Recuerdos de un cuarto vacío

Sip, el vídeo no es nuevo, pero ¿acaso no es bonito que una misma canción te inspire cosas diferentes?

 

Tenía un susurro en la palma de la mano.

Era tuyo, de hace meses.

La voz seguía siendo infantil, como entonces,

y apenas entendía tus palabras.

Esta vez tampoco me importó.

No tenía enfrente tus ojos para perderme en ellos,

pero podía cerrar los míos y soñarlos.

 –

Y sentado en mi habitación volví a recorrer las calles mojadas de Madrid,

con el viento de cara

y el vértigo de la ciudad rendido al tacto tranquilizador de tu mano.

Caminamos como exploradores en la luz,

recorriendo  kilómetros de palabras mientras las nubes lloraban sobre nuestras cabezas.

 –

Necesitaba volver a imaginarte antes de que me llevara la oscuridad,

para tener un talismán que me permitiera sobrevivir a mis propios demonios.

 –

Me encerré en el ascensor que compartimos a mediados de marzo

y juntos salimos del sótano de los miedos, camino del octavo piso.

Y del “¿por qué me quieres?” compartido

pasé al “porque eres mágica” de mi media respuesta.

A veces la verdad es alentadoramente tan simple.

 –

Tenía un susurro tuyo en la palma de la mano y dos pupilas hablándome en la imaginación,

la seguridad de ser un tipo afortunado

y una habitación gigante y solitaria en la que perderme acompañado de tu presencia.

 –

Y cada vez que me dejo llevar al lado oscuro del sol,

eres tú quien me trae de vuelta al mundo,

porque no te necesito,

pero el mundo es infinitamente mejor si estoy contigo.

Y quizás por eso te quiero,

porque te amo como sólo puede amar alguien que es libre,

sin miedo,

y queriendo que seas tan libre como yo.

 –

Volvimos al cine y la misma lágrima te cruzó la mejilla al final de la película,

dejando un surco acuoso a su paso que resplandecía en la oscuridad de la sala,

como un relámpago de luz en medio de este mundo sin corazón,

y por eso también te quise ayer y te querré mañana,

porque lates por mí y me haces sentir fuerte cada vez que a mi corazón le da por gritar.

 –

Y desde mi habitación caminé contigo por Madrid,

nos encerramos en un viaje de ida y vuelta en ascensor

y volvimos a ver al estúpido castor que te hizo llorar.

 –

Y entre las lagrimas de mi tristeza vocacional

nació una sonrisa.

 –

Pensé en llamarte, pero una mirada al reloj y la madrugada me borraron la idea.

Podía esperar unas horas antes de volver a abrazarte,

porque no hay nada mejor que echar de menos aquello que no se ha perdido

y porque a veces me gusta regocijarme en mi buena estrella.

5 comentarios to “Recuerdos de un cuarto vacío”

  1. Infinito Says:

    10. 10. 10

  2. Eiruceiram Says:

    Brutal!!

  3. Colosal!

  4. Copín… no puedo decir más…
    Y tú, Destino, ya sabes cuál es tu sentencia, no? -mi blog espera que algún día también hagas un comentario… una palabra tuya bastaría para sanarme… ;P

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