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Apuntes sobre el vacío (Marruecos I de II)

Posted in étranger with tags on julio 20, 2010 by silvio11

Es como estar sentado en el tejado de casa, mirando la noche… Siempre aparece la noche en lo que escribo. Me pregunto si es porque soy muy guay o porque realmente hay algo que me une a ella.

Es como estar sentado en el tejado de casa, mirando una noche perfecta… y no echar de menos a nadie. La paz interior es así, egocéntrica. Tan centrado estás en tu propia paz que no echas de menos a nadie, que no anhelas compartir con nadie la belleza de las estrellas.

Entonces comienzas a preguntarte si no estarás enfermo.

¿Es sano no querer compartir la belleza con nadie?

El mundo cree que sí, que ser una persona autónoma, individual y fuerte es la mejor opción de todas. Siempre es mejor no necesitar a nadie. La autorealización, el yo, debe estar siempre por delante de lo demás… ¿Hasta qué punto?

¿Cuándo llega el momento en el que ser uno pasa a convertirse en una enfermedad?

Pienso en la noche perfecta y me da rabia no poder compartirla con nadie.

Entonces pienso que querer compartirla con alguien es, a menudo, querer compartirla con una persona en concreto… Eso hace que todo mi discurso anterior esté teñido de un sucio cinismo.

Querer compartir la belleza de la noche con una persona concreta es tan egoísta como ser capaz de disfrutarla solo.

Observo los hielos derretirse en el vaso de bourbon, despacito, como si una lengua acuosa los estuviese lamiendo con paciencia. Los observo y me parecen preciosos. Ahora mismo imagino la luz reflejándose en los hielos, en el mismo bourbon. Imagino un fondo de madera distorsionado por el alcohol. Imagino un marrón surcado por vetas de un negro profundo. Lo imagino y es precioso.

Y me pregunto si a alguien le parecería tan hermoso ese vaso de bourbon como me lo parece a mí. Me pregunto si alguien estaría dispuesto a compartir esos momentos de observación conmigo antes de darle un trago profundo al alcohol, saboreando la fuerza del bourbon aguado, reteniéndolo un segundo en la boca antes de tragar con los ojos cerrados, notando plenamente el movimiento de la nuez.

Estoy en el tejado, disfrutando de la noche, de las estrellas, de mi copa, de la música… y alguien la apaga, inconsciente de la belleza del momento, de formar parte de un instante único y superior, deseoso de imponerse a la naturaleza de los propios acontecimientos. Me da rabia y desearía estar solo.

Ojalá pudiera disfrutar solo de la noche.

En la propia solución se esconde la pregunta y nada tiene sentido.

Pero ahora, ahora, es como si pudiera disfrutar solo de la noche, sin echar a nadie de menos. Estoy en paz con todo, supongo. O quizás es que todo me da igual. A lo mejor es que ya no hay nada que pueda hacerme daño. Aquí y ahora, siento la tranquilidad que domina a quien no tiene nada que perder.

He aprendido a no esperar nada de nadie. Me lo enseñó una mujer a la que amé con toda mi alma, si es que sé lo que es el amor. “No esperes nada de mí”. Y yo, como un idiota, empecé a soñar que un día querría dármelo todo. “No esperes nada de mí”. Soñé compartir todas mis estrellas con ella. “No esperes nada de mí”. Soñé un mundo que ahora parece estar a cien realidades de éste. “No esperes nada de mí”. Y me olvidé de escuchar sus palabras.

Ahora estaría orgullosa de mí.

Ahora puedo mirar la noche, las estrellas y no sentir ni esperar nada porque no espero a nadie que me importe. He aprendido a amar a quien amo desde lejos, sin interferir demasiado en su vida. Soy autónomo e independiente. Puedo observar la felicidad de aquellos a los que amo sin ser parte de ella. Puedo contemplar la noche estrellada más perfecta sin sentir la necesidad de compartirla con nadie, imaginando que otros ojos, en otra parte, la disfrutan igual que la disfruto yo. Puedo hacerlo mientras agito el vaso levemente en mi mano derecha, en el sentido opuesto a las agujas del reloj, ayudando al bourbon a lamer los hielos y tarareando una canción que nunca termino de aprenderme.

Y me pregunto cómo de enfermo estoy.

Creí que no podría hablar de la nada, pero supongo que esto es algo. Siempre se puede decir algo de la nada, de ese vacío que otorga paz, como si fueses un drogadicto al que se le quedan los ojos en blanco después de cada pico que se mete en las venas.

El hielo es poco más que una pequeña lágrima helada en medio del vaso de bourbon aguado.

Quiero correr y huir del vacío, pero volver al dolor es siempre regresar a la lucha por la libertad… y ahora me siento libre, aunque no haya nada más que nada.

Necesito recuperar fuerzas antes de regresar al dolor.

Necesito formar parte de la nada antes de volver a escapar del vacío.

O a lo mejor ya estoy escapando, aunque no quiera reconocerlo, mi propia alma siempre está escapando, buscando el camino de huida, incluso cuando disfruto de la noche perfecta en soledad y me arrepiento de no querer compartirla con nadie.

Trato de tararear la canción, pero desafino.

Es la historia de mi vida.

Trato de seguir luchando, aunque pierda.

Creo que me viene de familia.

El vacío sonríe. Me prometo ajustarle las cuentas y encontrar algo que me importe, pero no buscarlo.

Disfruto de la noche.

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