¿Dónde se esconden los monstruos?

Las últimas cenizas de agosto caían sobre el calendario. El calor no era nada más que el reflejo de la intensidad que ardía en un mundo vacío de emociones.

¿Dónde se esconden los monstruos?

El viento movía las hojas de los árboles con delicadeza, como si pretendiera subirles la falda sin que se dieran cuentas. Arrastraba el calor, llevándole junto a la piel de sus víctimas, provocando la aparición de un sudor pegajoso que hacía aún más aborrecible el contacto físico. Los peatones se arremolinaban en los pasos de cebra, extremando las precauciones, manteniendo las distancias.

¿Y los monstruos?

La calle parecía más fría que de costumbre en medio de aquella asfixiante proximidad. El olor de los cuerpos húmedos, de las axilas sudorosas, flotaba en el mismo aire que transportaba el calor. Iban de la mano, como una prolongación de los seres humanos que no querían tocarse, obligándoles a aceptar que todos compartían el mismo espacio. El olor, el pestilente olor de los ascensores cerrados.

No había monstruos en ninguna parte.

El sol de media tarde caía de plano sobre las cabezas de las egoístas hormiguitas que, a millones de kilómetros de distancia de él, sólo sabían preocuparse por su propia insignificancia. De casa al trabajo. Del trabajo a casa. ¿Qué hora es? La de divertirnos… ahora podemos divertirnos. Hormiguitas regladas y comprimidas dentro de horarios determinados por otras hormiguitas aún más egoístas y despreciables que ellas.

Los monstruos seguían escondidos en las sombras.

Ardía el suelo de los parques y a la hierba le costaba la vida mantener su color verde. Con cada segundo que pasaba, podía notar en sus raíces cómo se acercaban un poco más los ocres colores del otoño. Y el viento también soplaba a ras de suelo, con un silbido mudo. La arena del parque se arremolinaba sobre sí misma y en medio de las prisas, de la velocidad y los cuerpos sudorosos, en medio del parque que a su vez estaba escondido en medio de las calles, en medio del caos, sobre la hierba, ellos respiraban calor.

Los monstruos esperaban su momento.

Ella, con la cabeza apoyada sobre su pecho, podría haber visto los rayos del sol colándose entre las hojas de los árboles que les daban sombra, pero tenía los ojos cerrados. Estaba completamente concentrada en el ritmo de la respiración de él, en cómo hacía que su cabeza subiese y bajase rítmicamente con cada nueva inspiración y expiración de aire. Las manos cruzadas sobre su propio estómago, la pierna izquierda extendida y la derecha flexionada, sin preocuparse lo más mínimo por los indecentes pliegues que eso provocaba en su falda o por las suaves caricias que el viento lascivo le hacía en la parte interior del muslo. Ajena al mundo.

En algún lugar, los monstruos se reían de su inocencia.

Él, con la nuca apoyada sobre sus propias manos y tendido en el suelo, notaba el peso de la cabeza sobre su pecho y temía el momento en que el suave balanceo se convirtiera para ella en una molestia. En su caso, con las dos piernas flexionadas, aunque, embutidas como estaban en unos vaqueros, no tenían derecho a viento juguetón ni a caricias. Los ojos abiertos, heridos durante décimas de segundos por esos rayos que conseguían esquivar las hojas de los árboles con la ayuda del viento lascivo, juguetón y traicionero.

Los monstruos miraban con expectación.

Liberó una mano y comenzó a acariciarla la mejilla, despacito. Ella no abrió los ojos. Siguió acariciando durante varios minutos, hasta que por fin escucho su voz, como de seda, como dormida, como tranquila, como si todavía confiara en él.

– ¿Qué haces?

– Quiero acariciarte hasta borrar cualquier rastro de dolor que exista sobre tu piel.

– Y después, ¿tendré que acariciarte yo a ti para borrar el tuyo?

– No, en mi caso sólo hay pecados…  y quiero recordarlos todos.

Ella volvió a cerrar los ojos, segura de que sólo había sido un error. El siguió con los párpados abiertos, estudiando los rayos de sol, aceptando cada uno de sus latigazos en la pupila como un justo castigo. Temiéndose a sí mismo y buscando respuestas.

Los monstruos seguían dentro de su corazón, riendo, esperando su turno.

El mundo seguía apestando a sudoroso calor y las hormiguitas caminando de un lado para otro, sujetas a sus propios horarios y estúpidas reglas. El sol alumbraba a kilómetros de distancia y el viento soplaba, cansado de ver las tristes tragedias que protagonizaban a diario los humanos, disfrutando con el calido tacto de un muslo desnudo bajo la etérea palma de su mano.

Las últimas cenizas de agosto abrasaban las gélidas calles de la ciudad.

6 comentarios to “¿Dónde se esconden los monstruos?”

  1. Destino Says:

    Este me ha gustado. Especialmente esta frase “en mi caso sólo hay pecados… y quiero recordarlos todos”

    No está mal. Un 8 sobre 10.

  2. Eiruceiram Says:

    Este es de 10!!!!!!! Vaya con Des, no sé que quiere que escribas, pregúntale.

    • Destino Says:

      Cuando se lía la manta a la cabeza y escribe una proclama revolucionaria es capaz de dejarte con la boca abierta.

      Y bueno, siempre estoy dispuesto a dejarme sorprender por lo que escriba; pero eso no significa que me tenga que gustar todo (ni que mi gusto sea el mejor, pero sí es el mío). Y desde luego, muy pocos post pueden ser de 10, si no, el 10 perdería su valor.

      Hace poco le puntué uno con un 10. Era absolútamente genial.

      Este… me ha gustado. Mantengo el 8.

  3. silvio11 Says:

    A mí un ocho me parece bien. Es una buena nota. Que Des me ponga un ocho es… un orgullo y una satisfacción. Pero no Eiru, no pienso preguntarle qué quiere que escriba. ¿Sabes en qué sin Dios podría convertirse esto?

    • Destino Says:

      Me gustan las cosas que exploten.

      Los unicornios…

      Ninjas y… bárbaros. Y luego más ninjas…

      ¿Ha quedado claro?.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: