Paloma

Llega tarde. Apenas escucha la puerta de la oficina cerrarse a su espalda. El sol, oculto tras las nubes, promete un final de tarde bochornoso. Guarda la lluvia, como si fuera el arma definitiva de una guerra completamente injusta. Amaga con ella. Lleva todo el día haciéndolo, pero el olor le delata. La tormenta acabará estallando, tarde o temprano.

Saca las llaves del coche y va pensando en lo tarde que se le ha hecho. Entonces la ve. Es gris y tiene convulsiones. Una rata del aire, es lo primero que piensa. Es como si a la paloma le hubiese dado un ataque al corazón mientras volaba y se hubiese estrellado contra el suelo, igual que un avión. Está tumbada sobre el pecho, con el cuello torcido, intentando respirar y el culo levantado en el aire… Las patas sólo consiguen mantenerla en un  impúdico equilibrio. Cualquiera diría que está a punto de darse la vuelta, de ponerse boca arriba para poder respirar. Nunca ha visto a una paloma tumbada boca arriba.

Se acerca a ella. Si no hubiese nubes, la tarde sería de un radical amarillo, pero no es así. El tormentoso marrón del verano hace acto de presencia y un leve rastro de humedad flota en el aire. Las hormigas caminan sobre la arena, rodeando a la paloma. Tiene unos pelos raros en la protuberancia blanca del pico. Es el mismo color de algunas plumas que más parecen canas que cualquier otra. Se dice a sí mismo que está mayor. Es como si el animal no pudiera respirar, como si fuera un abuelo que se está quedando sin aire.

Detenido a su lado, busca con la mirada alguien que le pueda aconsejar. No encuentra a nadie. La paloma se retuerce, pero no gira sobre sí misma. Cada apertura del pico va acompañada de un agónico estiramiento de la cabeza y el cuello. Parece que intentara atrapar el aire. Algunas hormigas ya corren sobre ella, aunque la mayoría la respetan. Aguardan.

Por algún extraño motivo, considera la posibilidad de recogerla, de subirla en el coche y llevársela a casa… No. No serviría de nada. Es consciente de que se está muriendo. No se le ha roto una pata ni un ala. Simplemente está muriéndose porque no tiene fuerzas para respirar, porque no puede coger más aire. Él, ya no busca a nadie que le dé consejo. Detenido, de pie al lado del moribundo animal, intenta dar con una piedra o un palo. Trata de visualizarse rompiéndola el cuello, golpeando su cabeza salvajemente con un canto rodado. Tendría que ser un único golpe. No puede permitirse más. Sólo un golpe. Descarta el palo, aunque tengas puntas que poder clavar en su cuerpo. Eso sería demasiado…

No lo consigue. Por más que lo intenta, no puede imaginarse en esa situación. Un coche pasa aullando a su lado. Eso le da una idea. Montar en el coche y pasar por encima de ella. Entonces adivina el aspecto que tendría la paloma, todavía boqueando desesperada, al ser aplastada por la rueda de un coche. No siente nauseas, pero tampoco le parece agradable. Una vez más, busca, otra vez a una persona, pero no para que le dé consejo. Busca a alguien que pueda agacharse, sujetar a la paloma y romperla el cuello.

No hay nadie.

El sol, el bochorno, la amenaza de tormenta, el mundo. Es consciente de que nada de aquello tiene sentido, no en este mundo. Además, llega tarde. Se gira, dejando que la culpabilidad invada su cuerpo y la paloma a su espalda. Vuelve a sacar las llaves del coche y aprieta el botón del mando. Doble pitido, un parpadeo de luces. Justo cuando va a montar, se gira una última vez, para verla.

La paloma bate las alas, dispuesta a presentar batalla, consigue erguirse sobre sus patas y trata de impulsarse, de echar a volar. Un pequeño salto y vuelve a caer al suelo. Pierde el equilibrio y su cuerpo se desliza por un pequeño terraplén.

Durante un segundo se pregunta qué clase de persona quiere ser. El coraje del animal le infunde a su propio corazón el valor necesario para hacer lo único que su conciencia le permitirá, incapaz como es de ahorrarle el sufrimiento.

Doble pitido. Doble parpadeo de luces. La puerta está cerrada, otra vez. Camina hasta el pequeño terraplén. Mira a su alrededor, esta vez para ver si hay alguien que le vea a él. Se sienta en un pequeño montículo de arena, junto a la paloma, y comienza a acariciar su plumaje con delicadeza, mientras la mira atentamente. Intenta que sus ojos despidan toda la ternura y la tristeza que hay en su corazón para que la paloma pueda sentir ambas emociones. La arrulla, como si fuera un niño pequeño. Lentamente, se jura a sí mismo, ve como sus ojos se cierran.

El bochorno arrasa la calle. La tormenta aún no se atreve a mostrar sus lágrimas. Él permanece sentado en el suelo, con la mano sobre el lomo de la paloma. Sin importarle ya el lugar al que llega tarde, dispuesto a esperar cuanto sea necesario.

En pocos minutos el animal ya no respira, ni se mueve, ni boquea. Nada. Se levanta y vuelve al trabajo, a la cocina, dejándola allí, en la calle. Abre los cajones y los revisa hasta encontrar una bolsa de plástico. Vuelve a bajo y recoge el cuerpo de la paloma. Al levantarlo, su cuello se tuerce, sin vida ni fuerza, cayendo sin ningún tipo de elegancia junto al cuerpo. Lo introduce en la bolsa. Segundos después la deposita con delicadeza en el interior de un contenedor de basura. No la deja caer dentro, si no que introduce medio cuerpo en su interior para depositarla sobre una caja de cartón.

Le espera la basura, lo sabe, pero no quiere que el resto de transeúntes vean el cadáver de su rata del aire allí, abandonado en el suelo, devorado por los insectos e incluso aplastado por la rueda de algún automóvil, como si nunca le hubiese importado a nadie.

16 comentarios to “Paloma”

  1. Eiruceiram Says:

    Sin palabras!!!. Que sensación de pena deja al leerlo.

  2. Por eso volviste pidiendo una bolsa?
    Joder…bueno, quizá se llevo la sensación de ser querida aunque fuese en sus últimos minutos…
    De todos modos…te has dado cuenta de la cantidad de pájaros muertos que hay en esa zona? es flipante (y metafórico) caminar por la zona esa de tierra y verlos allí tirados…

    • silvio11 Says:

      Joder, no me acordaba de haberme cruzado contigo en la redacción cuando volví a buscarla.

      Sí, hay mucho pájaro muerto… es inquietante, cuanto menos.

  3. Destino Says:

    Joder Pax. No me siento con fuerzas como para puntuar este texto.

    Joder…

    Paso.

  4. No creo que a las hormigas les hiciera demasiado gracia la decision de depositarla en la basura…

    • silvio11 Says:

      Supongo que no y su parte de razón tienen… pero la vida y la muerte son así. De todas formas, debo decir que fue más por respeto al fallecido que por ganas de joder a los necrófagos, si sirve de algo.

  5. Pero y si el fallecido (la fallecida, en este caso) tuviera una clara vocación altruista y quería ‘donar’ su cuerpo. En lugar de a la ciencia, como hacen algunos humanos, a la vida. Es un suponer.

    • silvio11 Says:

      Bien planteado. En este caso deberíamos hablar de:

      a) Incomunicación: Si ese era su deseo y como tal lo expresó. No fue comprendido correctamente. Una lástima. En este caso estaríamos hablando de un error cometido desde la buena fe.

      b) Falta de previsión: Puede que esa fuera su intención, pero que no lo dejara escrito como tal en ninguna parte y que, en plena agonía, no recordara comunicarlo. En ese caso, encima de que fallece, no vamos a andarle con reproches, no?

      Así, en caliente, no se me ocurren más motivos que puedan haber llevado a truncar esa vocación altruista.

      • te lavarías las manos…. que luego me tocaste!!!

        si obviamos ese detalle, leyéndolo a mi también me ha daó pena el bicho

  6. Pues me ha gustado mucho. Me ha hecho plantearme qué hubiese hecho yo en tu misma situación. Si es que eres un buen tío! Poca gente se hubiese parado a socorrer a la paloma, y mucho menos a estar a su lado, acompañándola. Otra pequeña lección de vida, hay que ver!

  7. Bien hecho… de esos pequeños gestos debería estar lleno el mundo…

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