Sin palabras (Una noche, tres ideas: I de III)

No podía encontrar las palabras.

No puedo escribir nada esta noche,

ni esta madrugada, ni este día,

ni este año, ni esta vida.

Ninguna palabra podrá describirlo,

por fortuna.

Así será mio, siempre.

No podré compartirlo aunque me grite dentro del pecho

porque no podré comprender lo que dice.

No podré entender sus palabras y convertirlas en las mías

para que otros lo entiendan.

Mio, siempre mio.

Veré la sombra de tu presencia

pasear desnuda por la habitación,

recorrer desnuda el aire

dejando a su paso un aroma de nostalgia.

Y aún así no podré encontrar las palabras.

Escucharé al fantasma de tu ausencia reirse de mis bromas,

tus silenciosas carcajadas rebotarán en la paredes de la habitación,

más oscura que nunca desde que no estás,

y el viento traerá a mí tu presencia desaparecida,

única, ensordecedora.

Me enterraré bajo la almohada para no escuchar el silencio.

Y, por suerte, no encontraré las palabras.

La angustia se me agarrará al pecho.

Seguiré diciendo una estupidez después de otra.

El lado de tu cama, que siempre fue el mio, permanecerá helado

y yo me moriré de frío con él.

Y no habrá palabras…

espero que no haya palabras,

que nadie las encuentre nunca,

Será un acertijo que se esconde en el fondo de mis ojos,

una fábula sin moraleja,

un cuento sin sentido,

una lagrima derramada Dios sabe dónde y por quién.

Mientras no existan palabras para explicarlo,

será mío,

sólo mío,

como el fantasma que atraviesa el mínimo espacio vacío que separa mi alma de mi corazón

provocando el caos a su paso.

Y sentado en la cama,

en la oscuridad de mis recuerdos,

seguiré buscando unas palabras que no quiero encontrar,

sólo para asegurarme de que no existen.

Una respuesta to “Sin palabras (Una noche, tres ideas: I de III)”

  1. silvio11 Says:

    SOy Destino.

    Redios. Me desdigo. Es una de las mejores poesías románticas que he leído en mi vida. Genial. Dolor desgarrado en estado puro.

    Poesía, sin lugar a dudas. Becker en estado puro.

    Sí señor. Muy buena.

    Me recuerda, por otro lado, a la canción de Aute de Jacks “y a esa rubia consentida…”

    Brutal.

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