Digital

Sufre convulsiones que no llegan a estremecer su cuerpo. Permanece erguido mientras siente como algo en su interior palpita. Músculos, corazón, párpados, cerebro. Una corriente de energía negativa le infecta  la sangre. Todo es demasiado… pulcro, técnico, artificial. La vida parece mentira, como los edificios que le rodean. El universo mismo, lo importante, está a punto de venirse a bajo, igual que las piezas de un Lego virtual. Las calles, el aire y las personas son de un gris metalizado. No hay nada a lo que aferrarse y la ansiedad continúa palpitando, convulsa.  

Los pilares se han venido abajo y el mundo cae con ellos. No tiene nada más que la carne en la que hunde sus uñas, buscando algo real: dolor. Respira profunda, intensamente, llenando sus pulmones de ese aire metálico que parece impregnarlo todo. Las emociones saltan dentro de él, impidiéndole tomar el control de sus propias acciones. Ansiedad, ira, miedo, debilidad… impotencia, sobre todo impotencia. Mental y física, en todo su significado. Impotencia. No se siente hombre es… espectador. Otros marcan las reglas y dirigen su destino. Da igual que no esté de acuerdo… no es más que un espectador… o quizás una víctima. Clava las uñas esperando que el dolor le ayude a despertar a la pesadilla, no de ella. Quiere enfrentarse al miedo, no que sea una mentira; reunir el valor necesario para luchar… para luchar de verdad.

Su ansiedad se contagia a las calles. La ciudad entera sufre convulsiones y el gris metálico del universo no deja de contraerse sobre si mismo antes de volver a gritar. Su cabeza crece y vuelve a concentrarse dentro de un microuniverso. En un segundo cree que la presión la hará implosionar y al siguiente amenaza con derramarse después de un seco estallido. Lo siente como si estuviera viéndola a través de un caleidoscopio, deformada, en constante movimiento.

Sus pies se hunden en el mundo de la mentira y las caras que se cruzan con él, muecas imposibles y aberrantes de cordialidad, le hacen sentir solo, perseguido, asustado. Los escaparates, de un azul metálico inquietante, se niegan a reflejar nada que no sea su propia frialdad. No se encuentra en ellos y duda de su propia existencia. Lame la sangre que brota de su carne, bajo las uñas, y también es metálica. Visualiza las válvulas de su corazón en movimiento, como una imperfecta máquina de precisión condenada a sucumbir a su propia naturaleza. Él es una máquina hecha de carne y hueso. Sus sentimientos habitan en un mundo virtual. Alguien dirige su destino. No es nada más que otro muñequito indefenso poblando una pantalla de ordenador llena de Lemmings.

El código fuente de su cuerpo es erróneo. Desea escapar del universo en el que le han concebido; encontrar una forma real de huir antes de que los hombres de gris vayan en su busca. El tacto del mundo, los olores, el sabor de las fresas y la madera crujiendo en la soledad de la noche no son nada más que líneas y líneas de programación, como su vida.

El hombre digital observa aquello que le es propio y se pregunta cuánto hay de verdad en sí mismo. Nada le pertenece. Todas sus decisiones son heredadas, la continuación del movimiento iniciado por un estúpido hombre de piedra. Su vida es el resultado de la evolución lógica del mundo y sus líderes, egoístas y depravados. Ahora han perfeccionado el juego. Le manejan desde lo alto. Es el daño colateral de un juego que ni siquiera comprende. Decide luchar y redefinir el concepto de víctima para poder convertirse en agresor. Puede hacerlo, a fin de cuentas, no es nada más que un fallo del sistema. Una vez lo comprende, la decisión simple, morir o matar.  Un minuto después de su nacimiento, el hombre digital ya ha aceptado su papel vocacional de virus.

2 comentarios to “Digital”

  1. eiruceiram Says:

    Original el post!!! Todos somos virus, espero que no exista el antivirus que nos destruya.

  2. Espero que no sea una autobiografía…

    Un abrazo.

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