Pies

Mis pies. Son mis pies. Siempre son mis pies. Ellos son los que toman la decisión. Cuando tengo miedo, cuando estoy cansado y cuando creo que no quiero seguir adelante. Siempre son mis pies.

El enano subió a lo alto de la montaña para sentirse más alto que el resto del mundo. Al llegar arriba, se detuvo a mirar con orgullo la pequeña villa que había abandonado unas horas antes, pero se aburrió pronto de ella. Entonces vio en el horizonte otros pueblos que nunca había visitado y volvió a sentirse pequeño. Días más tarde volvió a salir de casa, esta vez para no volver. Era poco lo que podía ver en el polvoriento camino que le llevaría hasta la ciudad. Las promesas del horizonte ya no existían, pero vencer el miedo con cada paso le hacía sentir grande.

Son los pies. Son mis pies. Siempre son mis pies. Qué haré si mis pies deciden dejar de caminar. Son mis pies. En ellos termina la fantasía y comienza la realidad.

Mi mariposa vivía en otro mundo, pero cruzaba realidades para llegar volando hasta el mío. No era una mariposa como la de los cuentos. Sus colores no eran brillantes ni alegres, sino morados y negros. Tristes y apagados colores morados y negros, pero venía volando a mí todos los días, para ver cómo estaba. ¿Acaso no era eso suficiente? Yo, a cambio, admiraba su torpe vuelo. Supongo que éramos la pareja más triste y deprimente del mundo. Un día comenzó a golpear la puerta de la calle. Una y otra vez se lanzaba contra ella. Al final la abrí y salio disparada por ella, pero esperando que la siguiera. Lo hice. Bajo la luz del sol, se alejó volando de mí y yo me perdí andando del mundo.

Solo mis pies. Sin ellos…

El día que la ciudad decidió abandonarle a su suerte él prometió que no volvería a pisar calle alguna. Se fue a vivir al monte, pero incluso los caminos en las praderas más vastas le recordaban estrechos y húmedos callejones lleno de humo, olores y reflejos en escaparates. Reconoció que al final su cuerpo acabaría obligándole a volver, pero incapaz de aceptar la debilidad de su orgullo decidió extraviarse aún más adentro de la arboleda. En la densidad del bosque más cerrado del mundo, encontró un pequeño riachuelo junto a la promesa de un camino, apenas horadado por las pisadas de una docena de caminantes. Lo siguió durante días hasta llegar a un cruce situado en medio de la nada. En él le esperaban un enano y otro tipo, uno tan perdido como él que parecía estar enfadado con una mariposa que revoloteaba zalamera a su alrededor. Los cuatro se miraron sin saber muy bien qué decir… así que no abrieron la boca.

Son mis pies. No se si van a alguna parte, pero me salvan de la inmovilidad… si es que es mejor estar en movimiento que permanecer quieto.

Y echaron a andar.

No son nada más que mis pies.

4 comentarios to “Pies”

  1. Nacho Ll. Says:

    Hola Javi.
    He entrado por casualidad. Buscando una página en “Favoritos” he visto tu enlace y lo he pinchado, porque hacía mucho, mucho tiempo que no entraba.
    Pero hoy he pinchado.Y, al terminar de leer, he aplaudido en el despacho.
    En serio, me ha salido un espontáneo y sonoro aplauso.
    Es flipante. He aplaudido.
    Un abrazo, tío.

    • silvio11 Says:

      Pues no sabes la ilusión que me ha hecho, de verdad. No sé, siemrpe mola ver un nombre nuevo por aquí. Da ánimos.

      Otro abrazo para ti.

  2. Me pregunto quien será este tal Nacholl… No caigo.

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