La mariposa (trilogía mortuoria III de III)

Ada se había emancipado. Cansada de que los ronquidos de sus padres no la dejaran dormir por la noche, decidió romper a llorar cada vez que la despertasen. El plan funcionó. Con sólo seis meses de vida, ya tenía una habitación propia.

Estaba puerta con puerta con papa y mama. Todavía escuchaba sus ronquidos, pero ahora eran un tranquilizador susurro. Hacían que no se sintiera sola por las noches, aunque la verdad es que siempre estaba acompañada.

Miguel tenía un oso verde gigante. Ada gozaba con las risas de su conejo rosa. Aunque tenía muchas habilidades propias, había heredado una del oso de Miguel. Él también sabía hacer mariposas.

En su caso le salían de los ojos, de una en una. Si le mirabas la pupila fijamente, las veías llegar desde la lejanía. Se acercaban poco a poco y, cuando ya no le cabían en el iris, simplemente salían al mundo real, como si atravesasen un espejo.

Al conejo le costaba mucho hacer mariposas. No era como el oso de Miguel, que las fabricaba como si fueran pompas de jabón. Por eso a Ada le gustaba estudiarlas con detenimiento antes de que se marcharan volando por la ventana.

Un día, una mariposa, no se fue. Se quedó revoloteando alrededor de Ada y ella la miró sorprendida. Era morada, pero de un morado especial, formado por cientos de colores rosáceos, todos en armonía.

Ada se pasaba horas mirándola flotar sobre su cabeza, con los ojos muy abiertos. Por eso la gente empezó a decir que tenía una cara de “eterna sorpresa”. Ada estaba fascinada con su mariposa. Por las noches, su color morado brillaba en la oscuridad.

Era cerca de la una de la mañana y Ada no podía dormir. La mariposa estaba más cansada de lo normal. Sus vuelos eran cortos y las alas empujaban el aire con menos energía de la habitual. Ada estaba preocupada.

Le costó muchísimo, pero consiguió darse la vuelta en la cuna y acercarse hasta el teléfono que había dibujado en su colcha. Marcó el número de Miguel y puso la boca en el auricular después de extender el pliegue de sábana en el que estaba pintado.

El teléfono de juguete de Miguel comenzó a sonar. Sólo podía ser su prima. Era la única que tenía ese número. Aunque ya se había acostado, practicaba en el aire el solo de batería del Money for Nothing. A punto estuvo de caerse al bajar de la cama para atender la llamada.

Miguel escuchó muy atento lo que le decía Ada, más que nada porque le hablaba en gorjeos. Por desgracia, sabía qué era exactamente lo que le ocurría a la mariposa de su prima. Le dijo que se abrazase muy fuerte al conejo rosa y le esperase.

Miguel se calzó sus gafas de ver la realidad. Tenía dos años, pero el médico le había dicho que debía comprarse unas. Era demasiado imaginativo y, sin gafas, corría el riesgo de perderse en sus propios sueños. Ahora no podía permitirse ese lujo.

Se puso el abrigo, unos pantalones gruesos y una bufanda que le dio dos vueltas al cuello. Cogió las llaves de papa, tanto de su casa como de la de los tíos, y le pidió a su oso de dos metros que le alzase para poder quitar el seguro de la puerta.

Era de noche y la calle estaba desierta. La luz de las farolas se dispersaba por la niebla haciendo del color naranja una sustancia material. Miguel estiró su mano. El oso se la agarró con su zarpa. Los dos comenzaron a caminar con pasitos cortos.

Miguel se coló en casa de sus tíos sin hacer ruido. Subió hasta la habitación de Ada y la encontró en la cuna con los ojos llorosos. La mariposa descansaba sobre la colcha sin apenas mover sus alas. A veces intentaba volar, pero no lo conseguía.

Se quitó la bufanda lentamente, dos vueltas al cuello en sentido inverso. Dejó caer el abrigo en el suelo y buscó una silla que le permitiese meterse en la gigantesca cuna de Ada. Todavía no pesaba lo suficiente como para romperla.

Ada seguía tumbada, boca abajo. Miguel permanecía a su lado, con las piernas cruzadas. El oso y el conejo se colocaron en un discreto segundo plano, al fondo de la habitación, casi confundidos con la oscuridad.

Cuando la mariposa intentó echar a volar una vez más y volvió a caer, la comisura de los labios de Ada se quebró hacia abajo, en uno de esos gigantescos pucheros que sólo ella sabía hacer. Una solitaria lágrima le cayó del ojo derecho, el más bonito de los dos.

Miguel se quitó las gafas y cogió la pequeña manita de Ada. La arrastró hasta la mariposa y se la puso sobre ella, ahuecada, para que no la aplastase. Ada sintió como la respiración de la mariposa se iba ralentizando bajo su propia piel.

La abrigó para que no tuviese frío, para que no se sintiera sola. Al final, la respiración de la mariposa se detuvo por completo.

Ada miró a Miguel y le preguntó qué pasaría a continuación. Miguel se encogió de hombros. Era demasiado pequeño para entrar en discusiones de adultos. Sólo sabía que la mariposa se había marchado y que ahora debían echarla de menos.

Unas horas después, cuando Ada se durmió agotada de tanto llorar, Miguel volvió a casa con su oso gigante. Por el camino, fue pensando en su propia mariposa, en la que tampoco se fue y que también dejó de volar, en lo hermosa que era.

Pasaron los años y Ada olvidó a la mariposa… Aunque a veces, al sentirse triste, miraba hacia el techo como buscando algo, hasta que un destello morado la hacía sonreír. Un día, sin saber por qué, se dijo a si misma, “no es descabellado pensar que habita en nosotros un poco de todo aquello que nos ha tocado, aunque no seamos capaces de saber dónde dejó su huella”… Recuerdos de la infancia.


PD: La Trilogía Mortuoria la completan Goomers y El día que te recuerde. Debería haber avisado antes, pero es que me he dado cuenta de que era una obra monotemática esta misma mañana.

9 comentarios to “La mariposa (trilogía mortuoria III de III)”

  1. PatriDubre Says:

    *_*

    daría un brazo por ilustrar un libro lleno de cuentos tan bonitos como éste!!!

    del periodismo a la literatura infantil? jaja

    “Era demasiado imaginativo y, sin gafas, corría el riesgo de perderse en sus propios sueños.”
    me identifico de nuevo jaja🙂

    • silvio11 Says:

      Pues tú lo dirás de coña, pero a mí me encantaría que alguien ilustrase éste y los otros dos cuentos que hay en el blog sobre Miguel y Ada, aunque el segundo no da mucho juego. De hecho, la Lore (santísima madre de Ada) me ha preguntado en más de una ocasión si no conocíamos a nadie que pudiera hacerlo. Así que, si te animas, tienes todos los permisos necesarios. Yo creo que seguiré escribiendo algun cuento más, porque mis sobrinos dan para mucho.

      Acaso hay alguna literatura más infantil que el propio periodismo?

      • PatriDubre Says:

        eh que no es coña! lo digo muy en serio😉

        Suelo hacer ilustraciones y comics… y con lo chulos que son los cuentos, igual saldría algo interesante🙂

        Ya haré algún boceto a ver😛

  2. Destino Says:

    Es súper bonito. Lo preocupante es que lo hayas clasificado dentro de una trilogía mortuoria. Sin embargo, entre líneas, dejas claro a qué te refieres. El cuento es precioso. Aunque después de leerlo me dejes preocupado. Un abrazo tío.

  3. Mantenido Says:

    Un poco triste, no?. Tienes la cabeza llena de historias, macho.

    • silvio11 Says:

      Yo diría que es bastante triste, o por lo menos yo lo siento así. Sin embargo, puede haber mucha belleza o candidez en la forma en la que nos enfrentamos a la muerte de un ser querido. No? Y pensando en ello, llegué a la conclusión de que no estás muerto hasta que la gente que te quiere te ha olvidado y, la verdad, a mí sólo me importaría que me recordasen esas personas. Cuando ellas ya no estén, el mundo tiene mi permiso para dejarme atrás.

      Toma ya, a que no te esperabas esta contestación?

      Guillermo, pelota.

  4. Casi se me saltan las lágrimas, además la música de Costlow dura casi lo mismo que la historia, casi lo mismo que el vuelo de la mariposa. Me ha parecido muy tierno, muy nostálgico… bonito.

    Esto, si no me equivoco ya hay ilustraciones en marcha, no? ejem!

  5. laMari Says:

    Hablando de mariposas… No dejéis de ver el corto “El Circo de la Mariposa”. El corto “The Butterfly Circus” ha ganado el primer premio del concurso de cortos “The Doorpost Film Project”. Este premio reconoce la aportación del corto a la promoción de valores como la esperanza y la dignidad humana. En esta ocasión, los valores eran la esperanza, el perdón, la humildad, la alegría, la libertad,la redención y la fuerza de voluntad.

    ¿Inspirador? Más que eso. Espero que lo disfrutéis.

    1ª parte: http://www.youtube.com/watch?v=9582NStUdqU&feature=related

    2ª parte:http://www.youtube.com/watch?v=BUBPX28_mAE&feature=related

  6. laMari Says:

    Creo que hubo un problemilla con la 2ª parte. Ahí va: http://www.youtube.com/watch?v=BUBPX28_mAE&feature=related

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