El corazón que quería ser bestía

A veces tengo ganas de hacerte desaparecer, con un disparo de nieve que diría Silvio.

Tengo ganas de sentarme en el suelo y quedarme quieto.

Muy quieto.

Ludovico hace que me den escalofríos.

No puedo dejar de escuchar al muy cabrón.

Me gustaría no pensar en nada y menos en ti.

Daría mi alma a cambio de poder cerrarle la boca a mis dedos para que dejasen de escribirte porque, pienso, no te lo mereces.

Pero es entonces cuando sonrío porque prefiero estar muerto antes que insensible.

Es entonces cuando me río porque estar jodido es estar vivo y porque estar vivo es no poder silenciar la yema de ningún dedo.

Cuando salgo a la calle para ver si me mojo,

o para ver si el viento es capaz de levantar mis pies del suelo.

Es entonces cuando miro hacia la oscuridad y me siento capaz de lanzarle un reto al miedo a través de un gruñido sosegado y gutural.

Sólo lamento no tener garras ni colmillos.

Me habría gustado tener garras y colmillos.

Está bien tener recuerdos, por dolorosos que sean.

Gracias a ellos sale la mejor parte de mí,

la que no tiene miedo de ser ni sentir,

la que tiene garras y colmillos imaginarios.

Supongo que debo darte las gracias por eso.

2 comentarios to “El corazón que quería ser bestía”

  1. “No se puede vivir del recuerdo ni vivir sin recordar” (Xoel López, Deluxe)

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