Las triquiñuelas del Flaco, viejo pistolero

Concierto de Joaquín Sabina. Alcalá de Henares.

Sabina huele a western crepuscular. Cada uno de sus discos, desde hace tres, es un poquito peor que el anterior. Se va viniendo abajo el Flaco de Úbeda, pero allí donde ya no se encuentran el disparo certero ni la mano más rápida de la comarca, queda el oficio del viejo pistolero, conocedor de mil triquiñuelas con las que amañar la aparente nobleza de un duelo justo. Por lo menos, es agradecido. A Enrique Urquijo le repateaba cantar aquello de “déjame, no vuelvas más conmigo”. Sabina, sin embargo, concibe sus conciertos más como una fiesta para los amigos que como la promoción de nuevos trabajos. Quiere hacer cantar, no que se limiten a escucharle. Además, es mejor aferrarse al pasado porque, en este caso, siempre deja en evidencia al presente. No se pueden hacer canciones desesperadas sin desesperación en el corazón. ¿Es Sabina un hombre feliz? Bueno, por lo menos se cuida un poco más y eso, en el caso de los amantes de la madrugada y las copas caras, quiere decir que hay alguien en alguna parte que se preocupa por él. Alguien a quien necesita lo suficiente como para aceptar la preocupación. O a lo mejor ya está mayor y no tiene ganas de que le sigan fracasando el corazón.

Arrancó con Tiramisú de limón, inofensiva composición de esas que tan de su agrado han venido siendo en los últimos discos, pero con carisma. Algo parecido le ocurre a Viudita de Clicqot. Buen calentamiento para las palabras serias, las que hacen referencia a los tiempos en los que el Sabina de voz clara se la rompía haciendo gala de fidelidad a sus propias letras y a un estilo de vida inmoral, en el mejor de los casos. Genera admiración imaginar a Sabina hinchándose de todo hasta que, como le ocurriera al mismísimo Bob Dylan, un susto de muerte le llevó a transitar por el buen camino.

Tres acordes de rock bastaron para recuperar ese mítico Ganas de decirte “que prefiero la guerra contigo al invierno sin ti”. La vida de Sabina ha estado llena de malas mujeres que le han llevado a crear auténticas obras maestras, desalmadas o rumberas, como el colofón de esas Medias Negras descaradas, “a la segunda copa, que hacemos con la ropa preguntó”; y humillantemente realistas. “Lo malo no es que huyera con mi cartera y con mi ordenador. Peor es que se fuera, robándome además el corazón”. Siguiente parada, Aves de Paso. Cuando se escucha de niño, es como Blade Runner, abstracta, por decir algo. Hacen falta un par de puñaladas en el corazón para estar a la altura. “A las flores de un día que no duraban, que no dolían, que te besaban, que se perdían. Damas de noche, que en el asiento de atrás de un coche no preguntaban si las querías”. Y para ir terminado la primera gira por los recuerdos, Peor para el sol, “que se mete a las siete en la cuna del mar a roncar mientras un servidor le levanta la falda a la luna”, y Por el Boulevar de los Sueños Rotos, sentido homenaje a esa  “dama de poncho rojo, pelo de plata y carne morena. Mestiza ardiente de lengua libre, gata valiente de piel de tigre con voz de rayo de luna llena” que fue y será siempre la brutal Chavela Vargas.

Dejaba establecidas Sabina las bases de la cita y el testigo en manos de otro imprescindible, su Pancho Varona, ideal para entonar las letras de los Conductores suicidas que sabían “hacer turismo al borde del abismo” y  terminaron cayendo en el lado oscuro, marrón en este caso. “Muerta la amistad sabe igual que el fracaso y a los dos nos gusta el verbo fracasar”. ¿Es Llueve sobre mojado una canción que le gusta a Sabina o la toca sólo por fastidiar a su enemigo íntimo preferido, Fito Paez?  Después le llegó el turno a Mara Barros, la nueva Olga Román, que dejó al público más que indiferente con Como un dolor de muelas, desafortunada elección para una cantante que va justita de carisma. Tampoco corrió mejor suerte con Y sin embargo te quiero, que recordaba constantemente a su predecesora, aunque la vuelta del Flaco al timón resolvió gran parte del entuerto. El otro Y sin embargo, confesión amarga de las infidelidades del amor canalla, siempre engancha, más por lo que el público ha deseado ser en algún momento que por lo que realmente ha sido. “Cuando pido la llave de un hotel y a media noche encargo un buen champán francés, siempre es con otra amor, nunca contigo, bien sabes lo que digo”.

Duda, ¿llegaron aquí Cristales de Bohemia y Embustera? Respuesta: Las canciones se olvidan tan rápido como el momento en que las cantaron.

Una canción para la Magdalena. “El doble de lo que te pida, dale por su favores”. La vida aún tiene que asestar un par de puñaladas más para llegar a ese escalón… pero todo se andará. Y más pirata que el adorado Pirata Cojo es ese otro abordaje que protagonizan los Peces de ciudad. Perdonen la parrafada: “Y desafiando el oleaje sin timón ni timonel, por mis sueños va ligero de equipaje, sobre un cascarón de nuez, mi corazón de viaje. Luciendo los tatuajes de un pasado bucanero, de un velero al abordaje, de un no te quiero querer”. Subidón desesperado. “Y cómo huir cuando no quedan islas para naufragar, al país donde los sabios se retiran del agravio de buscar labios que sacan de quicio. Mentiras que ganan juicios tan sumarios que envilecen el cristal de los acuarios de los peces de ciudad que mordieron el anzuelo, que bucean a ras del suelo, que no merecen nadar”. Andando entre esos momentos de bajona, reconoció Sabina que su madre ya no ve Falcon Crest, si no Sálvame, mientras se pregunta ¿Quién me ha robado el mes de abril? Subió después el oleaje de las pasiones con la más que comercial 19 diás y 500 noches, prostitución evidente de sus depresiones, y zanjó el pase con Princesa. Por cierto, con ella quedó claro que el concierto no estaba ecualizado para el rock duro y salvaje, con una saturación que se comió cualquier sonido que no fuera el de la bateria.

 Antonio García de Diego devolvió la música al escenario con Amor se llama el juego “en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño. Y cada vez peor y cada vez más rotos. Y cada vez mas tú y cada vez mas yo, sin rastro de nosotros”. Lo demás, quitando Noches de boda, fueron guiños obligados al público, los Déjame del bueno de Urquijo, que nunca se atrevió a podar canciones como sí podó Sabina Y nos dieron las diez o La del pirata cojo. Entre medias, El caso de la Rubia Platino, desaprovechadísima en la voz de Jaime Asúa, y Contigo. Y para acabar, sí, Pastillas para no soñar. “Si lo que quieres es vivir cien años…” Algunas soluciones es mejor no darlas, no sea que los artistas descubran que para vivir muchos años, lo mejor es dejar el oficio de pistolero.

PD: Me faltó una, así que me la pongo aquí, con su permiso.

Una respuesta to “Las triquiñuelas del Flaco, viejo pistolero”

  1. Acabo de leer la página de cultura y te iba a decir que me ha parecido cojonuda la crónica. Sí señor.

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