Encrucijada

Al fondo del camino hay un perro negro. Bueno al fondo, en realidad es una encrucijada. Siempre hay una encrucijada allí donde pensamos que se encuentra el final del camino. Hay un perro negro y una encrucijada. Los errores fatales son aquellos que se pagan durante toda la vida. Hay una encrucijada que bien podría ser el final del camino. Escéptico y confuso camina hacia ella, sonriendo a pesar de todo. La matemáticas son la poesía de Dios y el lenguaje las matemáticas del hombre. En la formulación exacta de su propio pensamiento espera encontrar el conocimiento absoluto de sí mismo. Ese es el reto, ser capaz de traducir con precisión el pensamiento, que a su vez no es nada más que la traducción del sentimiento… El lenguaje del sentimiento. Y el perro ladra.

Los errores fatales se pagan durante toda la vida, repite mentalmente de camino al cementerio. Sobre su hombro, una sexta parte del ataúd. Los ladridos llegan desde la encrucijada. Hay amores que se pierden por una decisión estúpida, pero su error no fue perderlo, su error fue aferrarse a él… Tantos años. Y el perro vuelve a ladrar, desafiante o indignado, imposible saberlo. Agacha la cabeza y mira al suelo. Fue tan fácil vivir preso, con el error, acomodado. Se pregunta qué hará a continuación, libre. La encrucijada se aproxima y la cochambrosa entrada del cementerio le recuerda a la puerta de su hogar.

Toda una vida preso, pero hubo un día en el que le perdió el miedo a la muerte… Una noche, mejor dicho. Abrazado a ella supo que podría morirse tranquilo. No plenamente feliz, pero sí tranquilo, en paz. Durante unos días jugó con la idea mental del suicido. El perro vuelve a ladrar. Le fascinaba la posibilidad de abandonar en el punto alto, justo cuando todo estaba en orden, aunque no hubiera perfección.

Sus emociones le hablaron. El miedo, la esperanza, la felicidad… Pero no supo entenderlo. No supo entenderse y los ladridos apunto estuvieron de hacerle estallar la cabeza. Pesa tanto el ataúd como cada uno de los días en los que tuvo que regresar a casa a regañadientes. No fue siempre y no fue todo, pero si bastante como para que por norma general se sintiera sin sonrisas. Pasaron los buenos días. Giran a la izquierda y el perro se hace a un lado para que puedan encarar la puerta del cementerio. ¿Y qué fue de la paz? Nada, allí se quedó, junto a él y la tranquilidad. A lo mejor es que él había nacido para la agitación y el caos.

Mientras se adentra en el cementerio, el perro vuelve a ladrar. Una vez más, es ella quien le marca el camino a seguir.

2 comentarios to “Encrucijada”

  1. eiruceiram Says:

    Genial!!!

  2. silvio11 Says:

    Gracias Eiru. Espero que estés disfrutando del verano.

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