Numerología (sinestesia…)

Basado en hechos reales.

Tardó años en ponerle nombre. Era algo que estaba en su cabeza, siempre, pero que no podía entender. Primero pensó que le ocurría a todo el mundo. Después descubrió que no, que era un tipo especial, raro, enfermo. El número 9 era grande, gigante. Le sobrepasaba. Un único 9 no era un problema. Muchos 9 sí. Era una sensación que funcionaba en las dos direcciones. Acostumbrado a su pequeño pueblo y al entorno controlado del hogar, la ciudad resultó ser un gran cúmulo de nueves. La gente era 9, como los edificios y los coches. El ataque de pánico fue tal, que madre tuvo que llevarle de la mano de vuelta al hotel.

El 6 era todo lo contrario que el 9, pequeño, muy pequeño, demasiado. Le producía una sensación extraña, como de vacío. Trató de mirar el 6 fijamente y acabó descubriendo qué era lo que estaba mal en él: no existía. Pensaba que era minúsculo, que por eso le costaba verlo, pero la realidad resultó ser mucho más siniestra. El 6 funcionaba como un pequeño agujero negro que lo absorvía todo. Desde que visitó la ciudad de los nueves, supo con certeza que el algún lugar debían habitar los seises. No quería ir nunca allí. Puede que para el resto del mundo fuera inofensivo, pero él podría perderse en aquel lugar.

Le costaba hablar con la gente. Normal, nadie veía el mundo como él… Bueno, nadie lo sentía como lo hacía él. Resulta difícil decirle a alguien que una canción es muy 764. Sus amigos y familiares empezaban a divagar cada vez que salían a relucir los sentimientos. Él, sin embargo, tenía una cifra exacta para cada emoción. El 36, por ejemplo, era muy recurrente, aunque se le quitaba con un poco de comida. Le gustaba mucho el 83 y cada vez que veía una película de miedo le asaltaba un terrible 101.

Cuando se hizo mayor, comprendió que sería el perfecto personaje de una comedia, aunque a él todo aquello no le hiciera la menor 1.127.

Estaba perdidamente enamorado de una amiga de la infancia. Una noche buscó un lugar romántico en el que sentarse con ella, a la luz de la luna, y desvelarle  los números que  sentía, incluso alguna de las operaciones que realizó pensando en el futuro de ambos. Trató de explicarle las sutiles diferencias que separaban el 549.908 de su sonrisa en un día soleado del 430.907 que reflejaba cuando las nubes tapaban el sol, pero claro, ella no podía entenderlo. La faltaban palabras para abarcar todos los números que él podía a sentir. Pensó que si el 549.908 y el 430.907 hubiesen sido consecutivos, todo habría sido más fácil.

Una tremenda frustración llenó lo más profundo de su corazón, haciéndole pasar del 10.450 al 8 y jugando peligrosamente con el inquietante 0. Preso de una fuerza superior, tomó una hoja en blanco y comenzó a realizar operaciones en ella, sumando los números más tristes y melancólicos que le brotaban del corazón, multiplicándolos a veces o elevándolos al cuadrado. Así fue como descubrió la fórmula exacta de la desesperación, una melodía numérica destinada a crecer partiendo de cifras inconexas que, tras ser operadas en el correcto orden, desembocaban en un resultado capaz de potenciarse a sí mismo una y otra vez. No había final, sólo un viaje desproporcionado hacia la nada. El mero hecho de ser capaz de operarla le atrapó dentro de su espiral destructiva. Cada vez que daba con un número, la propia intensidad de su naturaleza le obligaba a seguir garabateando por todas partes. Se quedó sin espacio en la hoja y saltó a la mesa, y de ahí a las paredes y de las paredes al suelo.

Madre gritó al entrar en la habitación. Trató de detenerle. Abofeteo su cara e incluso intentó sujetar aquel puño frenético, pero aún sin lápiz continuaba moviéndolo sobre la nada, extendiendo su maldición al propio aire.

Le recluyeron en un sanatorio mental lleno de números estrambóticos. Estaba tan perdido… Un día se miró en el espejo y no pudo concretar la cifra que dibujaba su reflejo. Era demasiado larga. Cada vez que intentaba memorizarla, se le escapaba con la misma felicidad con la que el agua huye de un puño cerrado. Si la escribía, la tinta del bolígrafo terminaba antes de haber llegado a intuir si quiera las auténticas dimensiones de aquel galimatías numérico en el que se había convertido. ¿Cómo podía vivir alguien sin entenderse?

Un día, pensando en la vida, un 1 se iluminó en el lado derecho de su imaginación y otro 1 apareció en el izquierdo. Los sumó y daban 3. Miró a su alrededor, a los cuerdos y dementes que paseaban por el jardín del manicomio. Por fin algo tenía un poco de sentido.

Voyme de vacaciones un par de semanas y eso en mi caso supone volver a la edad de piedra. Espero poder robarle la conexión  de internet a alguien para pasarme aquí, pero…

Hasta luego gente.

5 comentarios to “Numerología (sinestesia…)”

  1. Eiruceiram Says:

    Difícil saber que número poner al post, pongamos que hablamos de un 10 alto. Genial!!.

  2. trotsky Says:

    que vamos a estar, 9 días sin post??

  3. Eiruceiram Says:

    Como tardes más de 15 días voy a buscarte y…

  4. silvio11 Says:

    Y quince.

  5. eiruceiram Says:

    Welcome!!! Ya te vale 15 días sin escribir. Cuando llegue a casa leo tu post de regreso.

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