Lugares comunes (Polonia III de ???)

Llueve en el Parque Jordana. Una pareja se abraza en un banco, indiferente a todo. Como un estudioso de la materia, les fotografío. Mal, por cierto. Creo que tenía que haber forzado más el ángulo para intentar ponerles a la altura de la cabeza de la estatua. Me doy cuenta de que estoy a años luz de ellos… Puta indiferencia. 

Cracovia tiene la mayor plaza medieval de Europa, pero no impresiona tanto. La antigua lonja del mercado, ahora en obras, ocupa el centro. La inmensidad se intuye, no se ve. El día antes de volver a casa, una maravillosa luna llena se esfuerza por asomar sobre los andamios que rodean el edificio. Me hace pensar en lo de siempre, en mis lugares comunes.

“Aquí el café es caro y, en muchos sitios, malo”. Cerca del trabajo de nuestros anfitriones hay una cafetería. Tienen razón, no es bueno, pero regalan un trozo de tarta de manzana con él. Un cartel rojo putiferio anuncia la existencia de una zona de no fumadores. Charlamos. Imaginarnos jóvenes, con ganas de aventuras y despreocupados es casi una utopía. Los 30 son el referente que nos preocupa a todos por igual. La primera piedra de toque seria que plantea la vida. ¿Qué querías ser? ¿Qué eres? Juego con ventaja, nunca he sabido qué querría ser con 30 años, pero tampoco tanta, porque ya va siendo hora de que elija algo. “Estamos en el disparadero”. Tengo la sensación de ser la bala que está en la recámara. El único problema es que la pistola no apunta en ninguna dirección concreta. Da vueltas y vueltas sobre la mesa, como si fuera un juego de la ruleta rusa.

¿De qué habla la gente en los parques? No consigo recordar de qué he hablado yo en un parque con nadie. Lo único serio que he hecho en un parque ha sido leer El Principito una y otra vez. Subrayar frases, convertir párrafos en diálogos… También fue en un parque donde quedó claro que ya no podríamos volver a querernos más. ¿Ya han pasado años desde aquello? Era de noche y la hierba estaba mojada. Entonces era demasiado joven, creía que la respuesta tenía nombre de mujer.

Los alrededores de la Plaza del Mercado están delimitados por un parque que no sé cómo se llama. Lo rodea por tres de sus cuatro lados. En el cuarto hay un río. En uno de esos tres lados del parque hay un banco. Manudo y yo nos sentamos allí un par de días. Los días, por el sol, son primaverales. Hace un poco de frío, pero hablamos de nuestros lugares comunes, el baloncesto, su iglesia y mi alcohol. Vaya, resulta que sí he hablado de algo con alguien en un parque. Corremos el peligro de olvidar algunas cosas maravillosas sólo porque son cotidianas… que injusto.

Hace poco, una ola de frío helaba hasta los huesos Cracovia. Sin embargo, en estos días ha salido el sol. La gente se desperdiga por las orillas del río. Disfrutan, se les ve felices. Es lo bueno de los inviernos largos, cuando terminan hace mucha más ilusión.

 

Guadalajara. Son las diez de la noche, quizás las once. Es un alivio haber olvidado la hora exacta. Continúo con la adaptación teatral de El Principito. El libro cada vez parece más una herramienta de trabajo. Algún día me preguntaré si merece la pena regalárselo a alguien. Ese libro es un mundo para mí. Es mi posibilidad de demostrar que soy digno. Espero en el Palacio del Infantado. Siempre pasa por allí, cada vez que va a casa. Siempre llego a la hora a la que se supone que debería pasar. Me siento y me pongo a escribir mientras espero. Nunca pasa. Meses después representamos la obra. No la recupero. No importa. Siento que he hecho algo grande, aunque sea por las razones equivocadas. El resto de la gente es feliz. Sonrío al verles. Resulta que sí he conseguido el objetivo, sólo que no sabía cuál era realmente. Ella no tenía la respuesta, sólo formaba parte del camino. Si no hubiese estado en mis sueños no habría podido hacerlo. ¿Acaso es eso malo?

Durante la madrugada del martes, llueve en Cracovia. Leo sentado en el suelo, apoyado en una puerta, con una solitaria luz sobre la cabeza. Intuyo las carcajadas que soltará  cuando lea este párrafo porque allí, entonces, ya sé que voy a escribirlo. “Te has fabricado un personaje”. Tiene razón. Yo mismo empiezo a confundir los límites que separan al personaje literario del real. En este caso, es culpa suya. Es su casa, que me inspira. Antes de la Segunda Guerra Mundial éste era el barrio de los intelectuales. Con la llegada de las armas al país, el hombre se encargó de eliminar el pensamiento y la sensibilidad. Más de medio siglo después, seguimos perdidos en un desierto de pragmatismo.

Todavía no tengo claro qué es la poesía, pero sí sé qué es lo que me gusta. Confiesa ser consciente de que visita lugares comunes, sus lugares comunes, que no mis lugares comunes. Me pregunto si la única forma de conocer todos nuestros lugares comunes es que cada uno escriba sobre los suyos. Me pregunto cuánto perdemos por no animar a la gente a expresarse a través de letras, dibujos, acordes o escultura. Aborrezco el arte porque no permite que saquemos a flote el pequeño artista que se esconde asustado en nuestro interior. Anhelo conocer más lugares comunes, acercarme a los miedos y frustraciones de otra persona. ¿Por qué nos esforzamos en alargar un segundo de sufrimiento? Lo estiramos sólo para encontrar la forma correcta de verbalizarlo sin saber que, de tanto estirar, a veces el sentimiento se rompe.

Los lugares comunes se configuran en un lugar común, el que dibujan mis sentimientos. Sus lugares comunes podrían ser mis lugares comunes si yo tuviera otra vida. Les veo en ese pequeño cuarto en el que “no hay chimenea, pero si mucho amor”. Mis lugares comunes son mezquinos. Me doy cuenta de que lo único que anhelo es lo que me falta a mí, ellas. Es triste darte cuenta de que sólo aspiras a satisfacer tus propias necesidades. Te hace sentir como uno de los malos.

– Necesito algo más grande que yo mismo en lo que poder creer.

Tanto tiempo creyendo que lo que me faltaba era el amor… y resulta que necesito algo inspirador, una causa. Me di cuenta en el aeropuerto de una ciudad que no conozco, Munich. Lo siento en el alma mientras ella se marcha de mi cama en medio de la noche y no la sigo. Me preguntó por qué mi corazón puede sentir tanto dolor, pero no ser capaz de amar. Lo veo con claridad ahora, mientras escribo un montón de tonterías en vez de hacer un trabajo que no me importa. Descubro que el intento de derribar mi lugar común no es más que la lucha por saber si realmente estoy dispuesto a llegar hasta el final del camino que he elegido, a ser consecuente conmigo mismo.

 

En Auschwitz hay una vía de tren. Los nazis construyeron un campo de concentración a su alrededor. Algunos de los viajeros que llegaban hasta allí eran enviados a la cámara de gas. Otros eran elegidos como trabajadores, aunque la esperanza de vida tampoco era demasiado elevada para ellos. Otro lugar común. A veces, las comparaciones sólo sirven para que nos demos cuenta de lo mezquinos y pequeños que somos.

No me gusta ser un títere, así que decido hacer algo con mi vida. Es probable que cada decisión no sea nada más que un nuevo error, pero lo importante es asumir la propia responsabilidad cuando uno descubre ese error. Tomas otra decisión y vuelves a meter la pata. Y así una y otra vez. Por probabilidad, en algún momento acertaras. Si el pasado se configura en forma de despedida, el futuro siempre es un saludo, ¿no?

Me pregunto si tengo el valor necesario para intentar proyectarme más allá de mis propios deseos y necesidades.

12 comentarios to “Lugares comunes (Polonia III de ???)”

  1. Mantenido Says:

    Qué bonita Polonia.
    Qué bien la describes.
    Dan ganas de ir.

  2. silvio11 Says:

    Soy Destino.

    Cuanta tristeza desprenden tus palabras…

    Y dudo que sea Polonia la inspiración de esa tristeza.

    La verdad es que relativamente fácil imaginarse tomando una cerveza apollado contra uno de los muros de ese campo de concentración.

    El mismo cielo. La misma luna. Probablemente una gran tristeza, aunque en un contexto tan distinto… probablemente la misma cerveza…

  3. Escribir textos así, como otros, ya suponen una decisión y una voluntad que muchos anhelarían (anhelaríamos) tener.
    Desde que se marcharon las visitas el sol no ha vuelto a aparecer por Cracovia. Y no es una metáfora.

    PD. No me he reído, he sonreído. Al menos así ha reaccionado mi personaje.

    • Rafa el hombre hierático. Un saludo desde Guadalajara a tí y a tu chica. Te has equivocado de siglo, lo tuyo es del XIX; ya sabes el de los pronunciamientos, el amor puro y el recitar versos en los cementerios, a la luz de la luna bajo un ciprés…

      • Lo mismo digo, Heráclito. Cuando le digo a Silvio11 que le dé recuerdos a la buena gente que le rodea me refiero, entre otros, a vosotros. Esta ciudad te gustaría, un paraíso para un Corredor (excepto en invierno). Y sí, las fotos del post son de primera, aunque el autor no recuerde que el parque se llame Planty🙂

  4. Las fotos, desde mi modesta opinión, son geniales Javi, muy buenas y bueno el texto, ya te lo he dicho más de una vez. Está escrito con el corazón (o con el alma) y eso se nota, pero es que leyendolo puedo sentir tu melancolía, tu tristeza, tus dudas y tus miedos de encontrarte en una encrucijada, de no saber a dónde vamos, pero tu tienes algo que muchos no tenemos, lo puedes REDIMIR, te puedes redimir mediante la literatura, la poesía, es una forma de resarcirte con el mundo, buscar un camino, una vida es en sí mismo un camino y una vida. Javi busca y equívocate, piensa en todo lo que has evolucionado hasta ahora, de los pasos brutales que has dado en tan poco tiempo y lo mucho que has madurado como escritor, como poeta y sobre todo como persona.
    Corre.

  5. laMari Says:

    Sin palabras. Eres muy bueno, tío! Me siento afortunada por tener un “Principito” regalado por tí, y en polacooooooooooo!!!! Todo encaja.

  6. Eiruceiram Says:

    Llego unos días leyendo tu blog, sinceramente me he enganchado desde el primer momento, incluso exijo que no dejes de envolvernos en tus pensamientos, miedos, deseos e ilusiones, aunque se han tristes, o alegres…, Hay tantos lugares por visitar en el mundo, nunca había pensado en Polonia, supongo que tu forma de escribir me ha cautivado para ir a ese lugar. Dejas tu alma al descubierto, es fantástico. Mucha gente puede escribir sobre algo, pero no todos consiguen sumergirnos en su mundo y sentir las emociones que pones en cada texto. Gracias

    • silvio11 Says:

      Muchas gracias por tu comentario. Bienvenida a este pequeño diario, delirio o lo que narices sea. No te preocupes, ya te aburrirás de leer siempre lo mismo una y otra vez. Es muy agrdable que un desconocido te escriba algo como lo que acabas de escribir, de verdad. Le da más sentido a todo esto.

      A los demás paso de contestaros, que ya nos conocemos y lo único que puedo decir es lo mismo que os digo siempre… y no me quiero poner ñoño, cojones… no me quiero poner MÁS ñoño, quería decir.

  7. Infinito Says:

    Gigante.

  8. “Los 30 son el referente que nos preocupa a todos por igual”. Cuando llegas a los 30, dejan de preocuparte. Recuerdo en la adolescencia, qué lejanos los veíamos… Es mejor dejar de plantearnos qué queremos ser, deberíamos empezar a ser.

    “Corremos el peligro de olvidar algunas cosas maravillosas sólo porque son cotidianas… que injusto”. Maravíllate de haberlas disfrutado, qué importa no recordarlas. Volverán más maravillas cotidianas.

    “Es probable que cada decisión no sea nada más que un nuevo error, pero lo importante es asumir la propia responsabilidad cuando uno descubre ese error. Tomas otra decisión y vuelves a meter la pata”. Lo importante es poder cometer errores, poder actuar. La vida es un constante ensayo-error.

    PD.El Principito es, sin duda, un buen libro para regalar.

  9. Destino Says:

    yo me bajo en Atocha

    yo me quedo en Madrid

    Es broma.

    Hay que reconocer que sabes poner tu alma al descubierto perraco. Aún recuerdo cuando nos sentábamos juntos a escribir y lo hacíamos más o menos igual. Menudo cambio. Tus historias molan. Incluso estas (de viajes), que como bien sabes no son de mis preferidas. Sin embargo te leo y joer, me gusta mucho.

    Envidio tu don. Aunque no lo que lo genera.

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