Segundos furtivos

Una mirada al rincón en el que se escondían los segundos fue suficiente. Sintió una profunda tristeza. Estaban allí, a salvo, por ahora. No sabía cuántos eran. No había intentado contarlos. Parecían muy asustados.

Mariela buscó una bolsa en la que poder guardarlos todos. Quería meterlos dentro y llevárselos consigo… Era imposible. Los mismos segundos lo sabían. Por eso no podían dejar de tiritar. El miedo se les había metido dentro.

La joven sopesó la posibilidad de sentarse junto a ellos y darles calor. Eran tan pequeños, tan frágiles.

No le gustaba ver aquello. Pobres segundos perdidos, fugados del orden normal de su realidad. Pertenecían al futuro. No eran segundos del ayer, pues esos ya habían sido devorados por el caminante. Tampoco eran segundos del ahora, que están demasiado ocupados en ser como para cuestionarse quiénes son. Eran segundos del futuro.

Todos y cada uno de ellos conocían de manera exacta lo que ocurriría cuando les tocase ser. Los segundos casi nunca hablan entre sí, pero aquellos lo habían hecho. Uno a otro comenzaron a contarse el pequeño fragmento de historia que les unía. Se entrelazaron a través de sus décimas de segundo y vieron el presente que les aguardaba en el futuro.

Entonces decidieron huir.

Los segundos futuros sólo pueden viajar a través de sueños. Da igual que el soñador esté dormido o despierto, a ellos le basta con que haya alguien soñando, usando la imaginación. Así es como los segundos fugitivos saltan de una a otra persona.

Dos hombres se cruzan por la calle y durante un instante se miran a los ojos. Ese es el momento. Si los dos están pensando en su mañana cuando las pupilas chocan, tienen vía libre para dar el salto. Si están a la defensiva, si se miran con desconfianza, entonces la huida es imposible.

Los segundos fugitivos fueron saltando de humano en humano hasta dar con Mariela. Cada salto lo hacían en cadena. Eran como un látigo invisible y casi eterno que se movía a la velocidad del pensamiento. Por eso no necesitaban nada más que una mínima fracción de sí mismos para cambiar de vida.

En Mariela encontraron lo que buscaban, indeterminación. Confusa, desquiciada y de cabeza loca, en ella no había más futuro que el presente. Los segundos descubrieron que, con ella, su ahora del mañana era un universo de posibilidades, así que comenzaron hacer cábalas sobre lo que les depararía el destino y se olvidaron de continuar huyendo. Fueron dejando pasar el tiempo perdidos en sus propias reflexiones, conversando con otros segundos tan confusos como ellos.

Y así llego el momento de pasar, que es como los segundos llaman a la muerte. Sintieron miedo y decidieron esconderse en un pequeño rincón de la cabeza de Mariela, asustados al no saber qué serían finalmente. Pobres segundos, pensó Mariela, siempre a la deriva y aún así sabiendo demasiado.

Conforme iba llegando la hora, más angustiados se sentían. Pidieron a Mariela que les arrancara del ahora y se los llevara más adelante, pero cómo podía hacer ella eso. Lo único que salió de su cuerpo fue una mirada de ternura y agradecimiento por el tiempo de dudas compartido. Sin darse cuenta, trajo segundos del mañana para que hicieran compañía a esos tan queridos del ahora que se iban. Y a costa de su propio tiempo, vivió dos veces el presente, con el doble de intensidad, sonriendo a la tristeza mientras los sueños que siempre se negaron a ser se perdían en la realidad del presente.

En otra parte del mundo, un señor con bigote y mucho poder se quedaba en blanco durante la firma de un acuerdo multimillonario.

2 comentarios to “Segundos furtivos”

  1. Infinito Says:

    Esto explica muchas cosas..

  2. Destino Says:

    No está mal. Aunque segundas partes nunca fueron buenas. Me quedo con los primeros furtivos. You know.

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