Buzón de correos

Pocos conocen la oscura historia de Jurgën Dasz, además los escasos testigos de las transformaciones que sufre en las noches de luna llena. Aunque no tardaron en ser conscientes de la maldición que padecía, sus padres jamás pudieron encontrarle sentido alguno. “Si al menos fuera un hombre lobo o un psicópata…”, divagan al relatar la historia del hombre triste y gris que fue su hijo.

Con la marcha del sol, Hans y Danna Dasz contemplaban aterrados como la boca de Jurgën comenzaba a ensancharse de forma inhumana. También perdía estatura mientras sus hombros se ensanchaban y la piel le adquiría un tono amarillo metálico. Dasz, de ascendencia polaca y ancestros húngaros, era un hombre buzón y cada noche de luna llena buscaba cartas que devorar.

La tragedia ya se intuía cuando Jurgën contaba con diez años. En el colegio, el resto de niños percibía algo extraño en él. Por algún motivo, el joven no parecía disponer de capacidad alguna para imaginar. “Era muy triste verle con sus propios juguetes. Los tenía en las manos así, inmóvil, sin saber qué hacer”, recuerda su profesora, Marta Clover, mientras intenta reproducir la expresión del niño, con la mirada ausente. “Era como si esperara que alguien le dijera qué debía hacer a continuación”, apostilla su padre tapándose los ojos con la mano para ocultar las lágrimas.

De familia pobre y escéptica con eso de los tubos catódicos, Jurgüen terminó descubriendo los placeres de la lectura. Aunque nunca fue capaz de imaginar los mundos descritos en los libros, todas aquellas letras le hacían olvidar su propia inexistencia. “Jamás se sintió protagonista de su vida, sino de la de otros”, asegura Hans. “Es que usted no lo entiende… El niño escuchaba y escuchaba, pero nunca conseguimos que se entusiasmara con nada”.

El joven Dasz terminó estudiando Derecho Mercantil. Para evitar el sobrepeso, adquirió la costumbre de jugar al pádel e incluso inició una relación con una estupenda y alegre muchacha que nunca le fue fiel. “No le molestaba, que va. Incluso me pedía que le contara mis aventuras. Creo que sentía más los besos que me daban otros que los  suyos”, relata amorosa Annia Webbergar. “A mi manera, le quería… Pero es difícil amar a única persona cuando eres consciente de que deseas el mundo entero”. Pelirroja y de mirada risueña, Webbergar confiesa que le dio auténtico pánico presenciar la primera transformación de Dasz. “Una cosa es que alguien te diga que es un hombre buzón y otra muy distinta que resulte serlo de verdad. Yo siempre digo que soy una mariposa, pero coño, no por eso voy por ahí convirtiendo mis brazos en alas las noches de luna llena”.

En algún momento, durante su juventud, Jurgën comenzó a escribir cartas a direcciones escogidas al azar. En ellas relataba su existencia con absoluta frialdad y precisión. “La primera vez que me llegó una de ellas me quedé consternada, pensé que un psicópata me estaba vigilando”. Marieta Hofferhofen, ama de casa de mediana edad, recibió hasta tres misivas de Jurgën antes de que su maldición evolucionara. El psicólogo literario, Ernesto Luppi, señala que la repetición de receptores “no fue algo que ocurriera de forma fortuita. Quería establecer vínculos emocionales concretos y sinceros a través de su propia cotidianidad. En el fondo, anhelaba esas relaciones interpersonales que presenciaba de forma diaria en su entorno”, termina de explicar Luppi con su cargante acento argentino.

Estudioso de las religiones de la comunicación y actual gurú de las redes sociales, Martin Valantine, de quince años de edad, asegura que el proceso de metamorfosis de Jurgën era inevitable. “Él creía estar expresándose, pero lo que realmente necesitaba era una retroalimentación que no podía llegar a materializarse. Al no poner remitente en sus cartas, no había posibilidad de respuesta”. Por eso, el ansia le llevó a convertir su propio cuerpo a un receptor. “No es tan raro. Si aceptas que una mente puede fundirse con Internet, ¿por qué un cuerpo no va a transmutarse en un buzón de correos? Es simple evolución, mecánica en vez de digital, pero evolución a fin de cuentas”.

Con 30 años, Jurgën Dasz, conducido por una necesidad de interrelación humana, hizo un pacto con la luna. Quería conocer historias reales, vidas. A cambio estaba dispuesto a sacrificar si propia alma.

Jurgën pasó años devorando cartas de madrugada. Era como si un sexto sentido dentro de él le dijera en qué punto exacto debía colocarse para saciar su apetito de historias pasionales. Eleuterio Riazor, encargado de correos en un pequeño pueblo de La Mancha, explica la situación. “¿Sabe cuántas personas echan una carta al correo a las tres de la mañana? Ya… yo tampoco. ¿Sabe qué dicen en ellas? Ni yo. Imagine un buen motivo por el que escribiría usted una carta a esas horas… ¿Lo tiene? ¿Sí? ¿A que ya está todo un poco más claro?” Debido a la maldición de Jurgën, miles de pensamientos íntimos y pasionales no llegaron jamás a sus destinatarios. Por desgracia, eso nunca la  importó a Dasz, que seguía aullando a la luna con su tremenda boca de buzón de correos.

Al final, fue el propio Eleuterio Riazor quien le dio caza. “Aquello no podía seguir. Estaba apropiándose de muchos secretos que no eran suyos… La historia de todos los monstruos es triste, pero eso no les da permiso para ser monstruos”.

Ahora, Jurgën Dasz se encuentra recluido en una institución especial para gente rara e inadaptada. Allí, en su habitación acolchada, hace frente al paso del tiempo mientras crece el vacío dentro de su corazón… ¿Han visto alguna vez llorar a un buzón de correos en las noches de luna llena?

4 comentarios to “Buzón de correos”

  1. Eiruceiram Says:

    Desde mi modesta opinión (no debería ni opinar):

    1) En la aparición de un nuevo monstruo de la noche tienes notable alto (noche y seres raros siempre unidos).

    2) Puedo destacar en el post 3 fases: las curiosidad del principio que engancha bastante, el centro que digamos que YO me pierdo y desconecto un poco, y luego al final vuelvo a retomar el interés.

    3) Lo más positivo es que nos has desvelado un interrogante. A dónde iban las cartas que nunca llegaron?.

    Es muy original el post. 9.75. ¿ La música?.

    • silvio11 Says:

      Gracias Eiru. Le he dado una minivuelta al relato y tus opiniones me han venido bien. Tenías razón en que la parte intermedia del relato tenía un poco de paja… Ains, si tuviera más tiempo para dedicarme a releer, pero que se me va la vida chica, qué le vamos a hacer.

      Musica no hay porque últimamente tengo que escribir los relatos a salto de mata y a cacho, con lo que siempre me pilla escuchando cosas distintas y que ya os he puesto. Que hasta de Zavadaliskyy (o como cojones se llame), se aburre uno.

  2. Este cuento pide a gritos unas ilustraciones. Los personajes que aparecen me encantan, todos…
    Jurgën, estoy contigo.

    • silvio11 Says:

      Pobre Jurgën, que a punto estuvo de llamarse Jurgüen, por cierto. Qué tendrán los nombres esos raros que molan tanto para las pelis de monstruos.

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