Mar

El viaje sólo dura diez minutos. Hace calor dentro del coche y Cesaria Évora entona una melodía sin nombre. Bajo la ventanilla y apoyo el codo sobre la tapicería. El aire se desliza dentro de mi camiseta. La carretera, extendida sobre el mundo como una línea recta sin principio ni final, parece interminable. Apenas un par de coches comparten la nada en la que existo y el sol de media tarde golpea desde el cielo a todos los mortales.

El mundo se divide en dos mitades a ambos lados de la Ronda Norte. A la izquierda, la apocalíptica visión de Aguas Vivas, con sus urbanizaciones a medio nacer o medio morir, según se mire. A la derecha, monte de ciudad. Paisajes infectados por el virus de la urbe que reflejan las sombras de los edificios que les acechan y, aún así, representan la mínima evasión posible del mundo civilizado.

Las corrientes de aire  hinchan mi camiseta, acariciándome el pecho. Y me acuerdo de ti en el breve instante en que me dejo engañar por los sentidos, convenciéndome a mí mismo de que el aire es tu mano que, como el viento, decide volar lejos de mí. Me siento tentado de sacar la cabeza por la ventanilla para conseguir que también acaricies mi pelo, pero al final simplemente lo imagino… y con eso es suficiente.

Desde el carril de incorporación una furgoneta pone los intermitentes, un gesto que se me antoja inocente vista la soledad de la carretera. Aun así, miro por el retrovisor antes de apartarme de su camino. Mi regreso a la realidad aleja las yemas de tus dedos de mi pecho, igual que borra las imaginarias manos que me revuelven el pelo. El hechizo se rompe tan rápido como llegó. No fue más que una sensación que deja una perezosa nostalgia en mi corazón. Tan perezosa que ni siquiera tiene ganas de hacerme daño, sólo se queda ahí, agazapada, en el quicio de la puerta de mi memoria, temerosa de salir al calor de mi corazón. Empatizo con ella y bostezo ligeramente, apartando durante un segundo la vista de la carretera, dejando que el coche se vaya unos centímetros a la derecha justo antes de reforzar la presa que hago con mi mano derecha sobre el volante.

El codo sigue sobre la tapicería, pero el aire ya no es más que aire. Me siento cansado y valoro superficialmente la posibilidad de no llegar nunca a mi destino, de dar la vuelta y no presentarme jamás en la redacción. Sueño con irme a dormir a casa y sudar a tu lado, hasta que me empujes lejos de ti, cansada de no poder pegar ojo, refunfuñando. Entonces, mi ático se transforma en un pequeño pisito situado junto al mar, golpeado por un caluroso color amarillo que perla el sudor sobre nuestros cuerpos, ya tan morenos, que hasta los pelos de mi brazo han adquirido tonalidades doradas.

Me levanto de la cama y camino hasta la puerta, desde donde puedo observar el mar… y olerlo. Me lleno los pulmones con él mientras tú duermes sosegadamente tras de mí, apenas tapada por una finísima y solitaria sábana blanca, casi transparente. Tu respiración se mezcla con el sonido del mar, tan calmado como tu pecho cada vez que, meloso, atrapa el aire y, despiadado, le obliga a abandonar tu cuerpo. El mar y tus inhalaciones se entrelazan. Siento ganas de sentarme en el suelo, en el quicio de la puerta de la fantasía, junto a la nostalgia que se siente en el de mi memoria, para mirar hacia el mar mientras te siento tras de mí, como una presencia tranquilizadora que me permite seguir adelante.

Piso el freno, bajo de marcha, primero a cuarta y luego a tercera. Meto segunda. Hago la rotonda y enfilo hacia el periódico.

No consigo regresar a la casita junto a la playa.

El olor a mar y tu respiración me acompañan el resto de la tarde.

7 comentarios to “Mar”

  1. Destino Says:

    ¡¡¡¡¡¡SSIIIIIIII!!!!!!!

    PRIMER

    LUEGO LO LEO

    • ESo no vale, no?

      • No soy Destino Says:

        ¿Porqué no?. ¿Ande están las reglas?.

        Haber sido más rápida… envidiosilla…

      • Eiruceiram Says:

        No te preocupes Bea, que tu siempre vas a ser en mi espacio la primera y la última. Premio seguro!!!!!!

      • silvio11 Says:

        Bueno me tenéis. Cuando Destino y Atenea no se ponen a tirarse los trastos en medio del blog, vais vosotras y os ponéis a hacer exaltación de la amistad, ¿qué pasa? ¿No habremos bebido Marie?

        Voy a cambiarle el nombre a esto por el del Rincón del cariño o Caricias a tutiplén. Ya sabes, algo como Tienes una carta para tí.

        Bueno, no seré yo el que se oponga al buen rollismo, que falta nos hace a nivel universal. Venga, regalaros abrazos y todo eso.

        Este blog es un sin Dios.

  2. Eiruceiram Says:

    Descalificado De, por no leer el post y hacer un no comentario!!!!!!!!!

    Pd. Javi sigo enganchado a lo que escribes…, una cosa, no me pregunto en que estado lo escribes, sé que lo haces estupendamente en todos, aunque algunos no me gusten…

  3. silvio11 Says:

    Cojonudo, ahora las tonterías de Destino me roban el protagonismo en mi propio blog… La verdad es que no hay reglas y, aunque el comentario se una patochada, comentario es a fin de cuentas, no?

    Me siento incapaz de descalificarle, es así, siempre jugando con la legalidad y reinventando las reglas… incluso escondiendo los manuales de instrucciones para poder imponer sus normas.

    Nada, ha sido prime.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: