Pedro (I)

Y entre el odio y la miseria estabas tú. Tú, con tu camiseta roja. Tú, con los vaqueros gastados que siempre dejabas colgados en la única silla de mi cuarto. Tú, con esos zapatos verdes de bruja hippie. Cuando intenté levantar un poco la cabeza para verte mejor, el policía que me tenía inmovilizado en el suelo aplicó más fuerza sobre mi brazo; clavo más hondo su rodilla en mi columna vertebral y golpeó mi cabeza contra el asfalto, otra vez. Volví a mirarte. Parecías perdida entre tanta confusión y violencia. Parecías asustada. La sangre brotaba de mi nariz y me llenaba la boca. La tragué sin dejar de mirarte. Supongo que por eso siempre han tenido un regusto metálico tus besos… Es el recuerdo más hermoso que tengo de toda mi vida.

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