Aprendiendo vivir en el lado menos amable del mundo

Ésta es la historia de un cuento que nunca llegó a ser un cuento. De una princesa que se fundió todos los ahorros del reino en una noche de farra con el dragón más fiero del lugar. Y de un valiente príncipe que se recorrió todos los burdeles de la Tierra Media con un reflectante zapato de cristal en la mano y sin un triste condón que llevarse a la polla.

Y nadie lloró al descubrir que ya no se escribían cuentos como los de antes.

Érase una vez un mundo imperfecto en el que el amor jamás era eterno. Las ranas se convertían en malditos batracios al besarlas. Cuatro enanitos estaban enamorados de Blancanieves y ella no sabía como explicarles que llevaba meses follando con el Lobo Feroz de Caperucita. Y los apuestos caballeros, cansados de luchar por mantener una estúpida reputación, sufrían una auténtica crisis de confianza. No se veían capaces de salvar a nadie… y menos aún a sí mismos.

No vi a nadie llorar al descubrir que el cinismo se había comido a los cuentos.

El sol apenas se atrevía a salir de día de su casa. Y los pocos paseos que daba se terminaban en cuanto veía llegar un grupo de peligrosas nubes. Entonces, corría a esconderse. No había colores verdes en los campos y ni siquiera los villanos tenían ganas de oprimir al mundo.

¿Acaso no merecía la pena llorar por tanta indiferencia?

Una niña de quince años le daba una calada a su cigarrillo. Un muchacho de trece abría su primera cerveza. La lluvia seguía adelante con su firme empeño de limpiar las calles y un par de soñadores se rompían la cabeza al caer directamente desde sus ideales a la realidad.

¿Y acaso a nadie le parece que es necesario llorar cuando hasta los sueños son peligrosos?

Un padre miró a su hijo como quién mira a un extraño. El hijo se dio cuenta de que, por fin, le habían descubierto. Una madre corrió a esconderse del mundo en el cuarto de la limpieza sólo para descubrir que allí se sentía como en casa.

Y nadie derramó una lágrima al ver que toda la verdad del mundo era tristemente cierta.

La calle se convirtió en camino a ninguna parte cuando Nuria empezó a seguir sus propios pasos. La vida fue algo que se quedó atrás cuando Ángel empezó a correr más deprisa que sus propios pensamientos. Y los oscuros deseos de una inexperta pareja estaban peligrosamente cerca de convertirse en realidad cuando Maite dejó que Luís le acariciara la espalda, hasta que su mano llegó al sujetador donde, nerviosa, se detuvo y empezó a tantear el dichoso cierre.

Y ni una lágrima rindió honores a tres de los segundos más bellos del universo.

El mundo siguió siendo gris unos días más… Quizás fueron años. Sólo quienes aprendieron a convertir el blanco en azul, el verde en rojo y algún color triste en algún otro color divertido aprendieron a respirar en medio de la ciudad, sólo quienes aprendieron a bailar al son de la deprimente melodía que marcaba el mundo. Sólo quienes mueven la cabeza y sonríen cuando todos los demás permanecen serios por una soberana tontería, sólo ellos saben que a veces merece la pena llorar por algo, pero no por todo.

4 comentarios to “Aprendiendo vivir en el lado menos amable del mundo”

  1. Es un gran cuento para irse a dormir con una sonrisa, no?🙂

  2. Destino Says:

    Brutal. Genial. De lo mejorcito que te he leído.

    Eso sí, por el amor de dios, ¿por qué etapa estás pasando?.

  3. laMari Says:

    Jeje!!! Me gusta. Lo creas o no, esta mañana ha resucitado Musiquito (oh happy daaaaaaaaaaaaaaaaayyyyyyyyyy!!!!!), y he estado escuchando compulsivamente Lou Reed “Satellite of Love” con Bono (U2).

    Si necesitas inspiración (que creo que no) tengo mogollón de material marginal, ya tú sabes… Sólo te diré “legionario” e “implantes de silicona”. Mi vida es una puta peli de Almodóvar!!!!

  4. Bueno al menos hay un rayo de luz de esperanza, el mundo es una mierda… puede ser, yo creo que en el fonfo no, no crees? sólo con pequeños gestos, pequeñas cosas hacen recuperar la esperanza, hay que trabajar por la esperanza… en el momento que lo hagas, dejarás de escribir!!! ¿poetas felices?

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