Maratón de Barcelona

Por Daniel de Andrés Blanco

La vida está llena de contratiempos. Ni siquiera una maratón escapa de esa máxima.

La víspera de la carrera tengo unas sensaciones nefastas. La rodilla me duele. Cuando la doblo y la estiro es como si me clavaran astillas en la articulación. Además, el estómago me va devolviendo los fantasmas de mi último intento.

La noche ha sido horrorosa. Apenas he dormido. Mis ojos están enrojecidos y el derecho presenta un derrame considerable en la parte temporal. Tengo alguna posibilidad de acabarlo físicamente, pero mi cabeza no está preparada para sufrir tanto dolor. Sé por experiencia que, aunque ahora sólo sea una molestia, a lo largo de la carrera se convertirá en algo agónico.

Hablo con Paloma de mis preocupaciones. Me da ánimos, pero estoy hundido moralmente. Poco a poco la voy irritando, hasta que explota. Sus palabras son duras y directas: “¡No hemos hecho 600 kilómetros, pagado la habitación del hotel y movilizado tantas cosas para que te rindas antes de empezar! ¡Vas a salir y vas a dar la cara. Llevas meses preparándolo. He aguantado tus entrenos y tus histerias. He comido hidratos hasta casi odiarlos ¿Y me vienes con esto?! Me voy a duchar, espero verte en la meta…”.

Me quedo paralizado.

Sin tiempo de reacción llama Javi a la puerta para desayunar. Está eufórico. Se le ve con confianza. Desayuna meticulosamente. Yo apenas soy capaz de probar bocado.

Estoy absorto, embobado. Como un autómata voy vistiéndome sin prestar demasiada atención mientras pienso en lo que acaba de decir Paloma. La persona que más quiero en el mundo no ha sido condescendiente. Me ha puesto las pilas… y de qué manera. No tengo más remedio que sufrir. Ahora sí estoy dispuesto a hacerlo.

Recogemos a Carmen, que nos espera con hielo en un pie y tomando un café. Ella también se prepara para el dolor. Durante el trayecto en metro no soy capaz de abrir la boca. Sólo pienso en aguantar como sea. Apenas escucho a Javi, que no para de hablar. Estoy convencido de que se va a salir. Carmen está tranquila, como si esto no fuera más que otra visita a su infancia. Vivió hasta los 10 años en Barcelona y ha aprovechado para encontrarse con el pasado.

Es carnaval y los vagones de metro se dividen entre maratonianos y trasnochadores, pero no sabría decir quién lleva el disfraz. Me viene a la cabeza una canción de Sabina, Caballo de cartón. Por un momento prefiero estar al otro lado. Me siento igual de cansado y también tengo la cara desencajada, pero ellos van a dormir.

Vamos llegando al destino mientras una entrañable señora de 60 años nos cuenta que ha corrido 30 maratones. Hoy le toca animar a su hijo. Por cada poro de la ciudad se puede respirar el orgullo que sienten de su Maratón.

En el punto de encuentro nos reunimos con el resto de miembros del club. Nos hacemos las fotos de rigor, calentamos y nos dirigimos a la salida. Son 10 minutos de espera con los nervios a flor de piel. En 5 minutos dan la salida de los discapacitados físicos y pasados 2 a la élite, como si les hiciera falta ventaja. Voy recordando los kilómetros donde nos esperan nuestros fieles acompañantes: 12, 27 y 35.

Tomamos la salida, por fin. Sigo la estela de Javi. Con precaución vamos intentando hacernos hueco y encontrar nuestro sitio en la carrera. Al cabo de 600 metros parece que hemos encontrado vía libre para marcar el ritmo deseado. Me pego al lateral derecho y en fila, paralelos, nos agrupamos cinco miembros del club: Javi, Jaime, Francisco, Valentín y yo. Tras dejar el primer kilómetro ponemos velocidad crucero con el objetivo de llegar a la media entre 1 hora 25 y 1 hora 26.

Van pasando los kilómetros y todo parece coser y cantar, pero en mi interior me voy preparando para el inevitable dolor. Javi controla la euforia y su garmin nos dice que llevamos el ritmo adecuado.

Barcelona está preciosa. La gente se ha echado a la calle. Hay grupos tocando. Cada colectivo aporta su granito artítisco y las avenidas se han vestido de un eclepticismo maravilloso que se funde con un día radiante. ¡No me lo puedo creer, estoy disfrutando! Voy muy cómodo, casi sobrado, y por unos momentos veo la imagen de Javi y yo entrando juntos en meta. Se me saltan las lágrimas de la emoción.

Sin darnos cuenta nos hemos plantado en el kilómetro 12. Oigo los ánimos de Paloma. Me dan alas. Durante un minuto voy pensando en jugármela. Hoy no va a ser el día en que el cansancio me haga claudicar. Si tiene que doler, cuanto más haya recorrido, menos tendré que sufrir. Estoy a punto de mandar la estrategia “a tomar por el culo”, pero Javi, como un profeta, me embalsama de prudencia.

Llega el punto de inflexión.  En el kilómetro 18 la rodilla da señales de alarma. Mi correr deja de ser fluido y desajusto la biomecánica para no perder ritmo. Pasamos el 21 con puntualidad británica, en 1h 25´ 55”. He entrenado varias veces así y sé que puedo aguantar este ritmo unos 14 kilómetros más, si el dolor no aumenta, pero lo hace y cada vez me cuesta más llevar el compás. Tiro de coraje y me propongo no descolgarme hasta el 28, para que Pal nos vea marchar juntos, que le hace mucha ilusión. Llevo los dientes apretados y me concentro totalmente en ignorar el dolor. Llegamos al 28 y la animación se ha multiplicado. ¡Ya veo a las chicas!  Javi arranca como una exhalación y mi pierna no puede alargar la zancada para mantenerme a su lado. Sin querer he ido cargando más la derecha y ahora llevo las dos rodillas y los cuadriceps al rojo vivo.

Duele, pero ahora sí que estoy convencido. No voy abandonar.

Mantengo el ritmo que hemos llevado durante la carrera. No soy capaz de acelerar, pero sí de mantenerlo. Mis piernas lo llevan cincelando durante meses y sale solo. Hasta el  35 voy en tiempo de 2 horas 50´, pero a partir de ahí cada kilómetro se convierte en un mundo. Pienso en la carrera de Rubielos, en esos 6 kilómetros que corrí con un desgarro en el femoral, y voy diciéndome a mí mismo que puedo con esto, que en peores me he visto, que siga adelante. No estoy cansado. Voy entero y mi cabeza es fría como el hielo…¡Pero como duele! Lloro de dolor. Las lágrimas de rabia llegan a mi boca y chillo fuerte. Está ahí, ya lo veo, es el 37.5 y Paloma grita con todas sus fuerzas. Intento acelerar. No puedo y casi tropiezo. Mi pierna izquierda es una diana donde todo el mundo lanza dardos…38, 39… voy perdiendo tiempo, pero estás cerca. ¡Te tengo! Te he derrotado y estoy entero. No has podido conmigo… Si no fuera por mis piernas me daba hasta otra vuelta.

¡SÍ, SÍ, SÍÍÍÍÍ. ME HE SACADO LAS ESPINA!

Cojeando, llego hasta Javi. Como era de esperar, lo ha bordado. Menudo carrerón: 2h 47´44” ¡IMPRESIONANTE!

Me abrazo con fuerza a Paloma y la doy las gracias. Si he llegado, se lo debo a ella.

MUCHAS GRACIAS A TODAS LAS PAREJAS DE LOS MARATONIANOS, éste es mi humilde homenaje.

¡Te quiero Pal!

9 comentarios to “Maratón de Barcelona”

  1. silvio11 Says:

    Felicidades a mis tres maratonianos favoritos: Javier Ballesteros (2 horas 47 minutos… menudo cabrón estás hecho), Carmen (cuatro horas, pero creo que es a la que más admiro de los tres, lo siento) y Dani, un amante de la carrera. Chico, algunos han nacido para vivir con sus piernas, no de ellas. Creo que te encuentras en el grupo de los poetas del sufrimiento.

    Y sí, nadie pone las pilas a la gente como la Pal, menuda es para eso.

    • silvio11 Says:

      He intentado subie el vídeo de Sabina, pero… SORPRESA, Youtube no me deja.

    • DaniDaniel Says:

      Tengo que aceptar mi condición de Calimero en la carrera, soy el pasayo triste, el amigo majo con el que no se acuestan las chicas, el sabor agridulce, el wasabi que jode pero no dejas de chupar, la china en el zapato del penitente, el sexo por compromido, el morreo con prótesis dental, la corbata que te regalan en navidad, la última copa, el macarrón sin tomate, la lechuga sin aliñar, la cara b del vínilo, la caña sin espuma, el refresco de cola batido, una quiniela de 11 aciertos, una canasta pisando la linea de tres, la adaptación cinematográfica de un libro, la victoria cuando tu rival ha jugado mejor…

      • Lo que eres es un tío con unos cojones que no te caben en la entrepierna. (perdón por las formas pero es lo único que se acerca a lo que pienso)

      • heraclit0 Says:

        Joder, vaya capicidad de poner compraciones, Dani, lo que necesitas es un buen blog y pensar en MAPOMA, además se acerca la temporada triatlética y hau que niquelar la bici, yo no sé si voy a poder correr algún triatlón, pero cuenta con mi espada (tú antigua espada) de dos ruedas, para desgastar asfalto a fuerza de pedales, tio. Nos quedan decenas de retos!!!

        Y vere poniendo otro post un poco más alegre por Dios, llegaron detrás de tí más de 12000 tios!!!

  2. eiruceiram Says:

    El post genial!! Hasta me ha parecido corto.

  3. mantenido Says:

    Qué es un pasayo triste?🙂
    Buena crónica y buenos comentarios.

  4. Destino Says:

    Un post muy bonito Dani.

    La verdad es que hay que tenerlos cuadrados para terminar una maraton. Enhorabuena.

    http://proyectoayudaempresa.com/comunidad-know-house/

  5. heraclit0 Says:

    Dani, tu carrera tiene una gran mérito, cuanto más tiempo pase, más apreciarás la gesta que has hecho, que has igualado tu marca en maratón cojo!!!! yo no sé si podría hacerlo, así que disfrútalo.

    Pero qué Calimero ni que ostias, Dani eres un MA RA TO NIA NO!! y punto

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