Blanco comprensión

Blanco, en realidad es blanco. Sí, blanco. Sólo hay que mirarlo fijamente, hasta que ciega, entonces el sol es blanco. Te arden las pupilas, el cerebro y todo se vuelve blanco. A veces pienso que mirar fijamente el sol debe ser como intentar comprender el universo. No se puede. No estamos preparados. El universo terminaría siendo blanco y acabaría por no entender nada, igual que mirar el sol fijamente acaba dejándome ciego.

 

Llevo días bebiendo. El alcohol y la tristeza también pueden llegar a ser blancos. El sofá huele a mi sudor y yo al polvo que se acumula bajo la cama. El despertador suena demasiado pronto por las mañanas… o demasiado tarde. No importa. El tiempo termina siendo igual de inútil siempre. Tengo migas de pan sobre la piel y cerveza en los pantalones. El calor del verano me asfixia. Me preguntó si habrá que estar presentable para recibir a la comprensión.

 

Pienso en soluciones, ideas, conceptos. Creo que el espejo del cuarto de baño conduce a un mundo paralelo. El mando de la televisión está roto. Yo aprieto los botones, pero nunca me obedece. Me preguntó si estará tratando de decirme algo, si habrá un mensaje oculto en la aparición aleatoria de programas y películas. Llevo días pensando en ello… y bebiendo. He terminado por olvidar qué fue primero, si el alcohol o la búsqueda de ese mensaje oculto. Ninguna posibilidad es más lógica o absurda que la otra.

 

Mi respiración es pesada, como si me costara o no quisiera respirar. La cerveza está caliente y, aunque todavía me quedan dos rebanadas de pan, ya no hay pavo ni queso con que rellenar el sándwich… Si tan sólo pudiera comprender el mensaje… o enfriar la cerveza. Los rayos de sol se cuelan por la ventana. Parecen blancos. Intento hacerme un bocadillo de rayos de sol. Cientos de hormigas me llaman desde la cocina. Preguntan si quiero que me traigan algo de comida. Llevan tanto tiempo recolectando que ya han llenado sus almacenes. No saben qué hacer, si regalarlo todo o realizar un suicido colectivo ahora que su vida ya no tiene sentido.

 

El bocadillo de sol me sabe a blanco. No tengo sueño, pero noto que mis ojos están entrecerrándose. La televisión me plantea un nuevo acertijo. Intento atravesar el espejo del cuarto de baño y tapo mis oídos para no escuchar más a las hormigas. Los pulmones se me llenan de polvo. Segundos antes de que la locura me haga empezar a llorar me asalta la certeza de haberlo entendido todo durante un segundo.

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