MAGIA (III de III)

Ilustraciones: Patricia Dubreuil

Abrió los ojos. Una mariposa gigante, casi tan grande como el mago, pasó volando ante él a toda velocidad. Era morada. Familiar. Era la mariposa de Ada. Todavía la estaba mirando cuando una niña de unos diez años la siguió corriendo.

– Vuelve, no te vayas.- Gritaba.

A Miguel le resultaban conocidos los rasgos de la niña. Era Ada.

– Ada. – Grito entusiasmado.

La niña se giró para mirarle.

Iba tocada con una especie de corona de juguete y, al observarla fijamente, uno podía distinguir lo que realmente sería de lo que podría ser. Los trazos concretos que componen la personalidad de una persona, de aquellos que sólo son un boceto sobre el papel.

– Es un sueño.- Le explicó el mago, que permanecía sentado a su lado.- El alma está compuesta de sueños, deseos, ilusiones, fantasías, miedos, amor, odio… Lo que hemos sido y lo que podemos ser representan el 90 por ciento de los que seremos. – El mago miró a su alrededor. Cientos de Adas corrían de un lado para otro.- Esto va a ser difícil Miguel.

A unos metros de ellos, un Ada de unos 30 años lloraba amargamente, sentada en una silla, sin más compañía que sus propias lágrimas. Miguel se levantó y trató de caminar hacia ella, pero, al verle, la porción de suelo en la que se encontraba la chica se elevó en el aire y salió disparada hacia el cielo.

– No quiere que la alcancen. Prefiere estar sola para poder llorar tranquilamente por su soledad.

Risas. Miguel se giró y vio a Ada, con la cara llena de arrugas, jugar con unos niños que no debían superar los seis años. Parecía divertifo. Miguel quiso ir a jugar con ellos, pero el mago le detuvo.

– Tampoco es verdad, no pierdas el tiempo. Por ahora, la mayor parte son fantasías que se repiten en infinidad de versiones de sí mismas.

El mago miró a su alrededor y sonrió satisfecho.

– Al menos hemos tenido suerte. Al ser la última alma que ha devorado el hada, todo está aquí, al principio de su estómago. Cuanto más tiempo esperemos, más se irá apelotonando con el resto de almas que se ha tragado… Malditas hadas, siempre creen que la mejor solución para los problemas es quitarle el alma a la gente.

Empezaron a caminar lentamente a través de una cosa muy esponjosa que a Miguel le hizo pensar en la palabra dafur.

– Cuando consiguen acabar con las lágrimas se marchan corriendo, por eso no echan de menos las risas sinceras.

El eco de unas voces llegó desde todas partes. No decían nada con sentido, pero a Miguel le resultaban familiares. Eran los papás de Ada. Su tío le hacía sentir seguro. Su tía generaba calor dentro del pecho. Se detuvo un momento e inspiró las palabras por la nariz sin ninguna dificultad. Se llenó los pulmones con su seguridad y su candor. Le entraron ganas de sentarse en el suelo y no avanzar un solo metro más.

– Miguel, vamos. A todos nos gustaría quedarnos a vivir en los buenos momentos, pero no puede ser, hay que seguir avanzando. Ningún buen momento es eterno. La gracia está en buscar una sucesión eterna de buenos momentos.- Le comentó sonriendo.

Llegaron hasta un punto en el que la sencillez de los sueños y temores de Ada se convertían en cosas más… enrevesadas. Un señor mayor y feo hacía muchos trabajos, a cada cual más complejo que el anterior, mientras un grupo de personas le observaban y aplaudían.

– No ama Ada.

– Ya. – Corroboró el mago que, pese a todo, avanzó unos metros para asegurarse de que no había ninguna parte del alma de la niña que se hubiese mezclado con la de aquel adulto. – Si sólo la quería para esto, tampoco es que le estuviera dando demasiado uso.- Comentó mientras veías escenas laborales, sexuales y algún que otro miedo egoísta.

Cuando regresó con Miguel, se dieron la vuelta para ver los millones y millones de Adas que debían llevar… a dónde. No tenían muy claro cómo sacarlas de allí. Miguel preguntó con la mirada al hechicero.

– Tampoco es que yo sea un experto en estos temas… ¿Tienes una bolsa grande en las que meterlas a todas?

Miguel negó con la cabeza sin apartar la vista de él.

– Vaaaaaaaaaaaaaya.

– Utilizar los recuerdos. – La voz, femenina, llegó desde el suelo, donde estaba tumbada un Ada adolescente. Tenía vaqueros, las piernas flexionadas y un montón de revistas la rodeaban. Ni siquiera apartó la vista de la que estaba leyendo, una de cine.

– ¿Qué has dicho?- Preguntó el mago.

– Todavía soy pequeña, así que todos mis sentimientos, emociones y sueños tienen un punto en común, el pasado desde el que se proyectan al futuro. Cuando sea mayor seré un poco de todo lo que me haya pasado. Las experiencias que viva y la gente que conozca me irán formando, pero ahora mismo, casi todo nace de de dos o tres recuerdos

El mago pensó que le molestaba hablar con una chica a la que ni siquiera podía ver la cara, pero sus palabras tenían lógica.

– Buscar algo que tenga suficiente fuerza como para atraer a todas las versiones de mí misma que hay andando por aquí y hacer que os sigan hacia la salida.

Miguel levantó la mirada… La salida. Era fácil. Si en una dirección estaban las almas que se iban mezclando unas con otras, en la contraria debía estar la salida, ¿no?

– Pues sí que eres lista. – Reconoció el mago.

– Ya, es que por ahora me paso todo el día en la cuna, menos cuando estoy jugando con papa y mama, comiendo o durmiendo… Cuando eres un bebe tienes mucho tiempo para pensar. Lo que te fallan son las cuerdas vocales.

Un recuerdo poderoso. De repente, Miguel tuvo una idea. Un recuerdo poderoso y reciente que pudiera ser significativo para Ada… Su mariposa.

Tras pasar varios minutos lanzándole miguitas de pan, el mago y Miguel consiguieron atraer a la mariposa gigante lo suficiente como para explicarle la situación. Ella accedió a ayudarle e incluso le dio una buena idea a Miguel, que se hizo con una cajita de barro fabricada por un Ada ceramista para atrapar en ella las voces de sus tíos. Después, montado a lomos de la mariposa, fue dejando escapar pequeñas ráfagas de palabras dulces, seguras y calidas. Las Adas de todas las edades levantaron sus cabezas hacia el cielo, incluso la adolescente que leía revistas, y comenzaron a seguirles. El mago, desde el suelo, vigilaba que ninguna se quedase rezagada.

Todo el futuro y los sueños de Ada persiguieron sus recuerdos, buenos y malos. A la gente que querían y que aún estaba esperándolas. A los seres fabulosos que adoraban y que ya se habían ido, para siempre, pero que seguían dentro de ellas. Todo el futuro buscó el pasado mientras el pasado viajaba hacia el futuro para unirse en un solo tiempo, el presente en el que se viven los sueños que alguna vez tuvimos, en el que se añoran los sueños que alguna vez perdimos, y en el que se anhelan los sueños que pretendemos convertir en realidad. Qué es un alma si no sueños, se preguntó el mago, si no recuerdos. Caminó despacito, disfrutando del olor a ahora que lo inundaba todo.

Cuando volvió a casa, Miguel, cansado, se guardó al mago en el bolsillo y apenas tuvo tiempo de meterse en la cama antes de quedar profundamente dormido.

En su cuna, Ada abrió los ojos y recordó a la mariposa. Sintió ganas de llorar porque ya no estaba, pero sonrió al sentirse afortunada de haberla conocido.

3 comentarios to “MAGIA (III de III)”

  1. PatriDubre Says:

    Que pensará Ada de mayor cuando lea esto?
    No se quién tiene más suerte; si ella por tener a alguien que le escriba cosas así, o tu por tener una musa como ella jeje🙂

    • Mantenido Says:

      Está claro que tiene más suerte Ada. Silvio escribe sobre lo que sea.

      • silvio11 Says:

        Suerte la mía por tener a mis sobrino. Eso ni se pone en duda.

        Creo que, con tanta sonrisita final, esta puede ser la semana más ñoña del blog, por si no os habíais dado cuenta.

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