Y una chacona (Passacaglia III de II)

Me siento en paz, que es lo mismo que decir que me siento vacío. Tengo envidia de la gente que puede proyectarse hacia delante a partir de la tranquilidad. Necesito la confrontación interna para que de la colisión nazca el movimiento, el punto intermedio, la emoción. La felicidad no me invita a mejorar, me obliga a detenerme para intentar encontrar un punto estable en el que permanecer inmóvil… Temo a la felicidad. Deseo ser feliz. Anhelo dejar de tener la necesidad de expresar emociones, porque eso significará que estoy en calma… Espera, a lo mejor eso no es del todo cierto.

Se agita bajo mi brazo. Entre mi brazo y mi pecho. Tiene frío. Reconozco perfectamente el sonido que hace. Es una aspiración de aire que penetra en la boca a través de la pequeña abertura que se crea entre el labio inferior y los dientes superiores. Se acurruca más contra mí, se recoge más sobre sí misma y me hace sentir impotente al no poder calentar su cuerpo.

No puedo quedarme dormido. Son las siete de la mañana y en vez de estar follando estamos en el sofá, abrazados. Ella dormida y con frío. Yo despierto y caliente… en los dos sentidos. Ni siquiera quiero pensar en cómo hemos llegado a esta situación. Son cosas que pasan, aunque resulten increíbles, pero uno nunca sabe cómo va a terminar la noche cuando la empieza. Supongo que eso es lo que le da gracia al asunto.

De la contradicción nace el punto intermedio. Del deseo de retroceder y avanzar a la vez surge la respuesta o, simplemente, una tercera opción. Improviso. Me dejo llevar intentando distinguir aquellos caminos que no transito por miedo de aquellos que jamás recorreré por principios. No es fácil.

Debería hacerme una foto y colgarla en la cuenta que no tengo de Facebook. Seguro que estoy tiernísimo. Me promocionaría como si fuese un juguete. No sé, un osito abrazador… un Abrazoso o algo así… Y encima sigue haciendo el dichoso ruidito y buscando más calor allí donde no lo hay. La calefacción está rota. En breve tendré que levantarme a buscar otra manta.

Con casi treinta años debería conocerme mejor… A lo mejor ya lo hago y la única característica que me define es la propia incertidumbre, la incapacidad para tomar decisiones y aún así aparentar una inquebrantable firmeza de carácter. Cuando la duda se convierte en seguridad, a ojos de los demás puede considerarse que has transformado la inconstancia en una constante.

Tanteo la posibilidad de deslizar una mano por el muslo de ella, que sigue profundamente dormida… La muy hija de puta. Pienso en una película X. Podría notar la fricción de mis manos en su pierna; despertarse de repente pensando en sexo y encontrarme ahí, al lado, anhelando satisfacer sus deseos. Pero no, en lugar de eso sigue durmiendo plácidamente. Tan plácidamente que no puedo resistir el impulso de acariciarla cuando le retiro un mechón de pelo de la cara. No se despierta… Bien, por el momento no habrá demanda legal por intento de violación. Vuelvo a juguetear con el mechón. Esto ya es puro vicio o adicción al riesgo, porque tampoco es que tenga tantas ganas de hacerlo.

Me pregunto dónde andará mi crisis de los treinta. A lo mejor no la paso porque nunca he tenido demasiadas esperanzas puestas en mi vida. Hay gente que se imaginaba casada y con dos hijas. Yo me veía en mi casa, muerto de asco, en la cárcel, desintoxicación, deprimido, terrorista… Cosas así, divertidas. Claro, que otra posibilidad es que lleve al filo del abismo desde los quince años, lo que haría de la crisis un estado natural de mi persona… No, dudo que sea tan guay como para llevar quince años en crisis existencial. Casi seguro que lo que me pasa es que soy gilipollas.

Le susurro unas palabras al oído con la esperanza de que se asienten en algún recóndito e influyente rincón de su mente, de que las recuerde al despertar: “Deseas que te penetre salvajemente”.

Sí, va a ser que soy un gilipollas.

¿En qué estaba pensando yo hace un momento? Ni siquiera me acuerdo. Isabel es taaaaaan mona… Espera no, que se llama Monica. Mierda. Desde hace un buen rato me estoy equivocando de nombre cada vez que la miro. Dios, que triste. Estoy teniendo pensamientos elevados con el nombre equivocado. Y yo que me quería casar con ella. O por lo menos desnudarla, acariciar su cuerpo y hacer todas esas cosas que tan bien hago en mi imaginación.

Suspiro profundamente.

Es tan bonito desnudar a una chica y practicar el sexo con ella.

Pues vale, habrá que acostumbrarse a ser un capullo. La estrecho contra mi pecho y me siento mejor. Creo que ella se imagina que está con su novio, un tipo fantástico por cierto, porque me devuelve el abrazo. No sé qué hace conmigo si tiene un chico que es como un gizmo imitando a Elvis Presley.

Me siento mezquino por semi traicionar a gizmo, pero poco y de un modo bastante cínico, la verdad.

Empiezo a tararear mentalmente una canción… Me alegro de estar en el sofá. No hay confrontación, no hay avance, retroceso ni grandes revelaciones. De este instante preciso no va a nacer nada que no sea una estúpida sensación de alegría por estar vivo. Sonrío. Le doy las gracias mentalmente a… Mónica, es Mónica, acuérdate ya carajo. Quedará mal que se lo cuente a los amigos, pero la maravillosa Mónica, la tierna Mónica, la muy besable y abrazable Mónica, la calientapollas de Mónica es como un pequeño oasis en medio del desierto.

Mañana me busco un drama que me reconvierta en un alma torturada. Hoy me conformo con sentir un poquito de calor humano.

Gracias Mónica.

Vuelvo a retirarle el pelo de la cara. Ni por impulso ni por vicio, sólo porque me da la gana. Me recreo viéndola dormir.

Bostezo. Empieza a entrarme sueño. Ella tirita. La madre que te pario. Hago auténticos malabares para ponerme en pie sin despertarla. Voy a buscar otra manta… y a echar una meadita de paso.

9 comentarios to “Y una chacona (Passacaglia III de II)”

  1. G. Lazslo Says:

    Contado en MariTere´s con un uruguayo delante tuvo más gracia jejeje. Grande Silvio, quien iba a pensar que ese “puedo ir a dormir a tu casa” era literal eh?

  2. Mantenido Says:

    De que conoces tú “La chacona”?
    En tiempos, formó parte del repertorio de la Girándola.

    Tu historia da un poco de miedo, no?

  3. Destino Says:

    No os podéis imaginar lo buena que estaba la tía. Porque la historia… es absolútamente real. Y sí, es muy besable. Y su descripción omite las palabras (aunque las pone entre líneas) de: Deliciosamente pecadora…

    • silvio11 Says:

      Señores que nos perdemos. Esta historia no es más real que la anécdota que podamos haber tenido todos con una u otra muchacha. Yo mismo tengo un par que me han servido de inspiración, pero hay un importante grado de ficción en todo lo aquí relatado, así que no busquemos las tres patas al gato. Lo único cierto son mis constantemente sucios pensamientos. Y sobre el comentario de Destino, pues creo que ya va quedando claro que a veces tiende a exagerar.

      David, la encontre de casualidad. Resulta que empollando qué era un passacaglia descubrí que era una especie de versión italiana de la chacona, aunque las dos eran originarias de España. No debí entenderlo bien porque no me quedó claro, como habrás deducido, así que me puse a escuchar chaconas y dí con esta, que me pareció muy buen rollista. De hecho, ayer le dije a Ballestas que era mi himno para el partido del Casar… y funcionó… Tengo que hacer algún post de basket. Por cierto, que me sonaba la canción. Ahora sé de qué. Si conoces más que molen, bro, ilústrame, que el youtube es muy limitadito

  4. Eso, mentirosoooo!!!!! (es que me apetece meter cizaña!)

  5. Esto es sólo el principio… Y de 9 insano nada! Malditos 4, dementes todos!

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