Belinda

Cuando la espuma dejó de cabalgar sobre las olas, Belinda se alejó del mar. Revoltosa y de apenas ocho años, raro era verla quieta. Sus padres no se atrevieron a tocarla cuando, tras quitarse sus pequeñas zapatillas de tela, caminó solemne hacia el agua. Formaba pequeñas nubes de arena a su paso cuando los granos, al tratar de aferrarse a sus pies, salían despedidos por el aire. Algunos, los menos, conseguían agarrarse a sus pantorrillas. Otros simplemente volvían a la playa de la que habían salido.

Después, alcanzó la otra arena, la consistente y compactada por el agua. La resaca ya se había retirado y Belinda permaneció inmóvil, esperando. Vio venir la ola de lejos. La vio formarse a partir de la nada, crecer por inercia y efecto de todas las fuerzas que se arremolinaban a su alrededor, en torno a ella, dándole fuerzas de manera desinteresada. Su pequeña boca a penas se abrió un poquito cuando el propio impulso del crecimiento fue formando la cresta que, amenazadora, se erguía frente a ella.

Belinda se sorprendió ante el imposible equilibrio conseguido por el agua al cerrarse sobre sí misma. En realidad, no había equilibrio alguno, sólo agua enredándose. Energía conducida hacia el caos de la propia destrucción. La cresta se rizó y el mar chocó contra sí mismo.

La pequeña sólo podía intuirlo todo y mirar sin comprender, fascinada. A unos pocos metros de ella, sus padres se preguntaban qué era lo que la tenía tan atrapada. La inmensidad, pensaron. Jamás se les ocurrió que pudiera haber sido raptada por los pequeños impulsos autodestructivos del mar.

La cresta de la ola, furiosa con su propio ser, golpeó contra la base que conformaba su unidad, rompiendo el todo que había conformado, soltando espumarajos por la boca como reflejo del ansia de destrucción que dominaba sus movimientos. Sumergiéndose en sí misma antes de luchar por volver a la superficie, convirtiendo el ciclo de la supervivencia racional en lógica de vida abocada al suicidio. Portando el caos a su paso, a ras de suelo, a ras de mar y a ras de las emociones. Moviéndose en todos los frentes a la vez, sin dejar calma en ninguna parte, siendo ejemplo y apóstol de la inercia que acompaña a la libertad desatada.

Durante un segundo, Belinda temió y deseó ser engullida por la energía autodestructiva de la ola, formar parte del mar en sus cíclicos movimientos de orden y caos, de crecimiento y destrucción.

Sus padres no lo vieron. Para ellos, la niña estaba quieta, mirando al mar. No se dieron cuenta de cómo sus manitas se aferraban a la falda floreada que llevaba puesta, reuniendo la mayor cantidad de tela posible en el interior de su puñito asustado.

El miedo de Belinda se disipó cuando la misma ira perdió su fuerza. Toda su perplejidad dejó paso a la decepción al ver la muerte final de la propia energía que, ya sin fuerzas, anegó mansamente el espacio que rodeaba sus pies, sin pasar el límite que marcaban sus tobillos. La niña cerró los ojos para concentrarse en las sensaciones y su piel fue testigo de cómo el agua perdía el impulso que la hacía avanzar. La espuma desapareció.

Cuando el mar comenzó la retirada, se llevó consigo algunos de los granos de arena que estaban bajo los pies de Belinda, que notó como su cuerpo se hundía un poquito más en la playa, comenzando un proceso de fusión que podría convertirla en arena o sumergirla en ella, que a fin de cuentas era lo mismo.

Sin espuma ni mar, Belinda se giró para volver con sus padres. No vio el ciclo de la vida reiniciarse. Ni dedicó un segundo a las huellas que habían dejado sus pies sobre la arena mojada, a menos de un metro de los fragmentos de conchas arrastrados por la marea. Tampoco se fijó en cómo un nuevo lamentón del agua borraba el recuerdo de su paso por aquel punto concreto de la playa de forma implacable.

Belinda sólo pensaba, sin comprenderlo, que para sentir de verdad la fuerza del mar, su auténtica esencia, debía avanzar allí donde las olas suicidas imponen la ley de la ira.

18 comentarios to “Belinda”

  1. Eiruceiram Says:

    Que BONITO el post!!!!!!!!! voy a volver a leerlo

    PD. Jejeje Kitaro!!!!! me gustas, me gusta!!!!

  2. silvio11 Says:

    Gracias por lo de Kitaro. Creo que ya le conocía, pero no recordaba esta canción y la verdad es que me ha gustado.

    • Eiruceiram Says:

      No estabas obligado a utilizarlo ( Kitaro me encanta), sabia que eras capaz de escribir algo maravilloso con este tema. Gracias a ti porque, tus post nos hacen soñar, reflexionar, incluso algunos enfadarnos, sorpresa tras sorpresa…y muchas veces me acompañan en mi soledad.

    • Yo no lo conocía y me ha molado. Gracias Marie. Y a ti también Silvio.

      • silvio11 Says:

        De nada por la parte que me toca. Éste sólo lo he contestado para inflar el número de comentario, ¿se ha notado mucho? Además, has tenido el honor de poner el comentario 800. Eso sí que es de premio y no lo de los ultis y primes… Me imagino a Destino contando todos los comentarios desde este momento para hacerse con el 1.000

  3. laMari Says:

    Te juro que no te braseo más, pero es que ando abducida escuchando el último discazo de Juanlu. Y claro, hay una bachata titutala: “Bachata en Fukuoka”. ¿A quién le mola la bachata? A míiiiiiiii!!! (no todas, sólo las de Guerra). ¿Quién ha estado en Fukuoka? Yo!!!!!!!!!!!! Y en el vídeo sale el dibujo-mapa de una espiral (caracola). Hay que ver qué curiosos son estos puzzles siderales…

    • silvio11 Says:

      Que sepas que me juego la vida con Juanlu (he recibido amenazas), pero yo también tengo ganas de hacer algo con la del Niágara en bicicleta. Lo que pasa es que me exige buen rollismo… y eso es mucho pedirme.

  4. no hay que fiarse de las olas y mucho menos de la playa….siempre puede aparecer un señor tocapelotas a quitarte el cubo y el rastrillo, o un abuelo molón…aunque eso ultimo molaría,porque traería una botella de ron debajo del brazo…y…bueno, que me lío.que deberías ir a la playa🙂

    • silvio11 Says:

      Y los dos sabemos las intenciones que tendría el abuelo con la nieta, jeje. Y ya sabes, lo de la playa toca en breve.

  5. Muy bello y evocador, creo que tus post son ya magistrales, aunque tu no lo sepas… algún día te darás cuenta. Respecto a Kitaro a mi me encanta, cuando tenía 12 o 13 años no paraba de escucharlo, mi padre tenía todos sus discos cuando era fan de la new age, pero es que la música de Kitaro despide un algo especial: energía, calma, meditación… Me gusta.

    • silvio11 Says:

      Ya le conocías y no me lo habías puesto? Bueno, a lo mejor sí que lo habías hecho. LA cosa es que cuando leí el comentario de Marie creí que ya había hecho algo con él, pero luego me dí cuenta de que no. Y aun así me sonaba muchísimo el nombre del tío.

  6. Eiruceiram Says:

    Kitaro es la esencia de las emociones que plasma Javi en sus post. De sus 63 discos, tengo la suerte de contar con casi 20 y todos son maravillosos.

    PD. También en la adolescencia escuchaba a Kitaro.

    • silvio11 Says:

      Yo en la adolescencia escuchaba a Emilio Aragón y su Cuidado con Paloma… Espero que eso no sea determinante.

      • Eiruceiram Says:

        También escucho ñoñadas, si no me crees pregunta a Bea, mejor no.

        PD. Cuidado con Paloma que es de goma, que es de goma!!!! jejejeje la conozco

  7. Infinito Says:

    Ha sido la mejor bienvenida de todas. A lo mejor si que encontramos el mar en calma.

  8. El comentario 800 creo q se merece un premio, sí señor. Así que a quien corresponda que vaya pensando en ello.
    Prefiero no hablar de lo que escuchaba en la adolescencia, jeje. A mi favor decir que Emilio Aragon no me molaba nada.
    Bueno Marie, ya te estás rulando algún CD de esos que creo que me pueden ser muy útiles en este momento.

    • Eiruceiram Says:

      Te los hago llegar en breve… Ya verás como te gustan, lo había pensado sin que me lo pidieras, pero me molaba hacerme la dura, ya me conoces jejeje.

      PD. El de Emilio Aragón también ?????? jejeee

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