Curiosa historia de desamor

Me preguntó qué debía hacer ahora con los recuerdos y no supe darle contestación alguna. “¿Los recuerdos?”, comenté mientras miraba el fondo de sus ojos. Había alargado cada una de las letras de la palabra para dar la impresión de que estaba meditando. Mentira. Mi única intención era que no se diese cuenta de que no tenía ni puta  idea de qué responder. Siguió mirándome, impertinente. Noté como mi supuesta sabiduría se iba directa al retrete y una mano fantasma, probablemente la de la Justicia Poética, tiraba de la cadena. “¿Acaso importan?”, me atrevía a sugerir. Sus ojos se abrieron de par en par. Joder, acababa de meter la pata hasta el fondo.

Una vez fuimos al cine. Comimos palomitas del mismo paquete. Nunca había hecho algo así con nadie. También compartimos el mismo refresco. Venga ya, eso no es tan raro. Volverás a compartir palomitas con alguien en un futuro cercano. Además, es un incordio compartir palomitas. Estás siempre chocando las manos y, si te soy sincero, me parece más práctico que cada uno tenga su propio paquete. Una vez íbamos por la calle. Era de noche, las cuatro de la mañana. Había unos mendigos bebiendo vino barato en un cajero y tenían la radio puesta. Estaba sonando una canción de Calamaro, un tango, creo. Me agarró de la mano y comenzamos a bailar. Fue mágico. Y una temeridad, imagina que a los mendigos les das por robaros; darte una paliza y violarla. Parecían buenas personas. Y Hitler era un tipo bajito y con un bigote gracioso. Hubo otra vez que…Siempre es una vez, nunca son dos veces ¿te has dado cuenta? Siempre es una vez porque cada recuerdo es único. Si recuerdas lo mismo dos veces pierde significado. Pues vaya mierda de recuerdo que sólo lo puedes recordar una vez. No me refiero a eso. Quiero decir que los recuerdos realmente validos son los de aquellas cosas que sólo ocurrieron una vez. Si has visto dos amaneceres en la playa con la misma persona sólo tiene valor el primero. ¿Aunque el segundo sea mejor? Sí. ¿Aunque el primero fuese un desastre? Entonces recordarás el primero por lo malo que fue. Puff, menuda pérdida de espacio cerebral. No te creas, los recuerdos de las cosas que salen mal suelen ser muy tiernos… Si nadie se cabrea y se pone a gritar. Qué quieres que te diga, recuerdo un montón de cosas que me salieron mal y no me parecen tiernas. Hablo de las que salen mal, pero son bonitas. Tu lo que estás es gilipollas. La primera vez que me besó llovía. Eso es mentira. Sí, pero imagina que hubiese sido verdad, qué podría haber hecho con un recuerdo como ese. Sería algo que no tendría más valor que el mismo momento en sí mismo. ¿Eso no es hedonista? Podría ser, pero has acertado con la palabra de chiripa. La verdad es que iba a decir que me parecía narcisista. Pues mira, desde otro punto de vista también podrías haber acertado. La cuestión es que no habría tenido un significado mayor que el hecho en sí mismo o el placer que procuró en su momento.

Qué decir ante eso. Ni siquiera estaba seguro de lo que significaban las palabras narcisista y hedonista. Lo único que podía hacer era sacar el paraguas y tratar de protegernos a los dos de la lluvia de frases autocompasivas y pensamientos mortificantes. Los recuerdos… Toda la vida se compone de recuerdos. Si tenemos en cuenta que el mismo ahora ya ha ocurrido, que nuestra vida es un constante pasar de segundos, entonces deberíamos aceptar los recuerdos como lo más corriente del mundo. Después de tanto tiempo, tendríamos que estar completamente acostumbrados a ellos. Vamos, digo yo. Pero la verdad es que no ocurre así. En su caso por lo menos no, le sobraban recuerdos significativos y le faltaban superfluos. Una lástima, pero coño, lo único que se me ocurría era ponerle a ver cosas estúpidas en la televisión hasta que tuviese un colapso cerebral. Tengo la teoría de que si ves demasiadas estupideces en la tele al final sólo puedes pensar en mamarrachadas. Bueno, no es una teoría, es un hecho verbalmente testado a través de numerosos coloquios mantenidos con teleadictos localmente reconocidos. Yo mismo soy uno de ellos, así que creo que puedo hablar con total libertad de mis carencias mentales e imaginativas. A mí nunca se me habría ocurrido preguntarle a nadie, justo al finalizar una relación, qué debía hacer ahora con los recuerdos. No sé, es más propio de mí pedir una botella de vodka, aunque soy consciente de que lo más apropiado es el whisky, y preguntar por el puticlub más cercano. Y sin embargo este imbécil me preguntaba por los recuerdos.

Pero tu qué eres, ¿una tía? Que va. Y por qué me haces preguntas de tía. No son preguntas de tía. Joder que no. ¿Es que ahora tener sentimientos es cosa de tías? Pues serás maricón. Y tu un bruto, noble, pero tremendamente bruto. Es que no sé qué puedes hacer con tus recuerdos. Tragártelos, supongo. No haber sido feliz. Si lo hubieses pasado mal no estaríamos en esta situación, pero como se te ocurrió ser feliz, aquí nos tienes, sobrios y despistados. Yo no estoy despistado. Tío, me estás preguntando por tus recuerdos. Si eso no es estar completamente perdido que baje Dios y lo vea. Es que me parece importante. Ya no me sirven para nada, sólo para hacerme daño. Pues lo afrontas como lo haría cualquier hombre. Primero te emborrachas y luego te vas a buscar alguna muchacha con la que pernoctar por ahí. ¿Y si no me apetece? Pues follas y te vas a casa, lo de pernoctar era sólo una forma de hablar. No me refería a eso. Me lo temía. ¿Es que no puedes ser normal? Así, ahora, de pronto… Pues no. Inténtalo. Es que no me sale. Eso es porque no te esfuerzas. Te juro que sí. No te sale lo de pencar con alguna zagala escogida al azar, pero sí lo de preguntarme por tus recuerdos. Es importante. No, ahora te parece importante. Dime dentro de un año si es importante o no. ¿Es que para ti los recuerdos no son importantes? Claro que son importantes. Si no fuera por ellos nunca sabría dónde he dejado aparcado el coche. A veces me da la impresión de que hablar contigo de estas cosas es una pérdida de tiempo. Sólo porque abogo por el pragmatismo en vez de por el pajilleamiento mental gratuito y autocomplaciente. ¿Entonces me quedo los recuerdos? Y te limpias el culo con ellos. Pues mira tú que bien. Es que en esta situación no hay nada que esté bien. ¿Todavía no te has dado cuenta de que todo es una mierda? ¿Mejorará? Por ahora puede que incluso empeore. Si que estamos buenos. ¿Quieres que sigamos hablando o voy a tirarme por la ventana ya? Dentro de un tiempo mejorara. Eso lo dices para que no me tire. No, creeme, ahora lo que más me apetece es que te tires y dejes de darme el coñazo. Lo que ocurre es que tampoco quiero que lo hagas completamente engañado. Pues gracias. A servir.

Se marchó como había venido, con una mano delante de la desolación y la otra detrás. Sin saber qué hacer con sus recuerdos. ¿Qué podía haberle dicho yo, si nunca he sabido qué hacer con los que tengo escondidos en el fondo de mi memoria?

Odio tener recuerdos felices de alguien que me hace estar triste, es como tener un montón de mentiras en la cabeza. No quiero tener mentiras en la cabeza. No quiero recordar que alguna vez me hizo feliz si ya no me hace feliz… También son sus recuerdos, aunque estén en mi cabeza. Es como tener un hijo por accidente. ¿Me preguntará algún día por ellos? ¿Qué tal han crecido? ¿Cómo han evolucionado? ¿Mis recuerdos se harán mayores, más maduros? ¿Dejarán de ser impetuosos e irascibles? ¿Llegarán a ser sabios y reflexivos? ¿Con qué debo alimentarlos?

4 comentarios to “Curiosa historia de desamor”

  1. El planteamiento del relato es duro de asimilar y la tesis final no puedo compartirla. Me quedaré siempre con mis recuerdos, por tristes que sean. Y nunca serán una mentira, serán lo más verdadero que pueda llegar a tener.

    Magnífico. Enhorabuena. Entre la lectura, algún recuerdo triste y el visionado anoche de ‘El sargento de hierro’ he recuperado algo parecido a una sonrisa.

  2. De recuerdos i de casualidades, de eso está hecha la vida. Casualidades que nos unen, recuerdos que nos cosen fuerte i que intentan desgarrar. Pero no se puden separar, los recuerdos i nosotros. Por más que lo intentemos. Son recuerdos, tristes, felices, dulces o amargos… necesarios, aunque duelan. Siempre presentes, aunque creamos olvidarlos.

    Continuamente creamos recuerdos, eres uno de los míos.

  3. Mantenido Says:

    Posiblemente una de las cosas más tristes que le puede pasar a una persona es perder sus recuerdos, no?

  4. a mi me encanta recordar, aunque a veces duela

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