Pequeña parábola

Sombra de la Tristeza arrancó una margarita del suelo, con su boca sin dientes, y se la llevó corriendo a Olvido. Era divertido verla correr con sus dos patitas, tan cortas ellas, tratando de no perder el equilibrio; saltando entre los troncos quebrados y recubiertos de un intenso musgo verde. La vegetación le rascaba la barriga y tenía que hacer un auténtico esfuerzo para no romper a reír, porque aquello habría hecho caer la margarita. En momentos como aquellos echaba de menos tener brazos.

Olvido estaba, como siempre, sentado al borde del lago, junto a un sauce, instalado en un eterno atardecer… o quizás en un eterno amanecer, con la mirada perdida. La mirada de los cien metros, que la llamaba Nostalgia. Siempre enfocando algo que parecía estar cerca, pero que no podía terminar de distinguir. Sentado en el suelo, con las piernas cruzadas, sin recordar el lugar al que se supone que debía dirigirse, perdido en la humedad del aire, que movía levemente las hojas del sauce. Cuando Sombra llegó a su lado, comenzó a golpear su pierna con la nariz, levemente, empujándola un poquito para llamar su atención. Olvido despertó de su ensoñación, de aquel eterno no recordar en el que andaba siempre perdido, y le sonrió, sin mucha convicción. Sombra emitió un leve arrullo y, torciendo mucho el cuello, consiguió encajar la margarita dentro de la mano de Olvido, que la miró sin saber muy bien de dónde nacía aquella pueril belleza.

La margarita, nerviosa, trató de enseñarle su mejor blanco y amarillo. Nunca nadie la había mirado con tanta intensidad. Estaba acostumbrada a responder preguntas fáciles, de sí o no, pero no toda aquella complejidad de dudas que atenazaban a Olvido, incapaz de mirar hacia el futuro sólo porque no podía recordar el pasado. Al final, dejó la margarita en el suelo, con delicadeza, junto al resto de regalos que le iba trayendo Sombra de la Tristeza, que ya había vuelto a adentrarse en el bosque.

Olvido volvió a centrarse en el atardecer.

Cuando Sombra regresó junto a Tristeza y volvieron a ser una, se sintió culpable. Tristeza, desde la montaña en la que vivía, siempre sumida en una pesada, densa y silenciosa oscuridad, mucho más tranquila que la ruidosa jungla de lamentos y ruidos en la que estaba encerrado Miedo, trató de otear el horizonte. Allí, en algún lugar de ese pequeño y ordenado universo, parecía estar naciendo un nuevo amanecer. Cuanto más avanzaba, más pequeña era la noche.

Olvido lloraba, por las promesas rotas y los recuerdos perdidos.

Tristeza sentía un alivio interno que le hacía odiar a Felicidad y sentir pena de Olvido. Tanta pena por él… y por sí misma. Tristeza aún recordaba lo que Felicidad ni siquiera sabía que le faltaba. Aquella inconsciente volvería a hacer promesas que Olvido tendría que desterrar y que ella debería dejar morir sólo para que el sol pudiera volver a caminar por el cielo. Al final Tristeza perdería todos sus recuerdos y Felicidad creería que todo fue perfecto.

El sol siguió avanzando.

Sombra volvió a separarse de Tristeza y salió corriendo en busca de otro regalo, un clavel quizás, o una mariposa.

Olvido seguía mirando el eterno atardecer, con las piernas cruzadas sobre el césped y sus ojitos envueltos en lágrimas.

Nostalgia andaba escondida, como siempre, dispuesta a dar algún pequeño golpe teorrista al egoísmo de Felicidad.

10 comentarios to “Pequeña parábola”

  1. trosky Says:

    Me encanta el final, la última frase. Por cierto… primer (?!)

  2. Eiruceiram Says:

    Que bonito!!!!

  3. Destino, le dices tu algo o se lo digo yo?
    Javi, creo que te han usurpado el blog…iurg.

  4. Destino Says:

    Joder Javi, estás a punto de escribir algo parecido a Eduardo manos tijeras (en términos de alegría, me refiero).

    De todos modos, me ha parecido curioso que usases un término de Vietnan en tu relato “La mirada de los cien metros”. Curioso cuanto menos.

    Pero claro, no nos preocupemos, al fin y al cabo tu blog no refleja tu estado anímico. Es pura invención. Pura y dura.

    Este sábado nos emborrachamos juntos colega, y me cuentas cual es la parte del cuerpo que te falta. Uy. Esto último en un contexto equivocado puede malinterpretarse.

    No ha estado mal. El principio es de 8,5; el texto íntegro tiene un 7.

    Pd: Devuélveme mi pistola hacha.

    • silvio11 Says:

      Alucina, lo que tenía en mente mientras escribía era esto:

      Lo que pasa es que desde lo que te inspira hasta lo que queda al final… va un mundo.

      La película es Wizards. En español, Los hechizeros de la guerra, una peli que, por lo que recuerdo, va bastante en la línea de Tolkien, aunque sea un poquito más golfa (ojito a la exuberancia del hada).

      Así que no, Eduardo Manos Tijeras no.

      Trosky, tú también vas a empezar con lo de primer. Pues te advierto que a Bea todavía no le he dado su premio.

      Eiru, eres un ejemplo de lealtad. Patri: Desleal.

      • Eiruceiram Says:

        Lo de lealtad suena muy bien, pero hay gente que te sigue siempre y no comenta, digamos que con mi presencia hago que no dejes de escribir y consigo lo que quiero, buena literatura, o mejor dicho literatura de notable alto según puntúa Destino.

        Pd. El premio del comentario 800 se lo llevo Bea y el 900? y el 1000? Y el del más leal? Jejeje es broma.

      • Cierto, todavía no lo he recibido, pero es más culpa mía que de Silvio. Así que no desistáis, Silvio tiene muchos más premios que repartir.

  5. trosky Says:

    La verdad que no se muy bien en que consiste eso de primer… asi que no, me limitare a leer.

    • silvio11 Says:

      No hombre, no, que yo sólo lo decía para mantener el papel de gruñón. Que a mí me gusta.

      • Destino Says:

        Eh, a Trosky le cambia el cuadradito de color cada vez que comenta. Yo también quiero.

        Ulti!!

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