Super 8

Mejor que la pornografía siempre será el buen erotismo, siempre. El erotismo capaz de sugerir situaciones que al espectador le parezcan reales, por imposibles que sean; el erotismo morboso que provoca espiar a otro; y el erotismo que capaz de meter al espectador en la piel de uno de los amantes. Spielberg en sus  E.T., Encuentros en la tercera fase y el Diablo sobre ruedas era un maestro del erotismo. J.J. Abrahams no es más que un pornógrafo.

 

Super 8 llega a las pantallas abalada por la nostalgia. El referente más cercano eran esos Goonies aventureros en los que Spielberg puso la mano de escritor y el olfato de productor. Referente y meta inalcanzable, porque Super 8 no logra darles alcance. No lo consigue, en primer lugar, por el tiempo y la ambientación. Los Goonies es una carrera contrarreloj que dura poco más de una noche y comienza en un día de tormenta para, después, dejarse arrastrar hasta un laberinto fantástico. Super 8 abarca varios días y personajes. Pierde la emoción de la aventura infantil que se encuentra sin buscarse, de la descarga adrenalínica casi constante. Además, pierde de vista otro factor importante: el minimalismo. La construcción de un microuniverso poblado por personajes entrañables.

 

Los Goonies sigue a un grupo de chicos. Las relaciones entre los amigos se refuerzan y crecen durante las aventuras. El espectador los conoce a todos por sus nombres y la historia navega tranquilamente entre la quimera infantil y el mundo real. El diablo sobre ruedas presenta el cara a ¿cara? entre dos personajes, uno real y el otro forzadamente demoníaco. En Tiburón, los momentos más memorables llegan cuando el reducido grupo de caza tiburones se echa al mar y no hay nada más atractivo en Encuentros en la tercera fase que la mística búsqueda de un aparentemente desquiciado Richard Dreyfuss. Todo está reducido a pequeños espacios, a una conexión íntima con los protagonistas.

 

En Super 8, pretendida heredera de esta época de oro, no hay nada de eso. Abrahams no profundiza lo suficiente en la relación del grupo de amigos. No deja que lleguemos a ellos hasta el último tercio de la película, cuando la propia acción comienza a darles auténtica personalidad. Todo lo demás es producto de esa otra película que el director tenía en mente, la de los amigos rodando una película en Super 8 que, efectivamente, no habría llegado a funcionar por sí misma. El resto de personajes, los padres de los dos jóvenes protagonistas y el profesor de ciencias y sus Lostianas películas, no eran necesarios. En cuanto al villano, no el alienígena, está pobremente dibujado y apenas tiene encanto. Un buen villano, sobre todo en estas películas de género, es tan necesario como respirar, ya sea un invisible conductor de camiones, un escualo gigante o unos fríos agentes del gobierno tan ajenos y aterradores como podrían serlo los propios alienígenas invasores. ¿Alguien ha olvidado la conquista de la casa de Elliot que hacen los federales en E.T. el extraterrestre? Ellos sí que eran “otra cosa”.

 

Después está el ordenador. Abrahams no necesitaba un monstruo gigante, pero parece creer que para impresionar a alguien hay que meterle un bicho gigante. Lo suyo, por desproporcionado, impide crear con el necesario clima de magia, misterio y terror infantil. Super 8 requería algo más de sutilidad. A veces, con esto de los efectos especiales, a uno le pasa como con la censura. Antes, cuando no se podía hacer todo, los creadores tenían que romperse la cabeza para sugerir. Ahora todo es mostrar, mostrar y mostrar, aunque no haya emoción por ninguna parte y todo sea tan vulgar como la pornográfica.

2 comentarios to “Super 8”

  1. Eiruceiram Says:

    La verdad es que en la mayoría de cosas que dices de Super 8 llevas toda la razón.

    Los padres de los chicos, me faltó algo entre ellos, parecía que algo más tenían que haber contado… En varios momentos de la película falto el malo malísimo (no había miedo, ni peligro). Pero a pesar de eso me entretuvo bastante cuando fui a verla. Es que me conformo con poco…

    • Si entretener entretiene, como tantas, pero no era una más, jo, no lo era.

      Si me llegan a decir que era normalucha no me sentiría decepcionado, lo que no quita para que sea entretenida.

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