Ambigüedad

Guadalajara tiene rostros repetitivos dentro de su pequeña multitud de familiares desconocidos. Ya en el colegio su cara era la de un animal de granja esperando entrar en el matadero. Le recuerdo apacible incluso en la violencia, inquietante, pues no hay nada más aterrador que la frialdad en los ojos del asesino. Sólo que el nunca mató a nadie. Se le intuía esa capacidad. Igual que un niño puede apretar, inconsciente, el gatillo de una pistola, él podría haber desencajado mandíbulas o silenciado respiraciones sin más ayuda que la de sus manos. Así de grande y… bovino era. No sé por qué esas expresiones, como de hombre perdido, las asocio siempre a personas grandes.

Cuando dejamos la escuela le perdí de vista durante un tiempo. Nunca llegué a hablar con él, entre otras cosas, porque era un par de años más joven que yo. Un día le vi tirando de un pesado carrito de la compra, de esos de tela que llevan las madres a los supermercados. La mía lo utiliza  para meter los cartones que va a reciclar. Él llevaba… lleva propaganda. Kilos y kilos de propaganda. Siempre he pensado que debe ser el carrito más pesado del mundo. También tiene una mochila repleta de panfletos. Una noche de viernes le vi entrar en un bar, completamente borracho, con la mochila, pero sin el carrito, y esa expresión en los ojos de vaca indefensa… o de asesino despiadado. Bailaba dando bandazos mientras sus ojos saltaban impertinentes entre las chicas. Entonces supe que no buscaba amor. Era sexo, venganza quizás. Sentí compasión y miedo de él.

A veces le adelanto con el coche. Él camina bajo el sol, con su carrito y la mochila a cuestas, perdido entre todas las ofertas, rebajas y promesas políticas de los panfletos que buzonea. Paso junto a él y me pregunto cómo será su vida. Sonrió al imaginar que son todo tonterías mías y qué es uno de los tipos más felices del mundo, o me da un escalofrío al pensar que vive en un pequeño apartamento lleno de mugre… no sé.

Ahora le encuentro en el parque casi a diario. Me recuerda a otros habitantes de otros parques, seres tristes que parecen querer esconderse del mundo durante unos segundos. Unos días bebe agua, completamente sudado. Otros se lía algo, supongo que un canuto, con una eficacia mecánica y la mirada perdida en el horizonte, como si estuviera tratando de definir su propia naturaleza.

4 comentarios to “Ambigüedad”

  1. Eiruceiram Says:

    1. Siempre he pensado que los hombres se parecen a 3 especies animales (pájaro, can, anfibio). Je, je, je

    2. Qué miedo!! Aunque fíate de los de mirada dulce y traje con corbata. Por lo menos a este le ves venir y dudas cual son sus intenciones.

    • silvio11 Says:

      Pero… ¿cómo puedes responder tan rápido?

      No sé cuáles son sus intenciones. Son prejuicios. El que debería dar miedo es el observador, que refleja todas sus oscuridades en la mirada que arroja sobre un desconocido.

  2. Eiruceiram Says:

    Primero he pensado que tú te sentías el del carrito y me dejaste inquieta. Me alegro que no me preguntes que animal me pareces je, je, je.

    Por eso he dicho que un tío con traje puede ser más peligroso. Los ojos son los compradores del mundo.

    Intenciones asesinas!!!! Soy una observadora. Je., je. je

  3. Habría que hacer un libro con las impresiones de los observadores de esta ciudad. Sería curioso, seguro que parecería que vivimos en sitios diferentes.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: