Neil Marshall: La lucha por la superviviencia

Neil Marshall llegó a las carteleras con Dog Soldiers. En su propuesta se conjugaba el aislamiento de los protagonistas que tanto popularizó John Carpenter con el mejor sentido del humor de la Serie B. Ni comedia ni horror. Más bien, un delicado equilibrio entre ambos. Es difícil encontrar una película que conjugue mejor estos elementos. De hecho, el propio Marshall fue incapaz de repetir la fórmula, aunque en su descargo hay que decir que tampoco lo intentó con demasiado ahínco.

Si Dog Soldiers enamoraba desde su elaborada sencillez, pocos son los momentos en los que el director y guionista deja caer el ritmo, The Descent presenta un producto mucho más adulto. Esta vez, Carpenter desaparece de la ecuación, aunque la claustrofobia siga muy presente, para dejar la silla de referente a Sir Alfred Hitchcock y sus pájaros, de quien copia la presentación paulatina de los monstruos. “No te preocupes, están ahí, pero todavía no ha llegado su momento”, parece querer decir al espectador.  Al final, los utiliza como parte del clímax psicológico al que conduce a su protagonista. No son el villano de turno, si no la traca final de esta historia de celos, traición, odio y resentimiento entre seres humanos.

En sus dos primeras producciones, Marshall da una buen número de minutos a la presentación de los personajes. Los acerca al espectador, que termina preocupándose por el futuro de cada uno de ellos. Precisamente, ese es uno de los problemas del cine de terror actual, sólo importan el protagonista y su pareja. Sin embargo, en ambos largometrajes, ya sea a través del humor o las relaciones humanas, consigue hacer más cercanos al espectador todos los cadáveres andantes que pueblan la película. Además, en un toque de osadía, elimina de la educación el rol del personaje femenino tal y como viene siendo empleado en estas producciones. En Dog Soldiers, los protagonistas son un grupo de soldados. En The Descent, uno de espeleólogas. Si bien es cierto que en este último caso la trayectoria de la protagonista se ciñe más a las reglas habituales del survival, pasando de presa a cazadora, no lo es menos que lo hace con un grado de dureza pocas veces visto en el cine comercial.

Una frikada: Marshall comparte trayectoria con otro grande del fantástico moderno, Vincenzo Natali. Después de dos películas frescas e inteligentes, en la tercera decidieron pasarse de listos, quizás demasiado presionados por el peso de su propio nombre. Natali se estreno con la sorprendente y renovadora Cube, también claustrofóbica, antes de coger a Hitchcock por lo pelos y meterle de cabeza en el siglo XXI con Cypher, uno de los mejores ejemplos existentes de lo que significa el concepto mcguffin. Después, entró en el surrealismo con Nothing y la propuesta se le quedó lánguida, pretenciosa, sin nervio… aburrida. Marshall, por su parte, estrenó Doomsday, un delirante batido de géneros en el que el director vuelve a Carpenter homenajeando su Rescate en Nueva York, además de echar mano de Mad Max e incluso Un astronauta en la corte del Rey Arturo. La mezcla, no por alucinógena, funciona mejor. El punto de partida resulta interesante, pero esta vez los personajes parecen más lejanos, las situaciones menos intensas y la autoparodia resulta un poco sonrojante.

Y después de eso, los dos directores volvieron a buscarse a sí mismos. Natali probó suerte con Splices, otro inquietante thriller de ciencia ficción que naufraga por culpa de la cobardía que se palpa en sus últimos minutos, cuando pretende dar al público algo más ceñido a las pautas del cine de terror habitual. Lo mejor, las implicaciones sexuales de la historia.

Por su parte, Marshall regresó al survival puro y duro, pero dándole una vuelta de tuerca realmente inesperada. En un mercado saturado por mutaciones caníbales refugiadas en frondosos bosques o amenazantes desiertos, optó por echar mano de las clases de  historia. Pictos y romanos, versión antigua de vietnamietas y norteamericanos, protagonizan Centurión, una historia en la que el director pretende recuperar la visceralidad de aquel descenso femenino a las catacumbas. Sin embargo, se olvida del mimo con que trataba a los personajes en sus primeros filmes. Inexplicable resulta la veloz desaparición de su personaje más carismático, interpretado por el gran Dominic West. El resto de protagonistas, de presas, son rostros puramente anecdóticos destinados a ir cayendo mientras el auténtico protagonista sobrevive a la cacería. Una cacería, por cierto, repleta de decapitaciones y desgarros edulcorados por el uso de los medios digitales. Con lo asquerositos que eran los chorros de sangre hechos con medios mecánico.

Lo mejor: un enfrentamiento final directamente emparentado con el espíritu de los Señores del Acero de Verhoeven. Lo peor, muy ñoña en su desenlace final y predecible durante todo el metraje. Aun así, mejor que la media.

A lo largo de su carrera  Marshall ha demostrado tener nervio narrativo, inteligencia para dirigir escenas de acción y cariño por los personajes femeninos fuertes, a los que ha sabido dotar de carácter y un aura casi mística, ya fueran héroes o villanos. Sólo en Dog Soldiers le quedó un poquito desdibujada la chica, pero es que su presencia era meramente anecdótica. El director también se ha mostrado implacable en determinadas escenas, al hacer que el ansia de vivir de sus personajes les lleven a cometer auténticas atrocidades, desde el punto de vista ético. Centurión era un camino de retorno, quizás demasiado luminoso y blando, a su esencia, pero es que, aunque Marshall ha elegido un género, parece empeñado en no repetirse a sí mismo. Busca nuevos caminos, pero eso no siempre es una garantía de éxito.

6 comentarios to “Neil Marshall: La lucha por la superviviencia”

  1. G. Laszlo Says:

    Y por qué no he visto yo todavía Doomsday?
    Me han dado ganas de recuperar Dog Soldiers, recuerdo que en su momento me gustó. Lo de Dominic West es cierto, un tío que ha sobrevivido 5 años en Baltimore y se le cargan 4 pictos de nada, inexplicable.

  2. Pues Doomsday, otra cosa no, pero es como jugar a ¿Dónde está Wally? Pero con cine y referencias.

    Respecto a Dominic West, ya te digo yo lo que habría hecho el viejo McNulty con Olga Kurilenko. Eso sí, antes de hablar con ella se habría puesto hasta arriba del whisky ese que tomaban él y Bunk.

  3. Se echaba de menos un comentario cinéfilo, a ver si sigue la racha.
    De Marshall, a falta de ‘Centurion’, me quedo con ‘The Descent’. Hay una segunda parte, aquí la acaban de estrenar. No tiene demasiada buena pinta y paso de ir, ya sin Marshall a la dirección. ¿La habéis visto? Y ya de paso, Silvio, ¿qué tal la de Achero Mañas? ¿Va en la onda?

    Me parece muy interesante esa analogía entre pictos, romanos y vietnamitas y norteamericanos.

    Y dos cosas más. Dejad de hablar en clave ‘The Wire’, un respeto para los que no la hemos visto -todavía-.🙂. ¡Y quita esa ‘j’ de alucinógeno!

    • Hecho, lo de cambiar la ‘j’, quiero decir. Las bromas privadas con The wire son… sagradas, qué le vamos a hacer. El que quiera participar de ellas, ya sabe qué hacer.

      Estoy pensando en hacer un post sobre la de Achero, así que paciencia.

  4. Vale, vale, es cosa vuestra lo de ‘The wire’…

    Así que recurriré a una nuestra:
    ‘El búfalo blanco, el búfalo blanco, el búfalo blanco…’
    Ya sabes Laszlo, tienes que ver… ¿Cómo narices se llamaba aquella peli?

    • Jacuzzi al pasado, cacho cabrón, Jacuzzi al pasado. Yo no me olvido… me cago en.

      Pero bueno, tenía algún punto.

      Jo tío, cada vez soy más cinéfago y menos cinéfilo.

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