Regreso

Quería ser como un suspiro, involuntario, sincero, evidente al principio y melancólico en la despedida. Quería… desaparecer, porque la nada era el único refugio real. Y lloraba buscando razones para no huir, pero ¿cómo seguir unido al mundo cuando todo sabe tan a nada como la soledad? Quería… dejar de desear. Quería dejar de soñar con ser siempre lo mismo, una ráfaga de viento, un rayo de luz que deslumbra al ojo desprevenido o un efímero instante de belleza. Quería dejar de ser pasado y no ser tiempo, pero sus latidos le recordaban el ayer, siempre, como si su vida fuera un paisaje dibujado por otros y no el boceto proyectado por él.

Y se secó las lágrimas cansado de esperar, dispuesto a encontrar las fuerzas, esta vez sí, para no volver nunca más.

Sin el aliento del alcohol en la mirada aumentó el peso de las noches, se dilataron las horas y hasta la luna pareció volverse una extraña. El viajero se convirtió en preso de la madrugada y la oscuridad dejó de prestarle refugio. Las calles borraron el camino de baldosas amarillas que le conducía del olvido a la inconsciencia. La nada no fue hogar hasta que hubo cortado el último lazo, el que le unía a sí mismo. Extraño para la familia, los amigos y con la duda en el espejo, decidió ser otro, escapar de su existencia. ¿Cuál es la diferencia entre un juego y la necesidad de reinventarlo todo? Ninguna, se dijo, si hay suficiente desesperación, crueldad… o ganas de vivir.

Cuando sintió el viento aullando en su rostro, despeinándole las ideas, supo con certeza que estaba cayendo al vacío, solo. ¿Acaso existía otra forma de hacerlo? Y prometió, esta vez sí, no volver nunca más.

Al despertar, la esperanza eran dos anotaciones realizadas sobre una servilleta, un pensamiento absurdo. Había tantas sonrisas a su alrededor que tuvo la certeza de que no podría salvarlas a todas. Se conformaría con ser capaz de mantener una, sólo una, pero cuál. Aprendió a moverse deprisa, a la luz del sol, para que nadie pudiera verle. Tan voluble como sus instintos, tan egoísta como su conciencia y tan otro como él mismo. Vivió en la nada, oculto de las miradas ajenas, a salvo del dolor que sus propios sueños pudieran causarle.

Y el suspiro se fue apagando sin haber nacido jamás. Quería ser un susurro inquietante en un callejón desierto o una respiración agonizante al otro lado del teléfono.

Perdón. Perdón por no haber tenido las fuerzas necesarias para, esta vez sí, no volver nunca. Perdón, pero siempre regreso y conmigo vuelven mis pesadillas, agonizantes, y mis miedos, mezquinos… Y mis sueños, imposibles, y la vida.

 

Viajó hasta la nada sólo para quedar atrapado en ella y traerla de vuelta consigo. Esto es lo que somos, reconoció ante él, que le miraba desde el otro lado del cristal, con las manos desnudas y las uñas ensangrentadas, pues había tenido que aferrarse con todas sus fuerzas al borde del acantilado para escalar los escarpados muros que intentaron mantenerle encerrado en el vacío. Esto es lo que somos, repitió, unas manos desnudas y un corazón condenado a latir.

Quería ser un sueño, sólo un sueño, anclado en la memoria de la imaginación. Un sueño que inspirase el boceto realizado sobre una servilleta de papel o dos ideas anotadas en un papel de periódico, un pensamiento absurdo.

4 comentarios to “Regreso”

  1. trotsky Says:

    bendito regreso. brutal por bello.

  2. Infinito Says:

    Al fin.

  3. eiruceiram Says:

    Menos mal que has regresado!!! Te he echado de menos. Todo sea por tú descanso.

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