25, 2009 por silvio11

True Romance (1993).

Director: Tony Scott.

Guión: Quentin Tarantino y Roger Avary (no acreditado).

Intérpretes: Christian Slater; Patricia Arquette, Dennis Hopper, Val Kilmer, Christopher Walken, Gary Oldman, Samuel L. Jackson, Michael Rappaport, Brad Pitt, Bronson Pinchot, James Gandolfini, Chris Penn  y Tom Sizemore.

Clarence empieza su vida en un bar de mala muerte, intentando ligar gracias a Elvis. Pero que friki eres Clarence. Ella, una veterana de los tugurios, es incapaz de captar su pasión por El Rey. ¿Cuánto años tendrá Clarecence? Demasiados para ser dependiente de una tienda de cómics. Demasiados para seguir viendo un ciclo de películas de Kung-Fu el día de su cumpleaños. Solos él y Sonny Chiba. Al margen del mundo… Pero que friki eres Clarence.

Alabama se cruza en su vida como por accidente. Le tira encima un paquete de palomitas. Le da conversación. Ve con él sus películas. Es guapa. Hablan de las estupideces de las que es divertido hablar. Comen pastel en una cafetería de madrugada. Le acompaña a ver la tienda de tebeos en la que trabaja. Escucha fascinada las historias que le cuenta. Hacen el amor y ella se escapa de la cama. Sentada en el quicio de la ventana le confiesa que es puta, un regalo de cumpleaños de su jefe. Resulta que se ha enamorado de él en sólo una noche y le jura que en una relación siempre es “cien por cien monógama”. Él sonríe. Es el mejor regalo de cumpleaños que le han hecho en su vida. Todavía se me pone la carne de gallina cuando pienso en esos 10 minutos.

Que me perdonen sus fieles. Tarantino jamás ha vuelto a escribir nada con tanta magia como ese comienzo. Y dudo que él mismo hubiese sido capaz de rodarlo mejor. Un bar fluorescente. Un cine oscuro, con humo de tabaco, de barrio. Una cafetería tirando a azul, como toda la noche, azul ciudad. Una tienda de cómic de neón. Una ventana, un gigantesco cartel de tabaco. Dos mantas y un vestido rojo. El hermano pobre de los Scott, Tony, sabe crear el clima. Christian Slater jamás encontró un papel que se ajustase tan suavemente a su eterno despiste vital, a su chulería pasada de moda. Patricia Arquette representa a la perfección el mito de la prostituta de buen corazón. Estaba  destinada a que el mundo le diese de ostias, pero ahora le ha salido un protector. Ella le da el amor que él nunca debería haber encontrado. Él será el escudo que la defienda de toda la mierda del mundo. No es un pacto. Es mucho más natural. Es una simbiosis.

Clarence y Alabama sólo pueden vivir de una forma: con los ojos cerrados, sin pararse a pensar. Todo es demasiado raro como para que pueda salir bien. Pisan el acelerador a fondo y Clarence, héroe de cómic trasplantado a la vida real, decide recuperar las pertenencias de su amada, retenidas en la casa de su antiguo chulo. Drexl, menudo cabrón. Las cosas se complican. “Es mejor tener una pistola y no necesitarla que necesitarla y no tenerla”. Hay muertos y un error con la maleta. No está la ropa de ella, pero sí un montón de droga. De esa que se puede vender de una sola tacada para comprar la paz, que no la felicidad. Pisan más a fondo el acelerador, cierran aun más fuerte los ojos. Hacen el amor en una cabina de teléfonos y Scott sigue grabando todo su romance con frenesí, con música rock, con la alargada sombra de Elvis guiando al friki de Clarence.

A Tarantino le cuesta escribir guiones en los que las partes no se acaben imponiendo al conjunto. Le pasó en Pulp Fiction; volvió a pecar en Kill Bill y Death Prof; y la costumbre es mucho más evidente en Malditos Bastardos. Aquí, esas estrellas fugaces tienen nombres propios. Dennis Hopper, Christopher Walken y James Galdonfini. Tres secundarios que podrían justificar por sí mismos la existencia de una película. Dos momentos únicos que convierten en una obligación el visionado de Amor a quemarropa. Frente a la desesperación de la maltratada Alabama, frente a justa ira de su venganza, visceral y cruel, una imagen, la del bueno de Dennis limpiándose la sangre del labio; dejando de sonreír sólo un segundo, cuando sabe que ya ha ganado, que tiene su pasaporte a la muerte.

No le gustó nada a Tarantino que le cambiasen el final de la historia. Clarence es un friki y los frikis no ganan ni son los más listos de la función. Sin embargo, quizás el productor o el mismo director decidieron hacer que le sonriera la suerte al bueno de Clarence. Le sacaron vivo del Apocalipsis desatado en una lujosa habitación de hotel. La sangría le gustó tanto a Tony que decidió recuperar la idea años después en Enemigo Público, pero no fue igual, le faltaba la visceralidad de esta propuesta, la sangre, las ganas de vivir de estos personajes y su miedo a la muerte. El nervio en el montaje y la agilidad de la cámara son lo único que emparenta ambos desenlaces.

Y Clarence. Y Alabama. En la playa. Si él llega a morir, ella habría querido irse detrás, pero el niño se lo habría impedido. Porque no hay historia de amor si no hay un niño. Y la playas siempre son más bonitas al atardecer. Y por cierto, “eres genial”.

SOLITARIOS E IMAGINATIVOS (III)

Publicado en Cuando el séptimo arte sólo es cine con etiquetas el Septiembre 6, 2009 por silvio11

Mad Detective (2007)

Dirección: Johnnie To y Ka-Fai Wai.

Guión: Ka-Fai Way; Kin-Yee Au

Actores: Ching-Wang Lau (Inspector Bun); Andy On (Inspector Ho Ka On); Ka Tung Lam (Ko Chi Wai)

El inspector Bun tiene un problema o un don, depende de cómo se mire. Puede ver la auténtica personalidad de la gente: aquellos que tras un muro de aparente piedra no son más que niños asustados; los mentirosos que esconden su mezquindad bajo un montón de halagos; incluso las múltiples caras que pueden dominar a esos seres humanos tan impredecibles como peligrosos. Toda la verdad se revela ante sus ojos. El inspector Bun, como no podría ser de otra manera, no pudo soportar tanta realidad. Su capacidad para superar las apariencias le convirtió en un detective infalible mientras le separaba del resto de la sociedad. Al final, el inspector Bun se volvió loco.

No sé mucho de Ka-Fai Wai, co director y co guionista de Mad Detective, pero sí de Johnnie To, el otro realizador y un cineasta que, a base de hacer películas, ha pasado de artesano a artista. El delirante realizador de películas como Heroic Trio ha ido desarrollando un delicado tacto a la hora de planificar la puesta en escena de sus películas. No siempre acierta, pero cuando lo hace, como en este caso, es capaz de dotar de un trasfondo adicional, de un valor añadido, a historias que podrían haber sido maltratadas por otros directores. Mad Detective es capaz de atrapar visualmente al espectador, de hacerle viajar a lugares a los que no podría haberle llevado la palabra. La presentación de Ko Chi Wai y sus múltiples personalidades o la cena a contraluz de Bun en el mismo local y la misma mesa que su sospechoso son buenos ejemplos de esos instantes, apenas segundos, en los que uno puede ser consciente de que existe una intención en el director.

Puede que el guión de Mad detective no sea tan redondo como hubiéramos deseado, pero Toy Wai son capaces de hacer olvidar los pequeños detalles que chirrían. Fascinan con su protagonista, un hombre deseoso de resolver los problemas de un mundo mezquino y egoísta; con la metafísica que aplica a la historia y con la inquietante moraleja de los minutos finales. Y todo ello lo hacen sin perder uno de los más entrañables defectos de To, la brusquedad en el montaje. Expone los planos de forma directa, sin entretenerse en presentaciones ni retóricas innecesarias. Los rodeos que pueda dar con la cámara son pequeños detalles de lirismo. Ni encadena acciones ni introduce pausas identificativas, simplemente dispara con la cámara hasta confeccionar otra fábula breve e intensa, aunque eso pueda confundir al espectador en más de una ocasión. Y mientras tanto Bun aplica su lógica desquiciada, su don, a un mundo que debería estar regido por el sentido común, algo bastante improbable cuando es de seres humanos de lo que se está hablando.

SOLITARIOS E IMAGINATIVOS (II)

Publicado en Cuando el séptimo arte sólo es cine con etiquetas el Agosto 25, 2009 por silvio11

Suspect X (2008)

Director: Hiroshi Nishitani.

Guión: Keigo Higashino (historia original) y Yashushi Fukuda (adaptación).

Intérpretes: Shin´ichi Tsutsumi (Ishigami); Masaharu Fukuyama (Yukawa).

Yukawa e Ishigami caminan por la calle. Ambos son matemáticos, genios. Uno es profesor de instituto. El otro es un brillante profesor universitario que colabora esporádicamente con la policía. Ambos acaban de pasar toda la noche juntos. Yukawa, el casual detective, ha llevado la resolución de un complejo problema matemático a su amigo. El sueño ha podido con él y se ha quedado dormido. Ishigami, apasionado, tímido, solitario, quizás demasiado sensible, ha permanecido en vela. No ha podido dejar de hacer cálculos, de estudiar los papeles, hasta que ha descubierto si la demostración era válida o errónea.

Los dos caminan por la calle, conversan. Ishigami, de natural desaliñado, hace una pregunta a Yukawa: “¿Cómo haces para mantenerte tan joven?” Yukawa tarda unos segundos en darse cuenta, pero le acaban de dar una clave fundamental para resolver el caso en el que se encuentran involucrados tanto él como su amigo.

Suspect X no tiene un buen director, pero si un fantástico guión. Basada en una popular serie de novelas de Keigo Higashino que tienen como protagonista a Yukawa, su mayor virtud es la de haber elegido una historia de andar por casa. El científico detective comienza la película demostrando cómo se puede hundir un barco con una canica de metal. El espectador se prepara para ver un tipo concreto de película, una de esas de científicos enfrentados a complejos sistemas mecánicos, y se encuentra otra totalmente diferente en la que lo más complejo son las emociones de sus protagonistas. Un thriller emocional y sucio. Desde el principio ya se sabe quién es el ‘malo’. Aparentemente no hay misterio, pero la forma de resolverlo en sí misma y la propia naturaleza humana siempre sorprenden. Yashushi Fukuda, encargado de adaptar el libro, hace un excelente trabajo. Hiroshi Nishitani, el director, no. Apuesta por un tono realista, frío. Demasiado frío. El guión ofrece momentos sensacionales, pero la dirección decide pasar por ellos de puntillas. La desapegada realización funciona en dos momentos, en el crimen inicial y en el último grito de Ishigami, el grito desgarrado de quien, pese a toda su inteligencia, comprende que ha dejado pasar por alto lo más evidente. Funciona, sí, pero otro director podría haber hecho una auténtica obra maestra con ellos.

Como ocurriera en Dead Note, donde se establecía una partida de ajedrez entre genios en la que el protagonista era el malo de la historia, en Suspect X toda la atención recae sobre Ishigami. Sin embargo, a diferencia de la imprescindible serie de anime, en este caso es un accidente. Ishigami, poeta matemático y amante de la soledad compartida, tiene un atractivo innegable. Además, Shin´ichi Tsutsumi sabe cómo hacer de él una persona a la que el espectador creería capaz de todo, pese a su aparente bondad y debilidad. Ishigami es el chico que busca una solución “bonita” a un problema matemático ya resuelto; es el profesor que predica ante una clase de adolescentes que obvian todos sus comentarios; es el ciudadano que camina silenciosamente todos los días por el mismo camino; es el ser humano que sabe que para resolver determinados problemas, a veces es suficiente con cambiar la forma de mirarlos. Claro, que esa misma máxima también sirve para crear crímenes imposibles de resolver.

SOLITARIOS E IMAGINATIVOS (I)

Publicado en Cuando el séptimo arte sólo es cine con etiquetas el Agosto 24, 2009 por silvio11

Ben X (2007)

Director y guionista: Nic Balthazar

Intérpretes: Marijke Pinoy (Madre); Greg Timmermans (Ben); Cesar de Sutter (Tomas).

Quien no haya sentido nunca la necesidad de que le dejen en paz es probable que no pueda comprenderlo. El mundo, la sociedad, están acostumbrados a vernos acompañados. Miran con curiosidad, incluso con desaprobación, a quien tiene la osadía de querer estar solo, de ser diferente, no por llamar la atención, si no por pura necesidad. Que extraño habría sido que Ben X estuviera protagonizada por un muchacho normal que no necesita nada más que soledad. La gente habría torcido el gesto. Habría pensado “eh, no está bien que no le interese quedarse con la chica, ¿Es que tiene algún problema?” Pues sí, lo tiene, Ben es autista y ni aun así consigue que la sociedad le deje en paz o le dé un poquito de comprensión. Probablemente, si Ben fuera normal estaría obligado a tener un par de amigos tan frikis como él. Y también tendría que luchar por la chica, como hacían los empollones en aquellas entrañables películas ochenteras. Pero no, es autista y, por fortuna para él, el espectador le compadecerá, tendrá miedo de él y, al final, se pondrá de su lado justo antes de dejarle marchar a un lugar en el que nadie pueda hacerle daño. ¿Y si alguien, por fin, hubiese hecho una película realmente esperanzadora para los jóvenes que saben que para ser feliz no es necesario ligarse a la tía más buena del instituto?

 

Nic Baltazhar es un tramposo. Se guarda el golpe de efecto para el final y utiliza al pobre Ben como víctima de un mundo más violento que él y como amenaza para aquellas personas que le aman. Le convierte en un títere impredecible que se ajusta a una historia más grande que él mismo. No se trata de hablar sobre el acoso en la escuela, ni sobre la adicción a los videojuegos. Se trata de hacerse una pregunta en voz alta: ¿Es realmente necesario que el inadaptado se adapte? Los videojuegos no dejan de ser una excusa estética, un elemento narrativo más. El acoso escolar, una metáfora de la presión que puede llegar a ejercer una sociedad opresora. Y la amiga virtual, ese sueño que funciona mientras siga siendo un sueño, mientras se anhele y no llegue a conseguirse. La paz no está en alcanzar la meta, está en aspirar su perfume, porque eso es lo que permite reunir las fuerzas necesarias para seguir adelante. Todo lo demás es aleatorio. El uso de las imágenes de videojuegos; el montaje picado y la voz en off nerviosa; la fantasía mental e incluso las supuestas entrevistas documentales son herramientas para contar una bonita metáfora que en ningún caso describirá una realidad, pero si una necesidad que cada vez es más evidente en este mundo, la necesidad de que nos dejen ser. ¿Por qué tantos filósofos de tres al cuarto rechazan películas como Ben X si ni siquiera entienden de qué les están hablando? ¿Tan difícil es descubrir una metáfora cuando se tiene delante de los ojos? Debe. Ben es un chico autista; un monstruo de los videojuegos; un muchacho con problemas de acoso escolar que puede explotar en cualquier momento. Yo tampoco empatizo con su personaje, pero sí con su ira reprimida, con sus ansias de libertad y con su necesidad de encontrar un espacio propio.