Teorías sobre dos de mis drogadictos preferidos

Creo que era Loquillo. Reconocía que miraban con superioridad a los ‘poperos’ porque eran unos blanditos. Aquellos ídolos de pijos no sabían vivir tan a tope como ellos y los suyos… Probablemente tenía razón. Enrique y Antonio no sabían disfrutar la vida a tope. Más bien la padecían. Porque Loquillo también decía otra cosa, que enmudeció la primera vez que les vio entrar en un camerino y empezar a tomar drogas. Aquellos tipos eran… bueno, no querían disfrutar la vida. Además de en su vena popera, los dos coincidían en otra cosa, no estaban a gusto sobre el escenario, delante de la gente. Les asustaban las personas.

Reconozco que estoy lleno de prejuicios. Por ejemplo, nunca he sido capaz de imaginarme a los tipos de Pereza o La Fuga escapándose en solitario a combatir su propio hígado a base de cubatazos. Nunca me los he podido imaginar sentados en la barra de un bar encerrados en sí mismos. Nunca siendo patéticos, mendigando un poquito de amor sin apenas poder vocalizar. Nunca. No sé, me parece que molan demasiado como para hacer eso. Escriben sobre la posibilidad de hacerlo, igual que quienes les escuchan fantasean con la de esperar el amanecer en un tejado, botella de whisky en mano, sin más compañía que su propia sombra.

¿Y es tan importante la soledad?

Para Enrique y Antonio sí. Supongo que para los fugados y perezosos no, pero ya digo, son prejuicios.

Enrique era un poco… infantil, a veces, en lo que más se le conoce… Pues como Antonio. Qué injustas las grandes masas, siempre tocando los cojones con su mal gusto.

En la grabación de un directo que tenía grabado en casete mi hermano y que machaqué en el walkman durante todo un año viajando a Madrid, que lejano suena ahora todo eso, el propio Enrique reconocía que no le gustaba un pelo Déjame. La cantaba porque… bueno, se la debía a alguien, a quien le daba de comer, quizás. Se inventó un grupo al margen de los Secretos. Un grupo con violines. Qué bonito el violín. Sólo hay una cosa tan bonita como un violín bonito, un piano bonito, y sólo una más bonita todavía, un chelo bonito. Pues el grupo de Enrique tenía un Violín.

Antonio y Enrique se alejaron de su propia sangre para encontrarse a sí mismos.

En sus mejores canciones, al menos en las que sentía más cercanas, siempre estaba presente la melancolía, la debilidad y la derrota. Porque hasta amar desesperadamente a alguien es perder.

A Enrique, la voz, no le salvó nadie de sí mismo. Su drama era tan sencillo… Tan fácil de explicar, que sonaba a cuento infantil. ¿Por qué me dices que va a ser distinto, si luego vuelve a ser lo mismo? ¿Qué tengo que ser para ser algo? Para quererte sólo valgo.

A Antonio, otra voz, una guitarra y un poeta, se le fue escapando la esencia con su propia alma gemela. Ella se marcho antes y el milagro de aquel tipo, más de uno confesó sentirse asombrado por el aguante que había demostrado en su carrera hacia la muerte, terminó. Recuerdo verle en una rueda de prensa, incapaz de vocalizar, un susurro desdentado que apenas podía caminar sin ayuda… ¿Qué le darían antes de subir al escenario para que fuera capaz de tenerse en pie?

Los dos grandes drogadictos de nuestra música… Sí, habrá otros, pero estos permanecieron fieles a su drama. Siempre les he imaginado temblando antes de salir al escenario, asfixiados bajo el peso de su propio nombre. Y no me cuesta nada verles medio dormidos en la barra de un bar, cuando por fin habían conseguido acallar las voces de su interior con cualquier cosa.

 No creo que les quemara nada más que su propia sensibilidad. A lo mejor no sabían expresarla tan bien como otros, pero intentaron combatirla, con música, con aire, con amor, con alcohol, con palabras, con drogas y, al final, destruyéndose a sí mismos, porque quizás esa era la única forma de conseguir que el mundo dejara de joderles la vida. Ya sabes, esa vida que sólo sabían padecer. Pero bueno, sólo son teorías.

Una respuesta to “Teorías sobre dos de mis drogadictos preferidos”

  1. Sí, tienes prejuicios tío…también se puede ser patético aunque ‘moles demasiado’, estando rodeado de gente y sintiendote solo, y en su caso, gente que sólo les baila el agua y que probablemente les ofrezcan su amistad solo por esa noche, no?
    Yo creo que aparte de la sensibilidad les podían quemar muchas más cosas; la inseguridad, la timidez…lo que si veo claro es el momento detrás del escenario, muertos del miedo e intentando huir…

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