Más pseudo filosofía barata de mierda, pero es para lo que doy

Irse no es partir, es quedarse en un lado esperando el momento de regresar. Irse es no ser necesario y poder descansar, al fin, de los deseos y las inquietudes propias y ajenas. Es tener la tranquilidad necesaria para poder permanecer en silencio y, por lo tanto, dejar de estar. Irse es cerrar los ojos y no ver nada más que silencio. Sin ruidos. Sin demonios ni pesadillas. Silencio. Lejos. Oscuridad. Paz.

Desde la distancia me entrego a la deshumanización de mis sentimientos. Porque no estoy, porque me he ido, porque lo importante parece superficial y lo necesario prescindible, puedo decir que me he ido. Todo aquello que antes provocaba sufrimiento es un breve despiste ahora que lo fundamental puede ser eliminado.

¿Acaso tiene sentido esa paz interior que encuentra su sonrisa en la seguridad de lo perecedero? Todo lo que tengo está destinado a dejar de ser mío, pero aún así no existe miedo al futuro. Quizás porque la felicidad es sólo conformismo disfrazado de milagro En ese caso, ¿no sería el desastre una nueva oportunidad para lanzarse a la búsqueda del verdadero yo? ¿Tengo esperanza en el fin de mi felicidad porque será la única manera de ponerme en el camino de la superación personal… o del desastre absoluto?

Irse es enfrentar el desastre sin tocarlo, con los ojos cerrados y en silencio, sentado en el sofá, tranquilo. Irse es no temer ni estar obligado a… Irse es permanecer en el segundo plano del pensamiento de otros y en el primero del propio. Es ser tan estúpido como para seguir buscando problemas allí donde ya solo hay soluciones y algún que otro bache. Es aprovechar el contexto para creer que es final, confundir el camino con la meta y dejar de andar durante… ¿Cuánto?

¿Es compatible la felicidad con la creación, el aprendizaje y la búsqueda de soluciones? Aquellos que crean en la construcción de un proyecto conjunto dirán que sí. Quienes busquen el avance a través de la confrontación de las propias dudas y el conflicto, sentirán una inclinación suicida a buscar enseñanzas en el dolor. ¿Y si de tanto vivir en el sufrimiento hemos terminado robándonos la posibilidad de ser felices? ¿Seremos capaces de asumir nuestra maldición o nos volveremos conformistas? ¿Y si buscamos en los ideales externos una respuesta a nuestras dudas interna? ¿Realmente seremos capaces de supeditar siempre el yo al ellos, caeremos en el autoengaño de la identificación absoluta o sucumbiremos a la depresión cuando la realidad se imponga a los sueños?

Irse es robar el tiempo necesario para verlo todo con perspectiva y descubrir que no hay ángulo de visión posible. Allí donde reside el caos, las facetas se complican. Puede que sea egocentrismo o una falsa necesidad de no reconocer la propia ignorancia, pero donde existen certezas, sólo encuentro ignorancia.

Tú, yo, él, ellos, nosotros. Irse es no poder encontrar un pronombre personal que te identifique… Esperar a que vuelvan los problemas que te hagan regresar.

De la confusión nace la duda. Eso ya es una verdad absoluta.

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