Archivo para Polonia

Tres fotos (Polonia V de V)

Posted in étranger with tags on julio 12, 2010 by silvio11

Cuando estás allí es como un pequeño caos, con todo golpeándote a la vez. Demasiada información, te dices a ti mismo. Es imposible verlo todo, ser consciente de ello.

Tengo una caja llena de fotos en casa. Son de viajes. Deberían ser recuerdos, pero nunca las miro, así que olvido, casi siempre. Hoy no. Hoy recupero tres del pasado.

La incapacidad para abarcarlo todo y el olvido tienen un lado bueno. Con el tiempo, cuando echas la vista atrás, sólo te queda lo importante en la cabeza.

Hay una estatua de Stalin. Me hace gracia reconocerle con tanta facilidad. La estatua, digna y orgullosa, observa a un grupo de jóvenes soldados que parecen estar cargando contra un enemigo imaginario.

En Katyn, los comunistas se cepillaron de quince a veinte mil polacos, casi todos militares. Durante años echaron la culpa a los nazis en un loable ejercicio de hijoputismo encubierto. Cuando veo la estatua de Stalin, me cuesta creer que no la hayan quitado. No sé cuánto duró la dictadura allí, pero debió ser mucho tiempo.

Auschwitz debería dar miedo y poner los pelos de punta. En una de las habitaciones del antiguo campo de concentración hay kilos y kilos de pelo. En otra, piernas y brazos ortopédicos. Maletas vacías atestan una tercera y cepillos de dientes y otros utensilios personales hacen lo propio con una cuarta.

Debería poner los pelos de punta.

Un grupo de muchachos judíos pasean por allí riendo, como si estuvieran en el patio de su casa. El Estado israelí les paga viajes para que no olviden su pasado sin darse cuenta de que lo están trivializando. Un grupo de militares con la estrella de David en sus uniformes también visita las instalaciones. Se supone que está prohibido tirar fotos en el interior, pero se pasan la prohibición por el forro.

No, no da miedo.

 

Una muchacha joven, española, con pinta de pija, se acerca a una de las antiguas vallas electrificadas, la agarra y finge recibir una descarga mientras su amiga le hace una foto.

Los nazis pusieron las torres de vigilancia para evitar que los judíos se suicidaran tirándose contra la valla. Cada vez que uno lo hacía, tenían que apagar el sistema o algo así. Costaba mucho menos pegarle un tiro a alguien y deshacerse del cuerpo. Algunos guardias lanzaban paquetes de cigarros cerca de la valla y pedían a los judíos que se los recogieran. Después les amenazaban con dispararles si se acercaban demasiado a ella. A veces apretaban el gatillo.

La pija se parte el pecho. Después la veo haciéndose otra foto con la réplica de uno de los vagones que se utilizaban para transportar judíos al campo de concentración. Es curioso, algunos incluso llegaron a comprar billetes porque pensaban que esos trenes les llevaban a un lugar mejor. Cuando les quitaban las maletas, les hacían poner sus nombres en ellas para poder devolvérselas después.

Nuestro guía hace hincapié en lo mismo una y otra vez. Aquello era un gran secreto. Nadie sabía lo que ocurría en el campo de concentración.

Cuesta creerle.

También hay una iglesia, Dominikanska. En la puerta tiene un letrero que anuncia los horarios de la misa para jóvenes. Cuando vamos es domingo de ramos, creo. No es que sea un hombre de fe, al menos no de fe institucional, pero resulta difícil comprender un poco de Polonia sin formar parte de su religión.

Cuando llegamos a Dominikanska ya es de noche. Juraría que hay más de mil jóvenes esperando entrar en el interior de la iglesia, pero primero debe terminar la procesión que recorre las calles de la ciudad. Delante de la imagen, un muchacho hace malabarismos con fuego.

Es espectacular.

Durante el oficio los chicos, apiñados en los bancos, escalones y el mismo suelo, muestran un respeto reverencial. Cuando los sacerdotes se mezclan con la multitud para dar la comunión, la masa de cuerpos les abre caminos con naturalidad, como siguiendo un proceso previamente acordado y ensayado.

Me lo explican, pero me cuesta comprenderlo. En Polonia, la Iglesia era lo resistencia. Aquí, nuestros héroes del franquismo eran los rojos que se aliaron con el pueblo para sufrir con él y luchar por la libertad. Allí, quienes estaban de parte de los débiles eran los sacerdotes.

No es tan raro, ¿no? Supongo que todas las ideologías aspiran a hacernos mejores y más felices. El secreto está en el verbo: “aspirar a”. Las aspiraciones siempre son maravillosas. El problema llega cuando te dan el poder necesario para intentar convertir la aspiración en realidad. Entonces olvidas el fin y sólo te preocupa el poder, que no deja de ser el medio.

Sólo tres fotos. El resto, la verdad, creo que terminaré olvidándolas.

Wawel (Polonia IV de V)

Posted in 1, étranger with tags , , on abril 20, 2010 by silvio11

Texto: Rafa

Fotografías: María Martín

 DESPEDIDA ENTRE FLORES, VELAS Y CENIZA VOLCÁNICA

Decenas de miles de polacos dicen adiós al presidente Kaczynski en Cracovia

Del estupor al silencio hay siete días de distancia. A mitad de camino, paradas en el lamento, el enfado y la tristeza. Kasia Kot, toda una vida en Cracovia sin apenas sobresaltos, ha pasado una semana señalada por la intensidad. A la multiplicidad de estados de ánimo generados a partir de la tragedia aérea que acabó con la vida de 96 personas el pasado 10 de abril, le sumó un incremento inesperado de actividad laboral. Kasia regenta una tienda de souvenirs en pleno corazón de Cracovia, en la calle Grodzka, a apenas cinco minutos del monumental Castillo de Wawel. “Agotadas, todo la semana vendiendo, sin respiro”. Se refiere a las banderas oficiales de Polonia. Los compradores, por primera vez, no son turistas. Los polacos han expresado su dolor por los fallecidos mediante un silencio envuelto por el rojo y el blanco que distingue a su país. Banderas de todos los tamaños, con el inevitable crespón negro, y transportadas por personas de todas las edades y condiciones sociales. Una forma de reivindicar un patriotismo tan reservado como rebosante de resignación, sólo coloreado por el fuego de las miles de velas y las flores depositadas simbólicamente en las calles.

Tras una semana descolorida y lluviosa, Cracovia amaneció radiante para despedir al presidente Lech Kaczynski y a su esposa, Maria Kaczynska. El gris ceniza se esparció por el cielo, escondido a ojos de las decenas de miles de personas que abarrotaron el centro de la ciudad. La nube volcánica islandesa impidió la presencia de, entre otros, José Luis Rodríguez Zapatero y los Reyes de España. También de Obama, cuyo anuncio de visita, finalmente suspendida, revolucionó por unas horas el sistema de seguridad de la tranquila Cracovia. Quedó, en definitiva, un perfecto día de picnic, luminoso e insólitamente abstemio. El Gobierno decretó la prohibición de vender bebidas alcohólicas. El regreso de la ley seca. El líquido oficial del fin de semana pasó a ser el agua, necesaria para combatir las horas que millares de polacos dedicaron a dar el último adiós al presidente. Muchos de ellos formaron en la mañana de ayer una larga cola para poder acceder y presenciar en la Plaza Mayor, por una pantalla gigante, el funeral, que transcurría en el interior de la Basílica de Santa María, en uno de los costados del lugar. “Desde la muerte del Papa Juan Pablo II no se vivía nada parecido”, explica Marcin, un joven que olvidó por unas horas su malestar por la decisión de enterrar al matrimonio en Wawel, patrimonio histórico de Polonia y panteón reservado a los héroes del país. Tal descripción no se adaptaba, a su juicio y al de otros muchos, al perfil de Kaczynski. Aunque a diferencia de lo ocurrido a lo largo de la semana, el día del funeral apenas se escucharon protestas. Reinaba el silencio. Para dialogar o discutir queda el futuro a corto plazo. Y el primer reto llega pronto, a finales de junio con las elecciones generales, ya con las flores marchitas y las banderas guardadas.

El monumento a Katyn de Cracovia reúne miles de velas y flores en recuerdo a los fallecidos en el accidente de avión.

Lugares comunes (Polonia III de ???)

Posted in étranger with tags on abril 11, 2010 by silvio11

Llueve en el Parque Jordana. Una pareja se abraza en un banco, indiferente a todo. Como un estudioso de la materia, les fotografío. Mal, por cierto. Creo que tenía que haber forzado más el ángulo para intentar ponerles a la altura de la cabeza de la estatua. Me doy cuenta de que estoy a años luz de ellos… Puta indiferencia. 

Cracovia tiene la mayor plaza medieval de Europa, pero no impresiona tanto. La antigua lonja del mercado, ahora en obras, ocupa el centro. La inmensidad se intuye, no se ve. El día antes de volver a casa, una maravillosa luna llena se esfuerza por asomar sobre los andamios que rodean el edificio. Me hace pensar en lo de siempre, en mis lugares comunes.

“Aquí el café es caro y, en muchos sitios, malo”. Cerca del trabajo de nuestros anfitriones hay una cafetería. Tienen razón, no es bueno, pero regalan un trozo de tarta de manzana con él. Un cartel rojo putiferio anuncia la existencia de una zona de no fumadores. Charlamos. Imaginarnos jóvenes, con ganas de aventuras y despreocupados es casi una utopía. Los 30 son el referente que nos preocupa a todos por igual. La primera piedra de toque seria que plantea la vida. ¿Qué querías ser? ¿Qué eres? Juego con ventaja, nunca he sabido qué querría ser con 30 años, pero tampoco tanta, porque ya va siendo hora de que elija algo. “Estamos en el disparadero”. Tengo la sensación de ser la bala que está en la recámara. El único problema es que la pistola no apunta en ninguna dirección concreta. Da vueltas y vueltas sobre la mesa, como si fuera un juego de la ruleta rusa.

¿De qué habla la gente en los parques? No consigo recordar de qué he hablado yo en un parque con nadie. Lo único serio que he hecho en un parque ha sido leer El Principito una y otra vez. Subrayar frases, convertir párrafos en diálogos… También fue en un parque donde quedó claro que ya no podríamos volver a querernos más. ¿Ya han pasado años desde aquello? Era de noche y la hierba estaba mojada. Entonces era demasiado joven, creía que la respuesta tenía nombre de mujer.

Los alrededores de la Plaza del Mercado están delimitados por un parque que no sé cómo se llama. Lo rodea por tres de sus cuatro lados. En el cuarto hay un río. En uno de esos tres lados del parque hay un banco. Manudo y yo nos sentamos allí un par de días. Los días, por el sol, son primaverales. Hace un poco de frío, pero hablamos de nuestros lugares comunes, el baloncesto, su iglesia y mi alcohol. Vaya, resulta que sí he hablado de algo con alguien en un parque. Corremos el peligro de olvidar algunas cosas maravillosas sólo porque son cotidianas… que injusto.

Hace poco, una ola de frío helaba hasta los huesos Cracovia. Sin embargo, en estos días ha salido el sol. La gente se desperdiga por las orillas del río. Disfrutan, se les ve felices. Es lo bueno de los inviernos largos, cuando terminan hace mucha más ilusión.

 

Guadalajara. Son las diez de la noche, quizás las once. Es un alivio haber olvidado la hora exacta. Continúo con la adaptación teatral de El Principito. El libro cada vez parece más una herramienta de trabajo. Algún día me preguntaré si merece la pena regalárselo a alguien. Ese libro es un mundo para mí. Es mi posibilidad de demostrar que soy digno. Espero en el Palacio del Infantado. Siempre pasa por allí, cada vez que va a casa. Siempre llego a la hora a la que se supone que debería pasar. Me siento y me pongo a escribir mientras espero. Nunca pasa. Meses después representamos la obra. No la recupero. No importa. Siento que he hecho algo grande, aunque sea por las razones equivocadas. El resto de la gente es feliz. Sonrío al verles. Resulta que sí he conseguido el objetivo, sólo que no sabía cuál era realmente. Ella no tenía la respuesta, sólo formaba parte del camino. Si no hubiese estado en mis sueños no habría podido hacerlo. ¿Acaso es eso malo?

Durante la madrugada del martes, llueve en Cracovia. Leo sentado en el suelo, apoyado en una puerta, con una solitaria luz sobre la cabeza. Intuyo las carcajadas que soltará  cuando lea este párrafo porque allí, entonces, ya sé que voy a escribirlo. “Te has fabricado un personaje”. Tiene razón. Yo mismo empiezo a confundir los límites que separan al personaje literario del real. En este caso, es culpa suya. Es su casa, que me inspira. Antes de la Segunda Guerra Mundial éste era el barrio de los intelectuales. Con la llegada de las armas al país, el hombre se encargó de eliminar el pensamiento y la sensibilidad. Más de medio siglo después, seguimos perdidos en un desierto de pragmatismo.

Todavía no tengo claro qué es la poesía, pero sí sé qué es lo que me gusta. Confiesa ser consciente de que visita lugares comunes, sus lugares comunes, que no mis lugares comunes. Me pregunto si la única forma de conocer todos nuestros lugares comunes es que cada uno escriba sobre los suyos. Me pregunto cuánto perdemos por no animar a la gente a expresarse a través de letras, dibujos, acordes o escultura. Aborrezco el arte porque no permite que saquemos a flote el pequeño artista que se esconde asustado en nuestro interior. Anhelo conocer más lugares comunes, acercarme a los miedos y frustraciones de otra persona. ¿Por qué nos esforzamos en alargar un segundo de sufrimiento? Lo estiramos sólo para encontrar la forma correcta de verbalizarlo sin saber que, de tanto estirar, a veces el sentimiento se rompe.

Los lugares comunes se configuran en un lugar común, el que dibujan mis sentimientos. Sus lugares comunes podrían ser mis lugares comunes si yo tuviera otra vida. Les veo en ese pequeño cuarto en el que “no hay chimenea, pero si mucho amor”. Mis lugares comunes son mezquinos. Me doy cuenta de que lo único que anhelo es lo que me falta a mí, ellas. Es triste darte cuenta de que sólo aspiras a satisfacer tus propias necesidades. Te hace sentir como uno de los malos.

– Necesito algo más grande que yo mismo en lo que poder creer.

Tanto tiempo creyendo que lo que me faltaba era el amor… y resulta que necesito algo inspirador, una causa. Me di cuenta en el aeropuerto de una ciudad que no conozco, Munich. Lo siento en el alma mientras ella se marcha de mi cama en medio de la noche y no la sigo. Me preguntó por qué mi corazón puede sentir tanto dolor, pero no ser capaz de amar. Lo veo con claridad ahora, mientras escribo un montón de tonterías en vez de hacer un trabajo que no me importa. Descubro que el intento de derribar mi lugar común no es más que la lucha por saber si realmente estoy dispuesto a llegar hasta el final del camino que he elegido, a ser consecuente conmigo mismo.

 

En Auschwitz hay una vía de tren. Los nazis construyeron un campo de concentración a su alrededor. Algunos de los viajeros que llegaban hasta allí eran enviados a la cámara de gas. Otros eran elegidos como trabajadores, aunque la esperanza de vida tampoco era demasiado elevada para ellos. Otro lugar común. A veces, las comparaciones sólo sirven para que nos demos cuenta de lo mezquinos y pequeños que somos.

No me gusta ser un títere, así que decido hacer algo con mi vida. Es probable que cada decisión no sea nada más que un nuevo error, pero lo importante es asumir la propia responsabilidad cuando uno descubre ese error. Tomas otra decisión y vuelves a meter la pata. Y así una y otra vez. Por probabilidad, en algún momento acertaras. Si el pasado se configura en forma de despedida, el futuro siempre es un saludo, ¿no?

Me pregunto si tengo el valor necesario para intentar proyectarme más allá de mis propios deseos y necesidades.

AEROPUERTO Y AVIÓN (POLONIA II de ???)

Posted in étranger with tags on marzo 31, 2010 by silvio11

AEROPUERTO

Munich. Nueve de la noche, creo. Manudo y yo esperamos el vuelo que nos llevará a Cracovia. El Madrid está a punto de dar la sorpresa en Barcelona. Descubrimos que en Alemania hay máquinas de café gratis en los aeropuertos.

Algo fluye.

Tengo sentimientos, pero los ignoro. Es difícil de explicar. No me importan. Es como si supiese que estoy equivocado. No sé si evoluciono o involuciono.

Me da rabia. Siempre echo menos de menos a quien más ganas tengo de añorar.

Por fortuna, mi cabeza está aprendiendo a ignorar las emociones inapropiadas. Están ahí, las reconozco. Dejo que respiren a través de mi cuerpo e incluso que tomen decisiones, pero racionalmente sé que no son las apropiadas.

Un buen título para una película: A quien merece amar. Así, en afirmativo.

Un alemán con pinta de actor porno y encargado de mantenimiento acaba de pasar por delante de nosotros en una especie de tren de la bruja motorizado. Me hace gracia, en Barajas lo usaba un tipo encorbatado que no sé a qué podría dedicarse.

Es bonito elegir ser fiel a alguien que no está contigo sólo por sinceridad con tus propios sentimientos. Por desgracia, está mal visto. No es práctico. Lo correcto es esforzarse por olvidar que te gustaría ser fiel a alguien, a ser posible, siéndole infiel. Es inútil. Aunque técnicamente no fuese infidelidad, todavía no he aprendido a engañar al dichoso músculo ese que bombea sangre.

¿Un corazón indomable es aquel que no puede ser fiel a nadie o el que puede ser fiel sólo porque lo desea?

Sigo sin saber si evoluciono o involuciono.

Camino hacia la luz. Es la bombilla de una austera habitación en la que al final sólo estaré yo, encerrado.

Tener una causa mayor que uno mismo hace que nos olvidemos de las banalidades, como la búsqueda del amor, que no el amor; o como la búsqueda de la libertad, que no la libertad.

Quiero tener una causa que sea más grande que yo mismo, pero… ¿podría asumir que no soy lo más importante del mundo? ¿Qué causa merece que me instale en un segundo plano?

¿De verdad no soy lo más importante del mundo?

No sé si estoy evolucionando o estoy involucionando.

Un hijo, una esposa, una familia son más importantes que uno mismo. El amor, no la búsqueda del amor.

Prefiero morir en la ausencia real del contacto físico que vivir en la falsa caricia del amor.

La anterior afirmación era, en realidad, una pregunta.

Espero que no fuese irónica.

Me siento reconfortado, como si acabara de eyacular.

Manudo y yo llevamos dos cafés. Anoto frenéticamente en mi cuaderno de bolsillo. Me pregunto cuánto tiempo tardaré en perder éste.

Lo importante es encontrar una causa mayor que uno mismo a la que consagrar la vida. La familia y el amor pueden ser una buena causa, pero lo importante es buscar la causa, no buscar el amor. ¿Cuánto tiempo me durará el conocimiento de esta certeza?

¿Encontraré mi causa?

¿La estoy buscando?

¿Tan confundidos estamos que hemos confundido la causa con el amor, que hemos reducido el amor al sexo y el sexo es sólo…?

“Vamos, que se pira el avión”.

Levanto la cabeza. La mayor parte del pasaje ya ha embarcado, Manudo me mira como mira él cuando hay prisa. No puedo describirlo, pero sé reconocer la mirada de sus ojos.

La idea se me escapa.

Lástima.

Estaba tan cerca.

AVIÓN.

Todavía no sé qué es el sexo. Es algo importante y superficial a la vez, algo que nos hace sentirnos adultos, menos débiles, como los cigarrillos que fumamos siendo niños. Por eso hay gente que quiere envolverlo de misticismo mientras vulgariza sus relaciones físicas… Creo que es la unión de ambos conceptos lo que me despista. Para hacer algo que haría con cualquiera o con una amplia mayoría no hace falta que la otra persona sea especial, ¿no?

No sé si evoluciono o involuciono.

¿Por qué esa necesidad de hacer especial lo que es común? Así sólo conseguiremos hacer común lo que es especial… Vaya, he vuelto al tema de siempre.

Va a ser mi primer despegue nocturno, creo… Coño de memoria… Bueno, lo voy a disfrutar como si fuese el primero.

Un profesor me dijo una vez que le encantaría olvidar Casa Blanca una o dos horas después de verla, olvidarla por completo, así la siguiente vez volvería a ser la primera.

Creo que un anuncio de coches le copió el fondo de la reflexión.

¿Acaso no correría el riesgo de que alguna vez no le gustase la película?

El avión se mueve por la pista, pero los motores todavía no rugen. Cuando despeguemos, Munich no será nada más que un conjunto de puntitos luminosos. Podría ser cualquier otra ciudad del mundo.

Ahora sí, los motores gritan.

La mano invisible de la gravedad me aplasta contra el asiento.

El conjunto de luces perdido en el universo de oscuridad me parece demasiado pequeño para ser Munich. Me pregunto si habrá alguien capaz de distinguir las ciudades por su morfología nocturna, así, viéndolas desde el aire.

Si existe esa persona, quiero conocerla.

Los grupos de luces se dispersan por todas partes abajo, en el suelo. Desde aquí, desde el cielo, parecen fascinantes, bellos, enigmáticos. Islas de luz en un mar de oscuridad. ¿Dónde tengo más ganas de estar, en la luz o en la oscuridad, a salvo en tierra o ahogándome en el mar? ¿Tengo valor para ahogarme?

Da igual, vista mi situación, lo que necesito son alas.

¿Tengo alas para volar?

Sí.

En caso de que el avión decida descolgarse de las nubes moriré, igual que todos, pero tengo alas para volar.

Sigo volando, escapo del avión, de la libreta, del mundo racional y las preguntas complejas. Cracovia está un poco más cerca. El Madrid pierde su oportunidad para dar la sorpresa.

Mientras tanto, yo vuelo.

Despedida (Polonia I de ???)

Posted in étranger with tags on marzo 23, 2010 by silvio11

Se me echa el tiempo encima. Me voy. Volveré, pero hoy me voy. Quería despedirme en el blog. Realmente, no creo que notéis que me he ido, porque he dejado un par de post preparados para que salgan durante mi ausencia… Estaréis contentos, he tenido que profundizar en mi conocimiento de las nuevas tecnologías por vuestra culpa.

Es curioso, con este blog me pasa al contrario que con mi profesión. En el periódico me consuelo pensando que no hay nadie al otro lado, que da igual lo que ponga porque sólo lo leen los cuatro para los que miento, unas veces para unos y otras para otros. Aquí, sin embargo, me imagino que me lee alguien, alguien además de los amigos y familiares, de los que ya saben que me voy. Es de ese resto de personas de los que quería despedirme, de los que puede que existáis o puede que no, de los que me imagino que de vez en cuando os pasáis por aquí porque sentís cierta conexión con mis locuras. No sé si estáis ahí, pero hasta luego.

Cada viaje que he hecho al extranjero estaba marcado por una situación personal delicada, menos cuando fui a Irlanda, que no me importaba una mierda nada. Creo que este viaje se parece un poco a aquel, creo. Además, es la primera vez que tengo un objetivo fijo: Auschwitz. Siempre he pensado que si existen fantasmas, que si el grito de las personas permanece anclado en las piedras, ese es un buen lugar en el que oírlo. Además, voy con muletas. Ya son muchos los que han bromeado con eso de que allí no habría sobrevivido. Bueno, a ver cómo reacciono. Tengo una duda, será correcto tirar fotos allí. Las de compromiso claro que no se hacen, pero ¿y si me encuentro una de esas fotos que te piden a gritos que aprietes el botón? ¿Será una falta de seriedad hacerlo?

Me voy en busca de algo que me provoque y que me haga salir del bucle en el que estoy inmerso. ¿Por qué siempre buscamos esas cosas fuera de casa? Me voy para charlar con unos amigos sobre la vida, soñando con veladas interminables junto a un fuego que no tienen y tomando un vino que no me gusta. ¿Acaso me voy imaginando ser otro? Me voy sin expectativas, sólo las de cumplir con ese único viaje en el que, por fortuna, espero ser yo quien de la talla y no el lugar que visito. Me voy con curiosidad, porque tenemos 45 minutos para hacer un transbordo en Munich y no sé si me dará tiempo a hacerlo con las dichosas muletas. También me voy, egocéntricamente, esperando que alguien me eche un poco de menos, pero de verdad.

Y eso, que hasta luego. A los míos ya les he dicho adiós y que se lo pasen bien. Sólo me faltabais vosotros, esos que no sé si llegáis a existir, pero que me alegro de tener por aquí cerca. Suena ñoño, pero durante esta semana echaré de menos contaros mis arrebatos.

Hay una cosa que odio, los gestos vacíos. La gente se ha acostumbrado a mandar besos y abrazos por el móvil, los correos y demás medios con una facilidad pasmosa. Cuando lo escriben o dicen, se nota que no lo sienten. Cuando me lo dicen, respondo un poco por compromiso. Lo bueno es que hoy, aquí ,empiezo yo.

Un beso y un abrazo gente. Os veo en una semana.

Bueno, nosotros nos vamos en avión, pero dan ganas de irse en tren… o no.