Recuerdos de mi tigre (Mi tigre II de II)

Mi tigre tenía un nombre que no le puse yo.

Vivía en el salpicadero de mi coche, pero un día desapareció.

Creo que aprovechó un despiste. Buena parte del peso de su cuerpo lo tenía concentrado en la cabeza. Supongo que esperó un frenazo, pensó muy fuerte para que sus pensamientos rompiesen el equilibrio que le mantenía estático, y se dejó caer fuera del coche.

Mi tigre no anda, es de felpa, pero puede concentrarse y hacer que unas partes de su cuerpo pesen más que otras. La sale especialmente bien si tiene agua cerca. También es un experto en aprovechar la inercia para dejarse caer hacia un lado u otro.

Nunca estuve seguro de si se marchó o si le eché sin darme cuenta.

Dicen que esas cosas pasan, que echas a alguien de tu vida sin darte cuenta, sólo por no prestarle atención, tratarle mal… No sé.

A veces pienso que nunca debí permitir que le pusieran un nombre. A lo mejor eso le molestó. Era mi tigre. No necesitaba un nombre porque era el único tigre que había cerca. No había más tigre que él. Si yo hablaba de mi tigre, estaba claro a quién me refería. A lo mejor se pensó que al ponerle nombre le estaba vulgarizando, que tenía más tigres por ahí y que necesitaba ponerles nombre para diferenciarlos a todos.

Menuda estupidez.

Pero tiene su parte de razón. Si un amigo es Amigo, si cada vez que dices esa palabra todo el mundo sabe a quién te estás refiriendo, entonces ¿por qué vas a ponerle otro nombre? Cuando llamas a alguien, también te estás identificando. Dependiendo del nombre que utilices, su usuario sabe a qué círculo de su vida perteneces. Es un poco como cuando las parejas se llaman cariño o cari, que es una horterada, pero convierte a una persona en un todo. Es bonito ser un todo. A lo mejor se pensó que al ponerle nombre le convertíamos en una parte, que ya no era un todo.

Yo también me ofendería si dejase de ser un todo.

A lo mejor simplemente tomé una curva a demasiada velocidad, con la ventanilla abierta, y mi tigre salió disparado de mi coche y de mi vida…

Es duro pensar eso. No pudo gritarme. Los tigres de felpa no pueden gritar alto. Les pica la garganta cada vez que lo intentan.

Mi tigre llego a mi vida cuando le necesitaba. Me sentía solo y él estaba esperándome en una gasolinera. Te regalaban un tigre de peluche con un repostaje superior a los 20 euros. En realidad no me iba a tocar él, pero cuando me vio supo que le necesitaba, así que se saltó un par de puestos en la fila y se vino conmigo.

Congeniamos rápido, aunque siempre tuvo más habilidad entenderse con las mujeres. No le costó nada hacer comprender a Patri que lo de los collares no iba con él. Por eso le liberó y le quitó el que le habían puesto en la ESO. Pude escuchar claramente su primera bocanada de aire como un tigre libre. Así aprendí a odiar los collares. Bueno, ya los odiaba de antes, pero ese día supe que estaba bien odiarlos.

Cuando yo tenía ganas de llorar, se venía conmigo en coche. Dimos largos paseos por la lluviosa primavera de la campiña. A él le encantaban esos verdes tan intensos. Me hizo prometer, siempre con su silencio, que un día le llevaría a Galicia o Asturias para sepultarnos en el verde.

También le gustaba Bruce Springsteen, sobre todo Magic.

Escuchaba mis delirios, aunque lo hacía con una pose extraña, con la cabeza torcida hacia mí mientras su cuerpo apuntaba en otra dirección. Era como si supiera que debía marcharse, pero estuviese demorando su partida sólo para que yo pudiera desahogarme del todo.

Mi tigre es serio y tiene imán para las féminas, pero es un compañero de batallas más que un amigo de esos que dan abrazos. Me enseñó que cuando descubres a un mentiroso, lo mejor que puedes hacer es quedarte callado y dejar que siga mintiendo. Ya no te puede importar lo que esa persona diga, pero tienes ventaja. Si se da cuenta de que le has pillado, a lo mejor inventa una forma nueva de mentir y entonces sí que consigue engañarte. Él siempre aguantaba impasible todas las mentiras.

Mi tigre era duro conmigo, como los maestros más exigentes, pero siempre estaba ahí. Silencioso y fiel.

Hasta que se marchó.

En el fondo fui un poco tonto por no adivinar lo que pasaría. Hay mucha gente que necesita tener un tigre en su vida, pero ellos cada vez son menos, así que tienen que repartirse. No pueden quedarse sólo con una persona. Son demasiado valiosos.

Le busqué un par de días, pero es difícil encontrar a un tigre cuando quiere macharse.

Además, soy consciente de que no me puede escribir. Al menos, no con esas patas de felpa… y tampoco sabría que ponerme en la carta. ¿Qué me echa menos? No va con él. ¿Qué espera que sea feliz? No va conmigo. Supongo que él y yo nos pensamos, como se piensa a los amigos a los que ya no puedes ver, con los que ya no puedes hablar. Él y yo nos cuidamos desde la distancia y siempre tenemos una parte de nuestro espíritu pendiente del otro. Cerramos los ojos y nos vemos.

Ya, es difícil de entender… Lo siento. Supongo que estoy unido a mi tigre de felpa por un invisible hilo mágico, y la magia no es fácil de explicar.

Mi tigre en posición de descanso.                Ilustración: Patricia DubreuilMi tigre en posición de descanso.

Ilustración: Patricia Dubreuil

6 comentarios to “Recuerdos de mi tigre (Mi tigre II de II)”

  1. atenea Says:

    Estreno tu solitario post.
    Puedes comprarte un gato y dejar de hablar con seres inertes para hacerlo con seres vivos que tampoco te entenderán… Te pedirá comida y te arañará los muebles, pero también te dará un cálido mimo cuando lo necesites y, créeme, es tan reconfortante como el que te pueda dar un ser humano… Y cuando te sientas solo podrás acudir a su regazo para sentir su calorcito… -y no sigo que a mí se me ve el plumero-.
    Tu zarpa qué tal?
    Saluda al polaco de mi parte.

  2. silvio11 Says:

    Ya tengo dos animales de compañía en casa. Uno está enjaulado y el otro debería estarlo… No, en serio, no tengo estómago para tener seres vivos a mi cargo.

    La zarpa bien… con muletas y todo eso, pero a base de tener una eterna mala suerte (tu y yo sabemos a quién se debe) he aprendido a mantenerme firme en mis ideas y a pedirle poquito a la vida. Este viaje tiene dos razones de ser: ver a los polacos y conocer el sitio más parecido al infierno que puede haber existido en la tierra. Podré cumplir con las dos, aunque sea a la pata coja o rastrándome por el suelo. Allí donde no nos lleva el destino tenemos que llegar por nuestra propia fuerza de voluntad, no?

    • atenea Says:

      Te vas a ir a Polonia con muletas??? Desde luego, va a ser un viaje emocionante😉 Yo últimamente no levanto cabeza. Cada amanecer es un pequeño ejercicio de valentía. Hoy me ha pasado otra, pero no me apetece ni siquiera contarlo. Me río de mis desgracias. He pensado en comprar una ristra de ajos. Te pillo una de paso??😉
      Quieres conocer el infierno?? Sabes que no hace falta viajar para tenerlo muy cerca… pero seguro que te hará bien ver a los polacos y hacer turismo… aunque sea a la pata coja -Coco puede enseñarte-.
      Yo no creo que el destino nos lleve a ninguna parte. Sería muy fácil, no? esperar, simplemente, a que las cosas sucedieran. Yo creo que son nuestras decisiones las que dibujan el camino… más o menos.

  3. Destino Says:

    ¿Que puñetas signifique que debería estar encerrado?. A lo mejor el que debería estar encerrado eres tú, pedazo de abrazafarolas.

    No creas que no puedo robarte más suerte. Es más, me parece que es demasiada la que tienes. No tientes a la suerte. No me tientes muchacho…

    Y el destino existe.

    Es todo lo que tengo que decir.

    Pd: Que guapa Atenea…

    • atenea Says:

      Yo más que encerrarte te arrimaría una criptonita o algo similar para cuando te diera por sisarle la suerte al personal… o cuando te diera por ganarme a piedra, papel o tijera, tramposo!!

  4. 🙂

    me encanta Raya

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